Elizabeth Odio Benito.   8 junio

En mi larga trayectoria de servicio público, he presenciado el creciente descontento ciudadano con los partidos, con la clase política y con la democracia misma. Las mediciones anuales del Latinobarómetro muestran una caída peligrosa en el apoyo de los costarricenses a la democracia.

Ese descontento requiere urgente atención. Pero también desde hace muchos años la mayoría de los actores políticos han evadido abordar los temas fundamentales y se han contentado con mantener las cosas como están.

Tuvo que ser un pequeño grupo de ciudadanos quienes vertieron su preocupación por el proceso de deslegitimación de la política en una propuesta concreta. Poder Ciudadano ¡Ya! es una asociación conformada por personas comunes y corrientes, de profesiones diversas y de distintas preferencias políticas, que puso su interés en el funcionamiento y la eficacia de la Asamblea Legislativa.

Ellos, al igual que muchos costarricenses, sienten que hay una desconexión entre el pueblo y sus representantes y un deterioro del trabajo legislativo, evidenciado también en los informes anuales del Estado de la Nación. Inspirados en una idea publicada por Miguel Sobrado en el 2012, de que un cambio en el sistema electoral podría acarrear mejoras en la representación política, estos ciudadanos se abocaron al estudio y la investigación del asunto.

De la queja a la propuesta. Después de varios años de trabajo, que incluyen una sólida investigación cualitativa y cuantitativa, Poder Ciudadano ¡Ya! hizo algo muy valioso: pasó de la queja a la propuesta y presentó un plan formal de reforma al sistema electoral legislativo.

La propuesta fue admitida como proyecto de ley con el número 20127 y su admisión está en proceso de discusión. El proyecto propone que cambiemos el sistema de listas cerradas para elegir diputados por uno semejante al alemán, que se conoce como proporcional personalizado o mixto proporcional.

Básicamente, consiste en que al elector vota en dos papeletas: en la primera, por una persona de su comunidad, alguien que si bien es propuesto por los partidos políticos, debe someter su trayectoria y su agenda de trabajo al escrutinio de la gente del distrito electoral por el cual se postula. En la segunda papeleta, la más importante, el elector escoge de una lista nacional de diputados propuestos por los partidos.

El primer voto, por distrito electoral, aporta un elemento que está prácticamente ausente de nuestro sistema político: la representación, que no es otra cosa que la cercanía entre el representante y sus votantes. El segundo voto salvaguarda la proporcionalidad, que permite el pluralismo político y la presencia de minorías en el Congreso. Es decir, este sistema es esencialmente proporcional.

Asimismo, para que la reforma sea eficaz, el grupo propone algo que se debió hacer hace muchos años: aumentar el número de diputados. Costa Rica tiene uno de los Congresos más pequeños del mundo, pero con los gastos administrativos más altos, lo cual es un total absurdo; tenemos muy pocos de los funcionarios necesarios y un exceso de burocracia que goza de un régimen salarial que está llevando a la Administración Pública a la quiebra.

Es curioso que nadie ha puesto atención a este fenómeno denunciado por Poder Ciudadano ¡Ya! con base en datos reales, que muestran que la burocracia representa el 63 % de las remuneraciones de la Asamblea, con un crecimiento de casi el 300 % en los últimos 30 años, pero con el mismo número de diputados.

Tener pocos diputados nos está pasando una factura en términos de representación política y de eficiencia y calidad del trabajo legislativo. El aumento de los costos de tener más diputados no solo no tiene por qué ser sustancial si se hace una reingeniería administrativa a la Asamblea, sino que no será algo inmediato. Esta reforma no entraría en vigor sino hasta el 2026, cuando esperamos que las finanzas del Estado se hayan saneado.

Resistencia al cambio. Como toda reforma estructural, el proyecto ha encontrado resistencia. Nos cuesta cambiar lo que ya conocemos por algo que nos sacará de nuestra zona de confort. Claro está que el proyecto no es perfecto. Se le ha criticado la redacción, la falta de claridad, el aumento de diputados, y se han levantado en su contra argumentos de diversa índole, algunos muy válidos y otros no tanto o no del todo.

También, personas de diversas áreas del quehacer nacional han expresado su apoyo al proyecto y, sobre todo, su apoyo a que sea discutido ampliamente.

El foro y el momento más propicio para esa discusión no es la etapa de admisibilidad. El análisis sereno, sesudo y el debate amplio solo pueden darse si se admite para pasar a una comisión legislativa especial. Ahí, podrán hacérsele todas las enmiendas que se estimen necesarias después de tomar en cuenta las contribuciones de la academia, del Tribunal Supremo de Elecciones, del Programa del Estado de la Nación, de los comités políticos partidarios y de otros entes que sin duda pueden enriquecer la propuesta.

También es cierto que la reforma al sistema electoral no resuelve todos los males que aquejan a nuestro sistema político. Hay que acompañarla de otras reformas legales, como el financiamiento político, el lobby y los partidos políticos.

La calidad de nuestros representantes y de su trabajo es, en primer lugar, responsabilidad de los partidos políticos. Si les preocupa que este proyecto “municipalice” la Asamblea o permita la llegada de personas poco calificadas, deben esforzarse por identificar a los mejores líderes de todo el país y llevarlos al Congreso.

Hace muchos años Costa Rica no revisa su anatomía democrática. Es hora de hacerlo. Este grupo de ciudadanos nos ha puesto en bandeja de plata una oportunidad inédita de reflexión, discusión y refrescamiento de nuestra democracia.

Sofocar la discusión prematuramente sería un error histórico, pues otra oportunidad como esta no se presenta con frecuencia. Estimados diputados: los insto respetuosamente a admitir el proyecto 20127 para que sea debatido en comisión.

La autora es jueza de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.