Thelmo Vargas. 25 marzo

Advertencia: no lea este artículo si está desayunando. Puede hacerlo después, siempre que no coincida con una comida.

En el inicio de su fructífera carrera profesional, el conjunto inglés The Beatles interpretó preferentemente canciones de grupos famosos, pero que aparecían en el lado B de los discos de 45 r.p.m., es decir, las menos populares, pues el lado A estaba reservado a los hits, que eran los que contaban desde el punto de vista del mercadeo.

Algo así encontré en una edición reciente de este medio, en la cual la noticia destacada era “Gobierno procura vacunar eurobonos contra aumentos en gasto público” (“Economía”, La Nación, 21 de marzo del 2019), la que parecería nublar otra titulada “Virus de las alcantarillas sustituirán a antibióticos”, publicada en la parte de atrás.

Esta última dice que, aunque descubiertos en 1917 por un colaborador del Instituto Pasteur, y para el regocijo de pacientes en estado desesperado, un grupo de científicos ha concluido que los “fagos”, unos virus presentes en el agua y abundantes en las alcantarillas, “son capaces de acabar con las bacterias más resistentes”.

Los fagos se pegan a las bacterias y las matan desde el interior, indica la noticia. “Son armas de destrucción masiva”, según explicó el jefe del Servicio de Bacteriología del Hôpital de la Croix-Rousse, de Lyon, Francia.

De acuerdo con los expertos, los fagos serían muy útiles “para los pies de diabéticos, que a veces hay que amputar, o las reiteradas infecciones respiratorias de los enfermos de fibrosis quística” y hasta para tratar las infecciones urinarias o digestivas. Visto así, son mejores que la pomada canaria.

Medicina tradicional. De joven, escuché que a los niños había que dejarlos jugar con tierra algunos ratos, pues así desarrollaban defensas de mucha ayuda para su buena salud. Hasta, un tanto poéticamente, se decía que una casa debía mantenerse lo suficientemente limpia y ordenada como para ser saludable, pero lo suficientemente descuidada como para ser agradable.

Las investigaciones citadas en Lyon reconocen que, con el advenimiento y uso extensivo de antibióticos, el mundo occidental se había olvidado de la medicina tradicional, pero el uso de fagos representa una gran esperanza contra las infecciones resistentes a los antibióticos, las cuales son cada más comunes en la sociedad moderna.

La historia en esta materia es más antigua. Según artículos publicados en revistas serias (por ejemplo: “Fecal Transplantation Proves Its Worth Against Stubborn Bacteria”, VA Research Currents, enero 28 del 2018; “Enhanced Understanding of the Microbiome is Helping Medicine”, The Economist, 9 de noviembre del 2017), hace al menos 1.700 años un médico chino, de nombre Ge Hong, escribió sobre una peculiar receta para tratar eficazmente la diarrea severa: eufemísticamente conocida como “sopa amarilla”.

La receta lo que pedía al paciente era ingerir una sopa de heces tomadas de una persona sana. La lógica del asunto radica en que en los intestinos viven muchas bacterias sanas, pero, en personas expuestas a mucho antibiótico o por otros motivos, podrían haber sido afectadas y, por tanto, no llenar la función curativa que natura tenía prevista.

Por ende, con una pequeña ayuda de personas sanas, normales, esa dificultad técnica era resuelta. Oh, I get by with a little help from my friends.

Otros remedios. Con un objetivo similar, dicen esas fuentes, la boñiga fresca de camello se utiliza en algunas partes del mundo para el tratamiento de la colitis y la disentería. ¿Qué cosas más baratas pueden haber que el excremento humano y la boñiga de camello para tratar algunos padecimientos de la gente? Tampoco cuesta mucho sostener la respiración mientras se ingiere.

“El problema del pescado”, dice el famoso chef estadounidense Emeril Lagasse, “es que huele a… pescado”. Igual ocurre aquí, por lo cual el asunto no debe ser tomado literalmente y, por fortuna, algunas empresas trabajan en cómo encapsular eso que llamamos caca para que no parezca lo que es.

Ciertamente, ayudaría que a esas cápsulas les pusieran un largo y complicado nombre en latín. También, que la Caja Costarricense de Seguro Social las adquiera para sus pacientes —pues le ahorrarían mucho en consulta externa y hospitalización— y, para quienes recurren a la medicina privada, que las autoridades las incluyan en la canasta básica, a fin de exonerarlas del impuesto sobre el valor agregado. Entre la salud fiscal y la de los ciudadanos, pagadores de impuestos, la segunda debe imperar.

El autor es economista.