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Polígono: Magia cósmica

Según un periodista, una científica aseveró que el planeta rojo ‘será habitable’ dentro de tres siglos

En algunos cónclaves internacionales, la traducción simultánea produce confusión y no entendimiento porque, como en todo oficio, en el de intérprete hay desde excelente hasta pésimo. Lo mismo puede ocurrir cuando un comunicador no se prepara a cabalidad para una entrevista y malinterpreta lo dicho por el entrevistado.

Con frecuencia, en los reportajes de divulgación científica se da el caso de que el lector no logre entender lo que dice el entrevistado o, lo que es peor, acabe entendiendo algo que a todas luces es un disparate.

Leíamos, un día de estos, el resultado de la entrevista hecha a una astrónoma que, gracias a las recientes exploraciones de Marte, andaba muy entusiasmada con los avances de la nueva marcianología.

El periodista, después de escuchar a la científica explicando que, en el pasado, en Marte hubo ríos que se evaporaron a medida que aquel planeta perdía su atmósfera, la puso a decir que el planeta rojo «será habitable» dentro de tres siglos.

La impresión que dejó —el entrevistador, no la científica— es la de que cuando dentro de unos años lleguen a Marte los pilgrims de la Agencia Espacial Costarricense se encontrarán con pacíficos nativos que les ofrecerán gallopinto gratis con motivo del primer thanksgiving cósmico y, por lo tanto, ya no es necesario salvar a nuestro maltratado planeta del colapso.

Resulta que, para que Marte sea habitable, será indispensable tomar todas, o cuando menos, varias de las siguientes previsiones: crearle un gran océano, dotarlo de una atmósfera tan densa y tan rica en oxígeno y gases de efecto invernadero como la de la Tierra, aumentarle la masa hasta hacer que su gravedad sea comparable a la de nuestro planeta y pueda así retener la nueva atmósfera, incorporarle al océano vida microscópica para que —gracias a unas mareas que habría que generar por procedimientos inimaginables, ya que las dos lunas de Marte son minúsculas— se inicie con la formación de líquenes la creación de suelo cultivable, arborizarle la mayor parte de la superficie, crearle el campo magnético del que carece y finalmente imponer a los colonizadores los compromisos de pago de reparaciones al planeta madre —el nuestro— por el costo de ejecutar en tan solo tres siglos lo que la naturaleza tardó miles de millones de años en realizar en la Tierra.

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.