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Perspectivas: Cómo y para qué

A pesar de la grave coyuntura financiera, nuestros problemas son más políticos que económicos.

Costa Rica tiene gente de lujo. ¿Por qué, entonces, la primera línea de reactivación es tan rala? La respuesta es simple. Este gobierno no representa el acervo económico del país. No podemos esperar que el PAC se saque de la manga una sabiduría de la que jamás ha hecho gala.

Los “impolutos” llegaron al poder con “anticorrupción” como pomada canaria. Esa demagogia purista los dejó intelectualmente desarmados.

Al PAC lo persiguen dejos moralistas. Véase ese sesgo en el discurso de don Carlos. Se queda en un llamado ético a la solidaridad. Pero no es padre moral de la patria, sino jefe de Estado para señalar derrotero. No podemos unirnos solo en buenas intenciones.

Don Carlos no tiene culpa. Él también creyó, de buena fe, que con ser honrado bastaba. Ahora está atrapado en su burbuja, cuando necesita claridad transformativa que no puede encontrar en sus tiendas. No es que escasee sapiencia nacional. Abunda, pero el gobierno prefiere tenerla parqueada.

El Ejecutivo no puede seguir encerrado en su corral partidario. Rescatando a Cubero, las grandes mentes están ausentes. Se fue Chaves, de propuestas articuladas, y se sustituye con diseño atroz para reducción de jornada. El fondo está bien; la forma, errada.

Es labor de don Carlos sentar bases para un diálogo nacional. ¿Llama a una cruzada de solidaridad? ¡Correcto! Pero ¿sobre qué? Si solo piensa en sobrevivir esta tormenta, no tardará mucho en llegar otra.

A pesar de la grave coyuntura financiera, nuestros problemas son más políticos que económicos. Si tuviéramos claridad, saldríamos adelante.

Es la viabilidad política la que restringe nuestro abanico de soluciones. Los grandes partidos, sí, esos del tan demonizado bipartidismo, son caldero de pensamiento económico.

Es en ese probado acervo que debemos descubrir hasta dónde nos amarran fronteras ideológicas. Así, decidiríamos qué activos nos ayudarían a salir del hueco. Así, podríamos estimar el costo de las reformas estructurales que nos financiaría el FMI.

El asunto no es banal. El gobierno tiene un equipo sanitario de lujo, pero sus voceros económicos dan pena. ¿Por qué no aprovechar el talento nacional, sin importar banderas? La coyuntura lo exige. No se trata de unirnos o hundirnos, sino de cómo y para qué.

vgovaere@gmail.com

La autora es catedrática de la UNED.

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