Jorge Woodbridge. 12 mayo

Estamos inmersos en una nueva revolución tecnológica, la cual, como todo cambio profundo, presenta sus propias características. La que nos ha tocado vivir introduce la economía colaborativa, la cual obliga a hacer rápidos ajustes en la forma de trabajar y producir.

La velocidad a la que se expanden los nuevos inventos es exponencial. Podemos trabajar simultáneamente en diferentes lugares gracias a la Internet. La salud, la energía, el comercio, los Gobiernos y la seguridad afrontan desafíos inimaginables.

La industria minorista sufre tras el ingreso de Amazon. La medicina prospera de la mano de la inteligencia artificial, apoyada de algoritmos de la historia médica. Las operaciones están siendo asistidas cada vez más por la robótica. La industria automotriz produce vehículos autónomos eléctricos, menos propensos a accidentes y no emiten gases contaminantes.

La realidad virtual facilita a los consumidores personalizar sus compras. El sector farmacéutico se está transformando en un servicio más personal. La banca móvil y en línea ya sustituye la vieja forma de interactuar con los consumidores. La inteligencia artificial, blockchain, la conexión y los teléfonos inteligentes le han dado vuelta a la industria bancaria. Los bitcoins deben su éxito al blockchain, lo cual ha generado inimaginables instrumentos financieros.

Plataformas. Uber, Google, PayPal, Amazon, Facebook, Expedia, Airbnb, Netflix y otras hijas de la cuarta revolución industrial transformaron nuestros hábitos de trabajo y producción.

Uber es una forma distinta de transportarnos y de solicitar servicios de logística. Google, el buscador más grande del mundo de productos y servicios, nos da acceso a millones de datos, productos, mapas, música, noticias, libros, calendarios y servicios. Este gigante ha afectado, principalmente, nuestros hábitos de lectura, comunicación, entretenimiento, enseñanza e investigación.

Paypal, la plataforma más grande de pago en línea, vino a dar rapidez y seguridad a las transacciones monetarias y eliminó prácticamente los cheques.

Los teléfonos inteligentes y las computadoras volvieron obsoletas las sucursales bancarias y abarataron los costos operativos de estas. Amazon, la mayor tienda cibernética del mundo, vende toda clase de productos en cualquier parte del mundo, a precios competitivos.

Facebook, después de la compra de Instagram y WhatsApp, está revolucionando las comunicaciones y las redes sociales. Expedia brinda servicios de reservación y pago en la mayoría de los hoteles y líneas aéreas, con lo cual las agencias de viajes tradicionales han perdido mercado.

Airbnb comercia espacios de alojamiento para vacaciones y viajes cortos en más de 191 países y 100.000 ciudades; su víctima es la industria hotelera. Spotify es líder en reproducción de música y cuenta ya con 70 millones de suscriptores. Los discos compactos están pasando a la historia.

Netflix nos enseñó un nuevo mundo del entretenimiento y la televisión y la industria tradicional del cine no tienen cómo competir con ella.

El trabajo del futuro. El mundo del trabajo se ha globalizado, robotizado, digitalizado, automatizado, urbanizado, virtualizado y tercerizado. Los nuevos modelos de negocios están basados en plataformas en línea, economía de pedido (work on demand) y cadenas mundiales de suministro.

Un nuevo paradigma de producción industrial 4.0 crea una dinámica de destrucción y, a la vez, creación de empleo. La escasez y el descalce de competencias laborales nos exige cambios radicales en la oferta de nuestra mano de obra. Esta nueva economía demanda nuevas calificaciones, apoyo para los desplazados y aumento en la protección social.

Hay que superar obstáculos, hacer más eficiente la provisión de insumos públicos, firmar alianzas público-privadas, acelerar la transferencia tecnológica, fomentar la innovación e invertir en talento humano.

Los nuevos fenómenos son la diversidad humana, la migración y la paridad de género. Cambiar dos veces de profesión en nuestra vida profesional será la regla. La nueva demanda de profesionales está muy ligada a la tecnología e innovación en banca, ciberseguridad, biotecnología, crowdfunding, manejo de datos, impresión en 3D, ingeniería alimentaria, alojamiento de datos y comunidades de profesionales.

La nueva realidad del mercado nos exige pensamiento crítico, creatividad, flexibilidad, trabajo en equipo e inteligencia emocional. El trabajo a distancia (teletrabajo), horarios flexibles, educación dual y alta competitividad son exigencias de los actuales empleadores. He ahí la importancia de aprobar legislación en este campo.

Nuevo modelo educativo. Si queremos ser competitivos en la nueva economía, debemos fomentar la investigación, la innovación y el emprendimiento en los niños desde la edad preescolar. La excelencia en las materias STEM (science, technology, engineering y mathematics) debe ser la nueva guía de escuelas, colegios científicos y técnicos, institutos y universidades.

Las plataformas educativas en línea han de convertirse en las proveedoras de contenido. Esta es la razón para obligar al ICE a dotar a nuestros centros de enseñanza de fibra óptica para darle rapidez al uso de Internet en las aulas.

Al mismo tiempo, los salones de clase deben ser más abiertos, fomentar la interacción de alumnos con expertos mediante la videoconferencia, la creatividad debe ser un requisito en todas las materias y el pensamiento ecológico, la cooperación y la empatía deben ser parte del nuevo sistema educativo.

El desarrollo del pensamiento crítico es clave para desarrollar otras habilidades, como la capacidad de análisis y concentración.

Es hora de que la selección y evaluación de profesores, resultados académicos y la infraestructura, de los colegios y las escuelas, sean la responsabilidad de una junta administrativa multidisciplinaria de vecinos con altas capacidades profesionales y éticas, en coordinación con el Ministerio de Educación Pública (MEP), gobiernos locales y padres de familia. Delegación ligada a resultados y productividad, con premios y sanciones. Solo si delegamos responsabilidades en las comunidades, lograremos mayor competitividad en nuestra educación.

Nuestra meta debe ser pasar de la mano de obra para manufactura a valorar el conocimiento, el talento, el emprendimiento y la innovación.

El cambio tecnológico nos exige también diseñar programas educativos especiales y cortos para lograr que nuestra actual y futura fuerza laboral se incorpore a la nueva economía global.

El autor es ingeniero.