Fernando Durán Ayanegui. 21 marzo

El resurgimiento del fascismo en Occidente me convirtió temporalmente en lo que podríamos llamar un arqueólogo del periodismo europeo de entreguerras. Pensaba que tal vez sería posible identificar, en las crónicas de la prensa de aquel período recopiladas en libros recientes, algunas de las razones por las cuales la historia parece estar repitiéndose de manera alucinante. Confieso que, para mi desaliento, el hallazgo de muchas coincidencias me acercó a la convicción de que el fascismo es una suerte de pandemia que se repite incesantemente, solo que en cada retorno cambia de rostro.

A pesar de haber sido un acontecimiento de extrema gravedad, la epidemia de 1920, conocida como gripe o influenza española, prácticamente no tuvo, en el orden mediático, consecuencias políticas.

Sé que la crisis sanitaria actual podría negarme la oportunidad de escribir algo más sobre ese tema, pero me está dando la de comentar, aquí y ahora, que uno de mis apuntes de servilleta se refiere al hecho de que, a pesar de haber sido un acontecimiento de extrema gravedad, la epidemia de 1920, conocida como gripe o influenza española, prácticamente no tuvo, en el orden mediático, consecuencias políticas; ello, pese a que, con excepción de España, que no participó en la Primera Guerra Mundial, en todo los países occidentales importantes se subestimó, por conveniencia política de los gobiernos, la severidad de la epidemia. Es tan asombrosa la semejanza entre los testimonios gráficos que quedaron, por supuesto en blanco y negro, de aquella catástrofe y los que hoy nos ofrecen los medios informativos sobre la pandemia de la covid-19, que solo puedo creer que todos los sectores políticos de los países militarmente movilizados colaboraran por lealtad patriótica con el disimulo del desastre sanitario.

Dicho de otro modo, contando con conocimientos epidemiológicos y recursos tecnológicos muy inferiores a los que hoy tiene a su alcance, y expuesta a una sólida campaña de desinformación por parte de gobiernos influyentes, la humanidad sobrevivió, a principios del siglo XX, a una pandemia comparable a la que hoy la amenaza. ¿Un motivo de optimismo? Es difícil saberlo. Esperemos que a los sobrevivientes no les tome otro siglo poder escribir en una servilleta que tenía razón Michael Levitt, el biofísico premio Nobel de química del 2013, quien declaró recientemente sobre China: “Que la tasa de infección se está desacelerando significa que el final de la pandemia está cerca”.

El autor es químico.