Velia Govaere. 18 mayo

Es el sainete nacional. Se anuncia con antelación una importante medida. Llegado el momento, redoblan expectativas con solo titulares y fecha posterior de entrega.

Si al final hubiera, por lo menos, una visión sustancial, el ritual sería válido, como estrategia de comunicación. Pero no es eso. Es solo impotencia y desconcierto. Frustrados, seguimos expectantes, en un perenne parto de los montes. Parturient montes, nascetur ridiculus mus.

Esa Costa Rica necesitaba un shock para salir de la modorra. La covid-19 tiene esa fuerza, y el bicentenario podría ser renacimiento. ¿Perderemos este trance para renovarnos?

La pandemia encontró dos Costas Ricas. En una de ellas, un sistema de salud de primerísimo mundo salvó y sigue salvando vidas. Pero sus terribles consecuencias económicas y sociales se topan con la otra Costa Rica, la política.

Esa ya estaba en estertores de fin de siècle, urgida de cambios radicales ni siquiera viables dentro del espectro de los partidos existentes.

Entre bipartidismo y multipartidismo, el escenario siguió ideológicamente monótono, con las mismas tipologías de lógicas contradictorias.

El paradigma globalizador creció en coexistencia incoherente con visiones, instituciones y empresas de Estado cuyo sentido sigue ligado a un modelo arcaico.

De esa dicotomía esquizofrénica se derivaron dualidades productivas, se acentuaron asimetrías territoriales y el Estado mismo sigue con control monopólico de empresas en total contradicción con su paradigma dominante.

La banca estatal, por ejemplo, no encuentra pies ni cabeza en el paradigma estatista y asume funcionalidad privada donde no se distingue su carácter estatal.

Esa Costa Rica necesitaba un shock para salir de la modorra. La covid-19 tiene esa fuerza, y el bicentenario podría ser renacimiento. ¿Perderemos este trance para renovarnos?

No veo el valor intelectual y político para el movimiento disruptivo que dictan las necesidades del día. Eli Feinzaig (La Nación, 12/5/2020) hace planteamientos totalmente rescatables. Retoma iniciativas como el Ministerio de la Producción de Arias, que quedó en nada, y el proyecto CERRAR de Solís, despreciado por su propio PAC.

Mientras tanto, la unanimidad ideológica en la dicotomía nos tiene mentalmente secuestrados, incapaces de mirar fuera de la caja.

Con anuncios del anuncio, “no hay ilusiones para nuestras cabezas y somos los mendigos de nuestras pobres almas”.

La autora es catedrática de la UNED.