Fernando Durán Ayanegui. 18 agosto

El 14 de julio de 1927 la Policía de Viena, reputada de ser la mejor de Europa, iniciaba una feroz represión contra los trabajadores que protestaban por un fallo judicial considerado por ellos injusto y corrupto. El resultado: casi cien muertos e incontables heridos. Una ambulancia con heridos a bordo y conducida por un médico fue atacada por la Policía. El médico les gritó a los gendarmes: “Por amor de Dios, ¡al menos no disparen contra las ambulancias! ¡Ni siquiera en la guerra se disparaba contra la Cruz Roja!”. Respuesta de un oficial: “Con permiso, me c… en la Cruz Roja”.

El baño de sangre duró tres días, que coincidieron con el comienzo de la protesta mundial desatada por la condena a muerte, en Massachusetts, de Sacco y Vanzetti, y quizás esa fue la razón por la que la furia homicida de la democrática Primera República de Austria pasara casi inadvertida para la prensa europea y esta encontrara normal que, pocas semanas después, Michael Hainisch, presidente federal austríaco, otorgara inmerecidas condecoraciones a los funcionarios de su gobierno y a los oficiales de la Policía vienesa que habían concebido, ordenado y dirigido la masacre.

Por aquellos días, en Alemania, los nazis se enrumbaban hacia el poder y desde él darían sepultura, unos años más tarde, a una república austríaca cuya ligereza política quedó accidentalmente caricaturizada en las informaciones periodísticas sobre las aficiones del presidente federal. Según uno de aquellos textos, durante los días previos a la matanza de Viena, el jefe de Estado participó, en compañía de varios de sus allegados políticos, en una frívola excursión de caza en la que logró darles muerte nada menos que a dos marmotas, hazaña de la que el cazador magnífico se mostraría sumamente satisfecho después de que uno de sus aduladores se declaró admirado por la tranquilidad y la seguridad con las que el patriarca disparaba pese a su avanzada edad. Se consignaba, además, que las desenvueltas conversaciones de los excursionistas giraron casi únicamente alrededor de los dos temas preferidos del presidente: la ganadería y la caza.

¿Han cambiado mucho los tiempos? Hoy, al informar sobre cuáles son los temas de conversación preferidos de los grandes estadistas en momentos de crisis, los medios mencionan el golf y no la caza.

El autor es químico.