Página quince: Venezuela, Bolton y las elecciones del 2020

Sin una Venezuela liberada, es muy difícil ganar el voto hispano. Ergo, ya sabe Donald Trump lo que debe hacer para alzarse con la victoria en las elecciones generales.

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La política exterior estadounidense anda patas arriba. Padece un problema de identidad zoológica. No se sabe si el presidente es una oveja o un lobo, una paloma o un halcón. Al margen de sus rifirrafes con el FBI y su encontronazo con los jueces, Donald Trump ya lleva tres asesores del Consejo Nacional de Seguridad y, con el último, John Bolton, la situación terminó muy mal.

Anda a la greña con los chinos comunistas, pero por las malas razones. No por las violaciones a los derechos humanos o el maltrato a hongkoneses o taiwaneses, sino porque venden productos y servicios muy baratos y compran papeles de la deuda estadounidense.

Como Trump no ha leído a Milton Friedman, no entiende las infinitas ventajas de tener un gigante industrial y comercial como China al servicio económico de su país.

A veces parece que oye los consejos de Marco Rubio, especialmente en las cuestiones venezolanas y cubanas, en las que el senador por Florida es un verdadero experto, y otras que está bajo la influencia aislacionista del senador Rand Paul, un convencido pacifista persuadido de que Estados Unidos no tiene responsabilidades morales especiales. (Algo que sostenían los neocon transidos de idealismo a lo Reagan o los demócratas aún bajo el ejemplo de Roosevelt, Truman y Kennedy).

Hipótesis electoral. Dick Morris, estratega político muy cercano a Trump y muy alejado de los Clinton, sostiene una hipótesis electoral para explicar esa posición ambigua y la salida de John Bolton del entorno de la Casa Blanca. Trump, Morris supone, intenta remontar el consistente nivel de rechazo de la sociedad estadounidense.

Mes tras mes, Trump suele estar más cerca del 40 % de aprobación que del 50 %, según las encuestas más solventes. Trump anda en busca de éxitos fáciles retratándose con talibanes y ayatolás que transmitan la imagen de una persona serena que intenta salir del embrollo del Oriente Próximo.

Puede ser. Trump surgió como un fenómeno mediático y debe ser proclive a esos argumentos. Quien practica incesantemente el tuiteo debe creer también en las virtudes de Instagram.

Trump nunca fue acusado de tener una posición principista o de atarse hasta la muerte a los valores, como proponía Kant.

Trump lo mismo se ufanaba de agarrar a las señoras por la entrepierna que rompía con Jeffrey Epstein cuando dejaba de ser una relación conveniente. (Epstein fue el financiero libertino, quien se suicidó recientemente en una cárcel de-no-tan-máxima seguridad).

Camino trillado. No obstante, si Donald Trump desea ganar las elecciones de noviembre del 2020 con un gran triunfo en política exterior, John Bolton le dejó el camino trillado.

El miércoles 11 de setiembre, mientras Bolton era políticamente decapitado, se aprobaba en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) la activación del Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) contra la Venezuela de Nicolás Maduro. La moción fue apoyada por una mayoría encabezada por Colombia, Brasil y Estados Unidos.

Hay que salir de esos narcoterroristas para proteger a Estados Unidos del tráfico de drogas y de las redes islamistas regentadas por el abominable fanático Tareck El Aissami, vicepresidente de Venezuela designado por Nicolás Maduro.

Y se puede solucionar sin la necesidad de desembarcar tropas en ese avispero. Esas, junto con los demócratas venezolanos, las pondrían Brasil, Colombia y otros países latinoamericanos de los que han firmado el TIAR.

Todo lo que tendrían que hacer los estadounidenses es barrer con un ataque aéreo fulminante el aparato militar venezolano.

La matemática electoral es clarísima y funciona como un silogismo. Sin el voto de Florida, es muy difícil ganar las elecciones generales del 2020. Sin el voto hispano, es muy difícil ganar Florida.

Y, sin una Venezuela liberada, es muy difícil ganar el voto hispano. Ergo, ya sabe Donald Trump lo que debe hacer para ganar las elecciones generales.

[©FIRMAS PRESS]

Carlos Alberto Montaner es periodista y escritor. Su obra más reciente es una revisión de “Las raíces torcidas de América Latina”.