Columnistas

Pilares de una civilización

Nuestra cultura occidental fue configurada gracias a una triple herencia cultural: griega, romana y cristiana

Occidente tiene su historia y su filosofía antes de haber cruzado el Atlántico. Recibió una triple herencia cultural: griega, romana y cristiana. Comprenderla y tutelar lo recibido es de gran relevancia actual. Recojo algunas notas de mi afortunado encuentro con el libro «Los pilares de Europa», de José Ramón Ayllón, profesor de antropología filosófica.

Nuestra cultura occidental fue configurada por formas justas de gobierno y convivencia, instituciones libres, enseñanza superior, progreso científico y una economía basada en la propiedad privada. Todo esto gracias a cuatro descubrimientos griegos: la «polis», la libertad bajo la ley, la filosofía y la escuela.

Hemos sido capaces de construir una sociedad donde es posible la justicia, la libertad, la paz y el progreso. La concepción que tengamos del ser humano y cierto tipo de conductas va en ello. Ayllón refiere a Homero como el primero en descubrir estas claves de conducta en el personaje de Ulises: prudencia, justicia y fortaleza. Una libertad inteligente tiende puentes hacia el futuro. Sabe dar pasos oportunos, tiene previsión, es dueña de sí misma para conducirse rectamente y elegir lo mejor. Tiene respeto para con los derechos de los demás y hace posible la convivencia. Justicia y esfuerzo definen al hombre fuerte: paciencia, capacidad de sufrimiento y magnanimidad que es grandeza de ánimo. Anota que la mayor fortaleza es la que se nutre de la mayor esperanza. Fortaleza interior y esperanza también inteligente. Firme tejido entre dos fieles amantes: Ulises y Penélope.

La filosofía es saber pensar, pero también saber vivir. Para los griegos, ello está en la base de la ética, la política y la ciencia. Aristóteles recoge las grandes fuerzas de la conducta humana: libertad, responsabilidad, amistad, felicidad y placer, que se optimizan bajo las virtudes humanas o excelencias. Entiende la ética en función de la política. La «polis» necesita ciudadanos excelentes. «Ética a Nicómaco» será el gran tratado sobre la verdadera educación. Apunta este profesor: «La aportación de Aristóteles al genoma cultural de Europa es superior a la de cualquier otro pensador, pues abrió muchos caminos que después habría de recorrer la cultura occidental». Los helenos aportan al conocimiento de la realidad, la inducción, la deducción, la definición, la división y la clasificación que hacen posible la ciencia.

Cuando la ley se pone por escrito, el orden social culmina en las civilizaciones. Las «polis» griegas fueron las pioneras. Las leyes fueron una gran plataforma de la vida pública ante las cuales, los débiles eran iguales a los poderosos. No gobernaría el propio interés que podría introducir la tiranía. Señala el autor que la gran pedagogía de la ley consiste en dar a conocer el bien y concretar sus exigencias. Su definición más clásica la ve como «una ordenación racional de la conducta humana, dirigida al bien común y promulgada por la legítima autoridad». Occidente heredará de Grecia y Roma la veneración por la ley que se edifica sobre el respeto a la ley civil y a la ley moral. Además de ellas es necesaria la política: «Gestión pacífica de los conflictos, de las alianzas y de las relaciones de fuerza». Menciona que hacemos política para ser libres, para proteger nuestras libertades fundamentales.

Los antiguos enseñan que la política es una tarea esencial de la que nadie debe desentenderse. Preocuparnos y ocuparnos de la vida común, de los destinos de la comunidad humana. Podría ser irresponsable el no participar en la medida de nuestras posibilidades. Nace así la democracia gracias a un ámbito pacífico de participación y colaboración común. De la capacidad de organizarnos con inteligencia y libertad. Seguirá siendo el ideal ético y político, la aspiración para gran parte de las naciones del mundo. Valor que millones de personas desean ver encarnados en sus países: igualdad, libertad, educación, distribución justa de la riqueza, respeto a la ley, autoridad política, alternancia en el poder y control público de la autoridad.

El derecho será la creación cultural romana por excelencia. Su espíritu práctico unido a un profundo respeto por la tradición heredada abarca lo que hoy llamamos derecho civil, penal y constitucional. Constituyen hoy la base de todos los derechos occidentales modernos. Concluye Ayllón que el cristianismo dotará al concepto de «persona» de una enorme riqueza, pues la concebirá como querida por Dios en su singularidad, moralmente responsable, destinada a conservar su individualidad eternamente. «Será un hombre que se sabe amado y destinado a una eternidad feliz, un hombre realmente nuevo, capaz de plasmar en un nuevo mundo su estrenada plenitud». Finalmente, me hago las mismas preguntas del autor: ¿Conocemos la riqueza de nuestra triple herencia cultural? ¿Tendremos el coraje para defender y acrecentar lo recibido?

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

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