Fernando Durán Ayanegui. 19 mayo

El alzamiento popular de Nicaragua, que podría generar el fin del régimen bicéfalo, ha despertado grandes expectativas en Costa Rica. Sin embargo, no es probable que en nuestro medio haya consenso en cuanto a cuál camino preferimos que tome la sociedad nicaragüense si se llega a consolidar la “nueva revolución”. De toda forma, tal consenso no serviría de mucho puesto que nosotros no tendríamos influencia en el proceso que seguiría a la salida de la pareja reinante. Vale aclarar que no usamos el adjetivo bicéfalo para aludir a la repartición del poder entre los dos miembros del primer matrimonio de la República, sino para recordar que en Nicaragua ha habido, durante esta fase degradada y tal vez final del sandinismo, una “convivencia de hermanos siameses” entre los Ortega y la clase empresarial. Ese es el gato de carpintería que oprime entre dos placas de metal al pueblo nicaragüense.

La creación de una forma de servidumbre lo más barata posible dentro de un marco autoritario que mantiene la sumisión y el orden sin que haya mengua de la productividad, pareciera ser la base de los acuerdos que posibilitaron la existencia de ambas diarquías

Relata el escritor judío italiano Primo Levi, que en el lager de Monowitz –anexo del campo de concentración de Auschwitz, en el que estaba condenado a trabajos forzados– existía una diarquía, un régimen en el que los esclavizados internos eran gobernados simultáneamente por la temible SS, siniestro brazo de Hitler, y por la alta industria alemana. El lager de Monowitz había sido financiado por la gran empresa química IG Farben, y en él “ocurrían hechos paradójicos: la industria no buscaba que muriéramos, sino que nuestro trabajo no fuera obstaculizado y si sobreviví creo que fue en parte por mi condición de químico”. Así explica que entre las dos monstruosas cabezas de la diarquía del lager hubiera tensión porque, mientras que la SS pretendía aniquilar a los internados, la empresa industrial quería que vivieran lo más posible para explotarlos con máximo provecho.

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Nunca cerrar los ojos

De modo que el esquema de explotación contra el que ahora se rebela Nicaragua no es tan novedoso. La creación de una forma de servidumbre lo más barata posible dentro de un marco autoritario que mantiene la sumisión y el orden sin que haya mengua de la productividad, pareciera ser la base de los acuerdos que posibilitaron la existencia de ambas diarquías. Sería interesante saber si la globalización hizo posible que empresarios centroamericanos sacaran provecho de una tolerante convivencia con la diarquía nicaragüense.

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