Velia Govaere. 9 marzo

En las primarias demócratas, se juega detener el curso nocivo de Donald Trump. Espinosa tarea. Con la economía pujante e impune de todos sus desabridos, la reelección de Trump es altamente probable. En esa oscuridad, la figura de Joe Biden es una pizca de luz. Desde un deslucido inicio de campaña, el supermartes lo puso a la cabeza. Todavía no está resuelta la candidatura, pero Biden, pienso yo, es razón para una migaja de esperanza.

La rectitud es la mayor fortaleza de Biden. Hasta Sanders le concede eso.

Los afroamericanos lo ven como continuidad de Obama. Mujeres de clase media, hasta republicanas, añoran un retorno al decoro. Las inquinas de Trump crispan al mundo y en las generaciones maduras prima nostalgia por un sano entendimiento. Carolina del Sur resucitó a Biden. Quedó claro que la división entre candidatos moderados era el mayor hándicap para una opción atemperada. Buttigieg y Klobuchar supieron hacerse a un lado. El desastroso supermartes de Bloomberg lo llevó a la misma conclusión. Ahora todos se hermanan por la misma causa: detener a Sanders para derrotar a Trump. Y, para recuperar el Senado, ganar el votante que Sanders espanta.

La división del campo moderado dejaba libre el camino a Sanders, quien sería contra Trump como Guatemala contra Guatepeor. Polarizante y proteccionista como Trump, Ottón lo trajo para aconsejarnos el “No” al TLC. Se proclama socialista demócrata. Cualquiera lo diría sueco. No lo es. Unir voluntades no está en su agenda. Asusta a tirios y troyanos. Basa su mensaje en azuzar pobres contra ricos. Todos los residentes, indocumentados incluidos, recibirían de forma gratuita atención médica, cuidado infantil y educación universitaria. ¿Con qué plata? Imaginemos Centroamérica haciendo una fila que comenzaría en Peñas Blancas. Los trabajadores tendrían garantía de empleo, participación en la gestión y el 20 % del capital de las empresas. Pondría un impuesto a la riqueza. Ingredientes para ahuyentar capitales y causar una recesión. Así no se le gana a Trump.

Por dicha, aparece la estrella de Biden. La sostiene el doble espanto de que Sanders y sus delirios secuestren la estafeta demócrata y que Trump se lo coma vivo. La rectitud es la mayor fortaleza de Biden. Hasta Sanders le concede eso. Es el atisbo de esperanza que da su decencia.

La autora es catedrática de la UNED.