Roberto Sasso. 20 abril

La tecnología nos permite realizar toda suerte de actividades sin estar en el lugar donde se desarrollan. El comercio electrónico sigue creciendo vertiginosamente alrededor del mundo y el uso de sistemas telepresenciales es tan satisfactorio que reuniones y conferencias están dejando el antiguo formato, sobre todo, para economizar tiempo o para no desplazar personal a lugares de difícil acceso. Ir de un lugar a otro en la ciudad suele tornase lento, caro, frustrante o contaminante, y, en muchos casos, lo anterior junto.

Las vacaciones no son la excepción. Cuando trasladarse al destino produce una sensación de malestar, no son pocos quienes optan por quedarse en la casa. Lo contrario también es cierto: cuando un porcentaje grande de la población de una ciudad sale de vacaciones, la experiencia del traslado mejora tanto que desaparecen las reuniones virtuales.

San José, durante la Semana Santa, es un buen ejemplo. Es posible trasladarse desde y hacia cualquier punto del área metropolitana en pocos minutos. Los pocos que quedamos en la ciudad andamos de buen ánimo. Si la reunión tendrá lugar en otra provincia, nadie propone una videoconferencia porque el recorrido tomará poco tiempo y será agradable. El tráfico que habrá hoy, de personas regresando a San José al final de la Semana Santa, es un buen motivo para no ir a ningún lado.

Obviamente, la idea de disfrutar de vacaciones virtuales es un disparate. Las vacaciones no son asuntos de eficiencia o eficacia, son para esparcimiento, pero se requiere de una muy buena dosis de paciencia para no dejar que la experiencia del retorno estropee toda la vacación.

Facilidad laboral. La eficiencia y la eficacia sí son del dominio del trabajo. El tiempo, el dinero y la salud malgastados todos los días en San José, por el ir y venir de los trabajadores de oficina, es considerable. En el país se gastan $100 millones al año en tratamientos de males respiratorios causados por las emisiones del sinnúmero de vehículos de combustión interna. El combustible que utilizamos para envenenar el aire cuesta casi $2.000 millones anuales. El tiempo perdido en las presas es de cientos de millones de horas al año (cerca de 600 o 700 horas por trabajador), a pesar de contar con la tecnología necesaria para resolverlo a muy corto plazo.

Esa tecnología son las conexiones simétricas de banda ancha. Si, por alguna razón no se contara con estas, entonces la definición de banda ancha deberá hacerse sobre la velocidad de subida. En otras palabras: si todos tuviéramos por lo menos 20 megabits por segundo (Mb/s) de subida en los hogares y 5 Mb/s de subida por empleado en las oficinas, podríamos trabajar virtualmente varios días de la semana. Lo anterior es posible tenerlo muy rápidamente, a un costo razonable y obteniendo resultados muy significativos.

Si todos trabajáramos remotamente dos o tres días a la semana, el tráfico sería muy parecido al de la Semana Mayor. Si todos utilizáramos novedosas tecnologías de videoconferencia —por ejemplo, cámaras que se mueven solas para enfocar al que está hablando y micrófonos que capturan todo lo que suena en un salón—, las videorreuniones se tornarían más eficaces que las presenciales, durarían menos y se lograría más. El único inconveniente es que cada quien debe proveerse su propio café.

El trabajo remoto necesita más que tecnología, pero sin la tecnología, todos los decretos, los reglamentos, las capacitaciones y las leyes del mundo no conseguirán producir el cambio.

Hasta donde estemos. La tecnología requerida se llama FTTx: x es el hogar, centro educativo, oficina, industria, etc. FTT son las siglas en inglés de “fibra hasta el”. Con fibra hasta el hogar, la escuela y la oficina, mejorará nuestra calidad de vida porque viajaremos menos y, por tanto, quemaremos menos combustibles fósiles y aprovecharemos mejor el tiempo.

En Costa Rica, hay mucha fibra óptica, la última cifra que escuché es de 33.000 kilómetros, lo cual en realidad suena a demasiado, considerando que solo unos pocos hogares, centro educativos u oficinas ya cuentan con ella. Pareciera persistir el mito de que la fibra es muy cara, hay proveedores activamente promoviendo esquemas de tecnologías mixtas (la fibra llega hasta la esquina, pero a la casa llegan con cobre), incluso, argumentan que no necesitamos simetría.

Lo más preocupante es la duplicación y hasta triplicación de infraestructura que estamos viviendo porque los operadores no la comparten, prefieren inversiones redundantes —las cuales aumentan los costos al usuario final— que ponerse de acuerdo para utilizar infraestructura ajena y pagar peajes. No es, por tanto, sorprendente que sigamos apareciendo al final de la lista en los ránquines de velocidad de Internet.

El último sinsentido que vi fue un ranquin elaborado por una de las plataformas que usamos para medir la velocidad efectiva en nuestros dispositivos, la cual muestra que en Costa Rica tenemos más velocidad promedio en Internet móvil que en Internet fija.

Si tenemos en cuenta que la Internet móvil se paga por descarga, concluiremos que estamos activamente desmotivando la innovación y la creatividad.

Las vacaciones son muy importantes, pero mientras insistamos en tomar o darles a todos las vacaciones al mismo tiempo —fin de año y Semana Santa—, la experiencia será tan insatisfactoria que tal vez lleguemos al contrasentido de las vacaciones virtuales.

El autor es ingeniero, presidente del Club de Investigación Tecnológica y organizador del TEDxPuraVida.