Óscar Arias Sánchez. 16 abril

Hace unos días conmemoramos el 165.° aniversario de la batalla de Rivas. Por tradición y mérito, la fecha se celebra con especial fervor en Alajuela, provincia que ha visto nacer a muchas de las figuras más prominentes de nuestra historia, desde Juan Santamaría hasta don Pepe, Bernardo Soto, Otilio Ulate, Chico Orlich, Miguel Obregón y Carlos Luis Fallas.

Algo tiene Alajuela que la hace particularmente propicia para marcar nuestra historia. A la mayoría de los costarricenses, pero particularmente a los alajuelenses, les toca asegurar que la trascendencia histórica sea el sino de su provincia, y no solo el sello de su pasado.

El Erizo, el valiente tamborcillo de Alajuela, debe seguir naciendo todos los días, en cada niño y niña que recibe el don de la vida en nuestra patria. Cada niño y niña costarricenses, deben nacer con el tambor de la libertad cimbrando en el pecho.

Juan Santamaría es no solo el símbolo de la provincia de Alajuela, sino también de las mejores virtudes del pueblo de Costa Rica. Es un símbolo del coraje, del arrojo, de la voluntad de ser libre, de la convicción de que vale la pena morir por aquellas cosas sin las cuales no vale la pena vivir. Hoy, más que nunca, Juan Santamaría es esencial para Costa Rica.

 Foto: Rafael Pacheco
Foto: Rafael Pacheco

Nuevos embates. Luego de un año de sufrir la pandemia y sus consecuencias económicas, ¿cuáles son los mesones que aguardan nuestras teas? ¡Son tantos los bastiones desde los cuales nos llueve la metralla de la indiferencia, la intolerancia, la exclusión y la falta de empatía! ¡Son tantos los frentes en los cuales tenemos que luchar!

Para lograr combatirlos es tiempo de cosechar todo aquello que sembraron nuestros antepasados, y todo aquello que ha de alimentar a nuestros hijos.

Juan Santamaría nos habla, desde los anales del tiempo, de la Costa Rica comprometida, la que responde al grito urgente de ayuda; la Costa Rica solidaria, la que mira alrededor, y esa mirada le basta para arrojarse a la lucha.

¿Cuántas veces al día escuchamos ese grito y nos hacemos los sordos? ¿Cuántas veces al día vemos esa realidad y nos hacemos los ciegos? Ciertamente, Juan Santamaría no fue héroe por nacimiento. Lo fue por decisión, por tener los ojos y los oídos abiertos, y el corazón dispuesto al sacrificio.

Debemos escuchar el grito que nos llega del mesón de la pobreza, en el que miles de costarricenses extienden las manos. Debemos escuchar el grito que nos llega desde el mesón de la intolerancia, en donde anidan los miedos y frustraciones de nuestros indígenas, nuestros adultos mayores, nuestros inmigrantes y nuestros indigentes. Debemos escuchar el grito que nos llega desde el mesón de la indiferencia, en donde se consumen nuestras esperanzas.

Aun en la crisis que estamos atravesando, tenemos la tea y nos toca avanzar. Pero nos toca avanzar no por vanidad o gloria personal, sino, como Juan Santamaría, por gloria nacional, por el progreso y el desarrollo de toda Costa Rica.

Iluminar la senda. En tanto no abandonemos nuestra visión individualista y nuestra enorme indiferencia, nuestra tea seguirá apagada, manteniendo nuestros sueños más preciados sumidos en la oscuridad y aprisionados en el mesón.

Solo al dedicarnos al ejercicio decidido de la solidaridad y de la generosidad, a la práctica constante del respeto, la empatía y la compasión, seremos capaces de iluminar nuestra senda y salir de este momento tan difícil y empezar a caminar hacia el progreso.

La imagen del soldado que sostiene la tea debajo de una lluvia de balas nos llena el pecho de orgullo. Está bien que así sea. Pero ojalá también nos llenemos de orgullo ante la imagen de un estudiante sentado en el pupitre del colegio, o de una muchacha bilingüe trabajando en una empresa de alta tecnología en Costa Rica, o de una madre soltera que saca adelante a sus hijos porque cuenta con un trabajo estable y seguro.

Ojalá todos los 11 de abril nos inspire no solo a morir por la patria, sino también a vivir por ella. A dedicar nuestra vida, nuestro trabajo y esmero al servicio de quienes nos rodean, a la construcción de una sociedad más justa y hermosa.

Ojalá esta fecha nos haga admirar no solo a aquellos que han demostrado coraje y valor en la guerra, sino, y sobre todo, a quienes han demostrado la valentía de evitar la guerra y vivir en paz.

Ojalá esta fecha nos impulse no solo a tomar el tambor, como Juan Santamaría, sino a hacerlo sonar en todos los rincones de nuestra tierra, en todas las voces de nuestra gente, en todos los corazones de nuestros niños y nuestras niñas, hasta que todos, sin excepción, seamos héroes tamborcillos que anuncian con revuelo la prosperidad, la felicidad, la paz y la vida.

El autor es expresidente de la República.