Velia Govaere. 2 noviembre, 2020

Las horas corren. Se acerca el cierre de las urnas. El conteo de votos comenzó hace días y seguirá hasta diciembre. La mirada se concentra en los Estados bisagra: Míchigan, Wisconsin y Pensilvania. Se vaticina una victoria de Biden, pero la credibilidad de las encuestas está en entredicho. En el 2016 pronosticaban una fácil victoria demócrata y no el ajustado triunfo republicano que se dio.

¿Qué pasó? Trump, con 10.000 votos en Míchigan, casi 50.000 en Pensilvania y 27.000 en Wisconsin obtuvo 46 delegados para el Colegio Electoral. Eso le ajustó 304 delegados y, con ellos, la mayoría. El número mágico es 270. Sin esos 46 delegados, habría tenido 258 y habría perdido. En ninguno de esos estados oscilantes logró siquiera una diferencia del 1 %. Más ajustado no pudo ser. En todo el país, Hillary obtuvo casi tres millones de votos más que Trump, el 2 % de los 128 millones que votaron. Brutal paradoja.

Las encuestas vaticinan, de nuevo, una victoria demócrata, pero acecha el fantasma de aquella sorpresa del 2016. Si a la postre gana Biden, el factor decisivo serán las mujeres. Los hombres aún prefieren a Trump (48-42 %). Y la raza se suma al género. Entre hombres blancos Trump ganaría 53-41 %. Con todo lo que ha significado Trump para Estados Unidos y el mundo, los hombres lo siguen escogiendo como mejor alternativa.

¿De dónde viene, entonces, la ventaja de Biden? La pregunta es retórica. Si no es de los hombres, obviamente, es de las mujeres. Ellas sobrecompensan la ventaja de 6 puntos que tiene Trump entre varones, con el empuje de 23 puntos que le dan las mujeres a Biden (58-35 %). ¿Qué les pasa a los hombres? ¿De dónde emerge tan colosal contraste de entendimiento de lo que es mejor o peor para un país?

Por inaudita que parezca, la brecha de género no es ni sorprendente ni nueva. Ya en los 80 Reagan había derrotado a Carter con el voto masculino, porque las mujeres preferían a Carter. Sujeto de estudio, sin duda, la brecha de entendimiento de género existe y es innegable. En esta hora decisiva, las mujeres hacen la diferencia. Son pieza clave y diferenciada en las políticas públicas. Las elecciones de Estados Unidos demuestran la trascendencia del factor femenino.

La autora es catedrática de la UNED.