Fernando Durán Ayanegui. 15 septiembre

Conversábamos en la red esta semana sobre la inusitada aparición casi simultánea de grandes disturbios atmosféricos en el hemisferio norte: varias tormentas con probabilidades de “pasar a más”, huracanes y ciclones. Vino a cuento una circunstancia que, de no ser por el riesgo de que resultara trágica, sería grotesca. En el año 2012, los legisladores de Carolina del Norte decidieron ignorar un estudio realizado por la comisión estatal de recursos costeros, según el cual la costa de ese estado es una de las más vulnerables de EE. UU. ante la paulatina elevación del nivel del mar. El congreso estatal, de mayoría republicana –no podía ser de otro modo–, consideró que las conclusiones de los expertos atentaban contra los intereses de los poderosos desarrolladores de esa costa y, por ello, las desconoció y le prohibió al gobierno basarse en ellas para tomar decisiones.

Olvidaron que la ciencia enseña cómo se le obedece a la naturaleza para que no cause daño

En vista de que el huracán Florence iba directamente hacia allá, uno de mis interlocutores comentó lo irónico de la situación: “El rechazo legal de un designio de la naturaleza hizo que no se adoptaran medidas posiblemente paliativas de las inundaciones que traerá la inminente mega tormenta”. Y agregó: “Aun si los legisladores estatales se apresuraran a declarar non grato al huracán, no lograrán que este se devuelva hacia el Atlántico y vaya a incordiar en las islas Azores”. Ya más mesurado, afichó, levemente modificada, una cita de Richard Feynman: “Para que una decisión política sea exitosa, debe darle a la realidad material prioridad sobre las relaciones públicas, porque a la naturaleza no se le puede engatusar”.

Por nuestro lado, tratamos de trivializar el tema comentando: “Tal vez el problema está en que esos legisladores querían una ciencia hecha a su medida, como de sastre. Olvidaron que la ciencia enseña cómo se le obedece a la naturaleza para que no cause daño, y pretendieron que les permitiera a ellos tomarle el pelo a esa naturaleza con una ley: en realidad, lo que les servía era la brujería”.

“Eso es repetición”, sacó la artillería el amigo y nos disparó otras tres citas: “Para dominar a la naturaleza tenemos que obedecerle” (Francis Bacon). “Si un camino resulta mejor que los otros de seguro es el de la naturaleza” (Aristóteles). “Bienaventurados serán los ignorantes” (dicho inglés).