Fernando Durán Ayanegui. 18 agosto

Alguna vez comentamos sobre la potencial inteligencia conjunta de un grupo de hormigueros de la misma especie. Pero nuestro tema de hoy no son los hormigueros, sino una hormiga individual. Quien nos la dio a conocer no le puso nombre, así que la apodaremos Myrmea y su mérito consiste en que jamás otro ser orgánico nacido en la tierra emprendió una aventura más duradera que la suya. Hace 35 millones de años, salió una mañana a cumplir sus deberes habituales, y a poco de caminar le aconteció algo muy similar a lo que les ocurre a los conductores los viernes por la tarde en la ruta 27: un goterón de resina, probablemente caído desde el tronco de un ancestro del jocote, la aprisionó y le impidió seguir su camino.

Myrmea se convirtió en una turista imbatible, pues una vez que estuvo en el espacio su viaje de 35 millones de años no se lo podría saltar un canguro con garrocha

Muchos eones después, la resina sería descubierta en el territorio de la República Dominicana, convertida en un trozo de ámbar. Una cadena de intercambios legítimos la llevó, con Myrmea perfectamente conservada y visible en su interior, a formar parte de una colección del Museo de la Ciencia de Barcelona. Ahí estaba en 1998 la aburrida hormiga dentro de su encierro, sin posibilidades de tuitear a casa para explicar el motivo de su atraso, cuando Jorge Wagensberg, director del Museo, tomó el trocito de ámbar y se lo entregó al ingeniero aeronáutico Pedro Duque, quien sería el primer español en participar en un viaje espacial. Autorizado a llevar algunos fetiches consigo, Duque decidió aceptar la sugerencia de Wagensberg y escogió como acompañante a la hormiga caribeña, la más antigua del mundo de habla española.

Myrmea se convirtió en una turista imbatible, pues una vez que estuvo en el espacio su viaje de 35 millones de años no se lo podría saltar un canguro con garrocha. No menos interesante es el hecho de que el astronauta que la prefirió, como parte de su primera aventura espacial, a una fotografía de Franco o del rey Juan Carlos y a una peineta andaluza, es actualmente el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades de España y –para prez del PSOE, el partido que una vez hizo ministro de Cultura a Jorge Semprún– es el gran clarín que advierte a España de la necesidad de darle énfasis a la formación de científicos.

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