Fernando Durán Ayanegui. 23 marzo

A los datos suministrados por don Armando González, columnista vecino, en varias notas dominicales dedicadas al calentamiento global y el cambio climático, se les podrían agregar otros, pero con lo escrito por él hasta ahora queda perfectamente bien delineado el deprimente mapa del futuro. A menos que aceptemos el fatalista estigma kafkiano de ser felices en la desgracia, no debemos dejar solo al columnista en la tarea de mantener viva la alarma mientras aún haya posibilidades de salvar algo del incendio.

Esta misma semana, dos noticias de los medios impresos y electrónicos nos advirtieron sobre cuán lejos estamos de poder darles las gracias a los bomberos. Para empezar, los efectos del huracán Idai en varios países que figuran entre los más pobres de África y de las inundaciones en el centro del país más rico del mundo, llevan la marca del caos climático; sin embargo, el administrador de la Agencia para la Protección Ambiental (EPA), recién nombrado por Trump, negó ante la prensa la inminencia de la crisis climática. Por otra parte, se anunció la publicación de un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y tres universidades de Australia y el Reino Unido, según el cual el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU se quedó corto –¿prurito de corrección política?– a la hora de evaluar la contribución de la actividad humana al deterioro del clima. Entendemos de ahí que las vistosas declaraciones de la ONU y de diversos Gobiernos sobre esos temas podrían no pasar de alabanzas mutuas entre bomberos sentados encima de los escombros.

Señala uno de los expertos de la Universidad de Adelaida: “La Tierra sobrevivirá a más sequías, huracanes e inundaciones, a mayor aumento del nivel del mar, a más extinciones y a más degradación de los ecosistemas, pero nuestra sociedad, tal y como la conocemos, no sobrevivirá a menos que evaluemos con claridad la magnitud de las amenazas que enfrentamos”.

Según un dicho, “los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”. Pero ahora arrecian en el mundo las manifestaciones de niños y jóvenes que parecen gritar en coro: “¡Dejen de mentir! No les creeremos a unos borrachos de poder que no hacen nada y utilizan el tema del cambio climático solo como un proveedor de prestigio”.

El autor es químico.