José Joaquín Chaverri. 26 junio

Hace más de 10 años, Honduras debió hacer frente a una epidemia de dengue. Mediante teleconferencias para médicos, el Dr. Daniel Pizarro, pediatra experto en la materia, colaboró con ellos. También dio respuesta a las consultas de los médicos, estudiantes de Medicina y profesores de las diferentes facultades de la región.

La autoridad de Pizarro es reconocida en muchas naciones. Desde Egipto hasta República Dominicana, y desde Argentina hasta Canadá.

Debemos salir a atajar los problemas, no con medidas migratorias, sino con acciones colaborativas en la formación profesional.

El distinguido médico analizaba a distancia los casos y daba sugerencias para colaborar a paliar la crisis extendida a todos los países. Sesenta médicos en Honduras, veinte en Nicaragua, treinta en El Salvador y veinte en Guatemala conversaban durante hora y media con él.

Se trató de colaborar, por medio de un programa de capacitación, de los varios que hicimos en Centroamérica.

En cada exposición, el médico comentaba su experiencia sobre los casos concretos urgentes por enfrentar. El maestro Pizarro, como le dicen sus alumnos, únicamente sugería posibles soluciones. Diálogo discreto era su marca, pero de profundo conocimiento en su campo.

Su labor siguió luego con una visita de varios días, coordinada por el entonces embajador de Costa Rica Edgar García, en Tegucigalpa, y el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Eso multiplicó el trabajo de Pizarro para recibir consultas de sus colegas y colaborar en la erradicación del mosquito. Visitó hospitales y sugería ideas para acabar con la incidencia de la enfermedad del dengue. Esta se multiplica en Honduras debido a la gran cantidad de agua estancada, que se guardaba en las casas campesinas y que se convertía en criadero del mosquito del dengue.

Honduras necesita a Costa Rica de nuevo. Los problemas laborales y su inestabilidad política ha empujado a muchas personas a migrar hacia el norte para tratar de llegar, primero, a México y, de ahí, a Estados Unidos.

Las soluciones propuestas por México y la administración de Donald Trump, de militarizar la frontera y tomar otras medidas para detener el paso, no ayudará a los hondureños. Es necesaria una gran respuesta para llevar educación para que los ciudadanos de esa nación no tomen camino hacia nuestro país y nos convirtamos en sede de un nuevo problema migratorio.

Prevención. Centroamérica no debe mantener por más tiempo en baño maría problemas como este. Es necesario que Costa Rica colabore en el mejoramiento escolar y educativo de Honduras, pues la amenaza de una movilización incontrolada hacia el sur de América podría suceder dentro de algunas semanas. Desde aquí, con trabajo inteligente e innovador es posible consolidar una alianza para compartir nuestra experiencia pedagógica en la formación profesional.

Las naciones del Triángulo de Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) son parte de nuestra política exterior. Las preocupaciones de nuestro país han de estar también allí, en Honduras en este momento, para combatir la pobreza y contribuir a la salud de esa nación.

El hecho de que nuestros niveles educativos sean más altos y los estándares de salud, también, hacen necesariamente que una política visionaria no quede en nuestras fronteras. Debemos salir a atajar los problemas, no con medidas migratorias, sino con acciones colaborativas en la formación profesional. Costa Rica tiene capital humano de sobra para conseguir mejorar los niveles de escolaridad en la ya castigada nación urgida de una mano amiga.

Formación. Honduras necesita formar a sus ciudadanos. Que los jóvenes, al salir de sus colegios, continúen sus estudios de manera que se les facilite obtener un trabajo. Que las mujeres se formen para trabajar en empresas o microempresas. Que quienes están en la tercera edad refresquen sus conocimientos, de manera que obtengan mejores ingresos para disfrutar los años con calidad de vida. Contener el viaje hacia el sur comprende hacer alianzas educativas con las naciones que son cooperantes en esa nación.

No se trata de gran cantidad de personas, sino de saber estabilizar por medio de la educación las fuertes olas migratorias.

Tanto la Organización Internacional de Trabajo (OIT) como las empresas privadas agradecerían este urgente aporte de Costa Rica, pues los problemas a mediano plazo y en el futuro están en Honduras, y debemos reaccionar con inteligencia y solidaridad.

El autor es diplomático.