Anne-Marie Slaughter y Elina Ribakova.   15 septiembre

WASHINGTON D. C.– En el mundo de hoy, el acceso a las redes globales es una fuente crítica de poder, pero la interdependencia resultante también puede generar vulnerabilidad. El poder fluye de la centralidad: ser un polo que conecta todos los otros nodos, o la mayoría.

La amenaza de negar acceso a esos polos puede ser una sanción poderosa contra los malos jugadores. Pero, si se abusa de ese poder, si se utiliza la interdependencia asimétrica como un arma, los participantes en una red pueden decidir crear redes alternativas propias.

Ese es el riesgo que corre Estados Unidos. Tiene la principal moneda de reserva del mundo y goza de un papel central en las redes financieras globales. Pero está utilizando esa posición para ejecutar objetivos de política exterior que probablemente debiliten su centralidad y, por ende, su influencia a largo plazo.

Un ejemplo es la creciente crisis con Irán, que comenzó en mayo del 2018, cuando Estados Unidos, unilateralmente, se retiró del acuerdo nuclear del 2015, conocido oficialmente como el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Peor aún, Estados Unidos, desde entonces, ha impuesto su decisión a otros signatarios —el Reino Unido, Francia, Rusia, China, Alemania y otros países de la Unión Europea—, y amenaza con sanciones secundarias contra terceros que respeten el PAIC.

En teoría, las partes que siguen adscritas al PAIC deberían haber podido seguir haciendo negocios con Irán. Pero Estados Unidos, invocando un acuerdo de cooperación con la Unión Europea, que en principio estaba destinado a la lucha contra Al Qaeda, ha podido llevar a cabo sus sanciones secundarias a través de la Sociedad para las Comunicaciones Financieras Interbancarias Internacionales con sede en Bélgica (Swift, por sus sigla en inglés).

Bajo presión de Estados Unidos, la Swift ha tenido que excluir a los bancos iraníes del sistema de pagos globales que supervisa, dejando así a Irán fuera del sistema financiero global y recortando su capacidad para hacer negocios incluso con países que no lo han sancionado.

Al igual que muchas empresas europeas, la Swift tiene presencia legal y un centro de datos en Estados Unidos. Si se hubiera negado a cumplir, habría enfrentado sanciones significativas, la pérdida de visas de Estados Unidos para su personal o la negativa de acceso a dólares.

Francia, Alemania y el Reino Unido luego anunciaron planes para crear un vehículo para propósitos especiales llamado Instex que, al conectar exportaciones e importaciones, permite que los productos fluyan entre Europa e Irán sin flujos de dinero bilaterales directos.

Sin embargo, en la práctica, las transacciones Instex han sido limitadas a productos humanitarios que no son objeto de las sanciones estadounidenses. En efecto, Estados Unidos ha congelado la participación en el acuerdo.

Sin embargo, más allá de si logra doblegar a Irán a su voluntad —un desenlace que actualmente parece altamente improbable—, la administración Trump ha fortalecido las iniciativas de otros países de eludir directamente el sistema financiero de Estados Unidos.

En respuesta a las sanciones occidentales impuestas luego de su intervención en Ucrania en el 2014, Rusia disminuyó sus vulnerabilidades externas. Ahora es el único mercado emergente significado con excedentes fiscales y de cuenta corriente, baja deuda gubernamental y un alto nivel de reservas. Ya no teme perder acceso a los mercados de financiamiento globales.

Rusia también ha forjado lazos más estrechos con China. Los dos países recientemente anunciaron un nuevo sistema de pagos transfronterizos para establecer un comercio bilateral en yuanes y rublos, con transacciones iniciales planificadas para este año. Irán y Turquía desde entonces han expresado interés en sumarse al sistema.

Mientras tanto, la India y Japón ya tienen sistemas de pagos domésticos independientes, y Rusia ha lanzado un sistema de pagos con tarjeta para evitar las redes de tarjetas de crédito radicadas en Estados Unidos.

De la misma manera, en China, aplicaciones de pago móviles como Alipay de Alibaba o WeChat Pay de Tencent permiten a los consumidores prescindir de las tarjetas de crédito y pagar directamente desde sus teléfonos inteligentes. Para no quedarse atrás, Facebook creó una nueva criptomoneda que supuestamente estará disponible para todos sus usuarios, muchos de los cuales viven más fuera de Estados Unidos que dentro.

Esas medidas de parte de adversarios estadounidenses eran predecibles, pero los europeos también están buscando alternativas. Una cantidad de países europeos mantienen vínculos estrechos con Rusia y algunos ya han acordado participar en la iniciativa Un Cinturón, Un Camino, de China.

Asociarse a un sistema de pagos ruso-chino podría ofrecer una protección valiosa contra los potenciales esfuerzos de Estados Unidos por sancionar proyectos que son críticos para los intereses europeos, como el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania.

Es más, la Unión Europea se ha vuelvo más asertiva a la hora de declarar su soberanía económica y ha invitado a otros integrantes del PAIC a sumarse a Instex. Desde hace mucho tiempo la postura oficial de la Unión Europea ha sido ni alentar ni desalentar un papel internacional para el euro.

Pero la Comisión Europea, recientemente, diseñó propuestas que expandirían el uso del euro para no residentes, incluido el comercio en los sectores energético, alimentario y aeroespacial. El deseo de Europa de reducir su dependencia del sistema financiero estadounidense puede ofrecer un impulso para una integración monetaria y fiscal más profunda, especialmente de cara al 2020, cuando estén instalados los nuevos líderes de la Unión Europea y el brexit haya concluido.

Como ha demostrado Barry Eichengreen, de la Universidad de California en Berkeley, un reequilibrio de poder en el interior del sistema financiero global puede surgir de cataclismos históricos, como las guerras mundiales, o de cambios institucionales.

La creación del Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos, por ejemplo, trasladó el centro de gravedad de las finanzas globales del Reino Unido a Estados Unidos.

Esta vez, el jugador fundamental del sistema está abusando de su posición de maneras que están empujando a otros, incluso a sus propios aliados, a desarrollar redes alternativas.

En un mundo conectado, donde el poder de la coerción económica depende de redes específicas de conexiones, las propias redes son un recurso valioso. Pero no son recursos naturales; deben construirse y mantenerse a través de una gestión responsable. La administración Trump no debería darlas como un hecho.

Anne-Marie Slaughter: es CEO de New America.

Elina Ribakova: exmiembro visitante de Bruegel, es economista jefe adjunta en el Instituto de Finanzas Internacionales.

© Project Syndicate 1995–2019