Ronulfo Jiménez. Hace 3 días

La covid-19 transformó las diferentes facetas de la vida en sociedad global. El sistema costarricense de salud solidario, construido tiempo atrás, permite una red universal para que todos los grupos, incluidos los más pobres, estén protegidos de la pandemia.

La respuesta política económica también debe tener como norte la solidaridad. En medio de la penuria fiscal, el gasto del gobierno debería tener como prioridad la protección de las personas con menos recursos.

¡Bienvenida la moratoria!, pero focalizada, para que sí sea solidaria con quienes han sufrido en mayor medida los efectos de la pandemia.

En la Asamblea Legislativa se discute un proyecto de ley para aprobar una moratoria de cuatro meses para el pago de las deudas. Es una iniciativa necesaria, aunque los bancos ya se habían adelantado a tomar acciones en esa dirección.

Los proyectos en la corriente legislativa plantean una prórroga generalizada, tanto para los deudores afectados por la covid-19 como para quienes no han sido perjudicados por la pandemia. Una moratoria, así planteada, beneficiaría más a los grandes deudores.

Es vital que los diputados sigan adelante con el proyecto, pero deben agregar elementos de solidaridad en varios sentidos: el aplazamiento debería beneficiar a las personas y empresas golpeadas por la crisis sanitaria, no a las que más bien están resultando beneficiadas; la prioridad deben ser las empresas pequeñas y las personas que perdieron el trabajo; y debe dar preferencia a las empresas cuya generación de empleo es superior.

Redactar una ley con todos los detalles anteriores podría resultar muy engorroso. Por tanto, es preferible que el texto confiera la potestad para hacer una moratoria selectiva, pero que el Banco Central establezca las directrices y que la ejecución se haga de acuerdo con los planes de las entidades financieras, con el objetivo de que el alivio financiero llegue a quienes verdaderamente lo requieran y se establezcan prioridades, dado que la cobija no alcanzará para todos. La Superintendencia General de Entidades Financieras debería aprobar los planes para lograr el equilibrio entre la ayuda a los deudores y la protección del ahorro de los depositantes.

En conclusión, ¡bienvenida la moratoria!, pero focalizada, para que sí sea solidaria con quienes han sufrido en mayor medida los efectos de la pandemia.

El autor es economista.