Fernando Durán Ayanegui. 28 diciembre, 2019

“Le va bien, camina celular”. Así comentaba una nicaragüense el éxito de un coterráneo, reparador a domicilio de artefactos eléctricos. Le entendí y pensé: “Como que el técnico ambulante camina caja de herramientas y no se anda con vainas cuando lo llama un cliente”. Un amigo chileno opinó sobre una novela: “Sí, me gustó, pero fíjate que yo esperaba un final caballo”. También le entendí y convine: “Tenés razón, yo lo encontré muy flojo”. Hace un tiempo, un actor argentino decía en un video: “¡Che, cómo me duele la sabiola!”. Aun cuando según el DRAE esa palabra la usan los uruguayos y no los argentinos, no se me puso cuesta arriba entender que lo que al chavalo de Buenos Aires le dolía era la jupa.

En ninguno de estos casos pensé en objetar el uso de una palabra no autorizada por el DRAE, tal vez porque recordaba al escritor que le atribuyó la gran riqueza lexical del italiano al hecho de que los actores del teatro popular ambulante engrosaban sus textos con abundantes repeticiones de una misma palabra, en diversos dialectos, para hacerse entender por espectadores de todas las comarcas. Los hablantes italianos no esperaron la venia de academias oficiales para consolidar aquella naciente y vasta sinonimia del idioma moderno que hoy se habla desde Tesino hasta Sicilia y desde Cerdeña hasta Apulia. Entenderá el lector por qué me encanfino cuando oigo o leo a un purista del Valle Central poniéndole peros al uso que los aldeanos ticos —incluidos los que vivimos en el área metropolitana— le damos, desde hace ocho o más generaciones, al verbo ocupar como sinónimo de necesitar, u objetando el uso de la palabra genitalia, que no está en el DRAE pero la usan los zoólogos de toda Latinoamérica. ¿No es que el léxico lo creamos los hablantes dependiendo de cuál sea nuestra comunidad o nuestro grupo ocupacional?

“Ocupo una aspirina porque tengo migraña”. “Ocupo una escalera para treparme a arreglar esa gotera”. Así hablamos los ticos y, quien diga que ese “ocupar” no aparece en el DRAE, sepa que es así gracias a un olvido inexplicable de nuestros académicos de la lengua, los mismos que pusieron en el DRAE las acepciones 9 y 14 de la palabra tapa —“lo mejor” y “nalgas”—, “pachucadas” surgidas en las graderías de sol. Ocupamos que no nos frieguen con esa tonta represión.

El autor es químico.