Yalena de la Cruz. 19 septiembre, 2018

Los desastres pueden acabar en poco tiempo con importantes colecciones artísticas. El incendio del Museo Nacional de Brasil –del pasado 2 de setiembre– destruyó alrededor del 90 % de una colección de más de 200 años.

El control de amenazas y riesgos ha permitido, en ocasiones, evitar saqueos (durante la Segunda Guerra Mundial, el Louvre trasladó más de 4.000 obras de su colección por la llegada de los nazis) y destrucciones (en el 2016, los museos de Louvre y Orsay cerraron sus puertas para trasladar parte de sus colecciones ante el riesgo de una inundación provocada por las descomunales crecidas que presentó el río Sena).

Si no es fácil documentar las obras de museos y galerías, más difícil resulta aún inventariar el acervo artístico de las colecciones privadas

Así, su presencia en un museo no protege totalmente una obra artística. Pero tampoco el hecho de que pertenezca a un museo la vuelve accesible a toda la población.

Obra titánica. Si no es fácil documentar las obras de museos y galerías, más difícil resulta aún inventariar el acervo artístico de las colecciones privadas. En nuestro país, no obstante, ocurrió un milagro: la profesora universitaria, curadora e investigadora del arte María Enriqueta Guardia invirtió sus últimos 20 años en rescatar, proteger y preservar más de 20.000 obras de más de 200 artistas con obra plástica, escultórica, artes gráficas y fotografía artística.

María Enriqueta logró documentar las obras de museos, pero el trabajo que quizás le demandó un esfuerzo titánico, meticuloso, y delicado fue la visita a la casa de cientos de personas que le tuvieron la confianza para abrirle sus puertas y permitirle fotografiar y medir las obras. Así, la pinacoteca digital recoge parte importante de las colecciones privadas y las pone al alcance de todos. En un esfuerzo aún mayor, su página invita a quienes deseen aportar nuevo contenido a contactarla.

Generosidad. Quienes hemos tenido la fortuna de conocer a María Enriqueta y su trabajo académico, sabemos de la generosidad con que ha compartido su saber. Esa generosidad se multiplica exponencialmente con el legado de la pinacoteca digital, que facilita la enseñanza, la investigación, la promoción artística y da libre acceso a lo mejor del arte costarricense. Espero, entusiastamente, asistir muy pronto a la entrega del Premio Magón a María Enriqueta, como merecido agradecimiento por su trascendente y luminoso trabajo.

La autora es odontóloga y salubrista pública.