Carlos Arguedas. 24 abril

La reclusión, no simplemente inducida, sino forzada, a la cual nos somete la cautela, nos destina, para nuestra perplejidad, durante un tiempo aún incierto, al espacio privado, que es demasiadas veces descarnadamente diferenciado (el espacio donde cada uno es según su propia situación, sus posibilidades o sus medios).

El primer vuelo de un globo aerostático. Versalles, 1783. Imagen tomada de http://en.chateauversailles.fr/discover/history/key-dates/first-hot-air-balloon-flight
El primer vuelo de un globo aerostático. Versalles, 1783. Imagen tomada de http://en.chateauversailles.fr/discover/history/key-dates/first-hot-air-balloon-flight

En otro sentido, nos retira, sine die, del espacio público, donde pueden disimularse hasta cierto punto nuestras diferencias: nos aleja del ágora de los antiguos, del ámbito multiforme donde modernamente se despliega la exuberante vida en democracia.

A este reducto protegido, nuestra casa, donde ahora tenemos que volver para armar otras rutinas, los hallazgos de las nuevas tecnologías y de otras no tan nuevas han trasplantado cada vez más copiosa y codiciosamente el mundo compartido de la calle, que se filtra mediante innumerables artilugios y dispositivos. Pero ¿qué mundo es ese?

Aquí, parafraseando al poeta, la soledad se siente acompañada. Estamos en nuestra casa y, a la vez, en el mundo.

Mientras el globo estuvo en el suelo, podían mirarse o ignorarse en su diversa y rígida condición; era aquel un espectáculo aristocrático; en el aire, cobró un sentido democrático.

En el plano político, ¿qué consecuencias, si hay alguna, traerá esta imprevista reclusión, este inesperado alejamiento? ¿Podremos desdeñar después su impacto en las instituciones, los procedimientos y los derechos, como si poco o nada hubiera ocurrido? ¿Se estará agotando tal vez una modalidad de composición, comportamiento y gestión del espacio público que en Occidente ha evolucionado a lo largo de más de dos siglos hasta el punto que habrá de reinventarse áreas importantes de la vida en democracia?

El mundo de antes de la reclusión, ¿estará de pronto caduco o exhausto?

La memoria histórica recuerda que en setiembre de 1783 un globo de tafetán se elevó hacia el cielo sobre el palacio real de Versalles y voló —¡sí, voló!— unos pocos metros.

Llevaba a bordo una oveja, un pato y un gallo. El acontecimiento no sería tan notable si no fuera porque reunió a decenas de miles, gente de todo pelaje y jerarquía social, que vivieron contra lo establecido una experiencia en común.

Mientras el globo estuvo en el suelo, podían mirarse o ignorarse en su diversa y rígida condición; era aquel un espectáculo aristocrático; en el aire, cobró un sentido democrático. El vuelo auguraba la gestación del novedoso espacio de la democracia.

Sin embargo, ahora, ¿en qué dirección apuntan los acontecimientos?

¿Podremos advertirlo a tiempo y estaremos preparados para lo que advenga?

El autor es exmagistrado.