Columnistas

Página quince: Política pública rehén del conservadurismo cultural

Movimiento se esparce como virus en la región y tiene fuerza en Estados Unidos.

El conservadurismo cultural ya no es solo un fenómeno que marcó un cambio en el panorama electoral del país después de las elecciones del 2018; es hoy un movimiento con la intención de incidir en la política pública, en especial, en el campo de la educación.

Demandar la destitución del ministro Edgar Mora es, en parte, resultado de las presiones sostenidas por sectores neoconservadores que han sabido capitalizar el descontento de otros grupos disímiles, como los sindicatos o los transportistas, que poco o nada tienen que ver con la agenda neoconservadora, pero que, ante la confusión y multitud de exigencias, su bulliciosa narrativa ha servido para dar cohesión y vigor a sus posiciones.

Inocentes seríamos si creyéramos que la derrota electoral del candidato neopentecostal Fabricio Alvarado iba a cerrar el capítulo de la polarización vivida durante el proceso electoral. El conservadurismo cultural es un fenómeno que se ha venido gestando en toda la región en las últimas décadas, pero que, en Costa Rica, fuimos capaces de identificar claramente en la pasada contienda electoral.

Varias han sido ya las instituciones y políticas estatales convertidas en el blanco de los neoconservadores, no solo de los líderes políticos, parlamentarios y fervientes neopentecostales, sino de grupos católicos y descontentos sectores de la población que han encontrado eco en el discurso de esos grupos.

No es de extrañar, pues en las pasadas administraciones el Ministerio de Educación y sus políticas también fueron objeto del ataque de esos sectores por ser la educación no solo el motor mediante el cual se transmiten los valores que ellos mismos atacan, los valores democráticos de igualdad, justicia y equidad, sino también el único mecanismo capaz de combatir la desinformación y el dogmatismo proveniente de dicha gente.

Obsesionados. Con sus propios problemas y necesidades, urgente de reformas sustantivas, la política educativa es el blanco de personas que simplifican la educación al género y la sexualidad en los programas escolares. ¿O es que acaso vemos a los diputados de Restauración o Nueva República proponiendo también reformas serias al currículo académico, la infraestructura educativa o las pruebas FARO?

No es nuevo que las reformas educativas topen con la resistencia de sectores conservadores y religiosos, como ocurrió en 1900, cuando monseñor Bernardo Augusto Thiel se pronunciaba en contra de la reforma educativa liderada por Mauro Fernández, quien trajo mejoras significativas a la educación costarricense, pero cuyos principios —inspirados en el liberalismo ilustrado y la filosofía positivista posteriores a la Revolución francesa y al cientificismo inglés— eran objeto de sospecha.

Dos elementos fundamentales marcan la diferencia con otros intentos por incidir o bloquear las reformas educativas en el pasado: actualmente, las ideas y posiciones de los grupos neoconservadores son parte de una agenda transnacional de actores estatales y no estatales que se oponen internacionalmente a los avances en materia de sexualidad, equidad de género y derechos de la población LGTIBQ, así como a la justicia social y los derechos humanos.

Han llegado incluso a consolidar un fuerte lobby en la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, en el Comité y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Comisión sobre el Estatus de las Mujeres, las negociaciones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.

La otra diferencia es la desinformación y que su presencia en Internet les ha permitido divulgar su agenda utilizando las redes sociales y plataformas como WhatsApp para diseminar campañas que desacreditan las guías sexuales, los baños neutros y otros proyectos.

La narrativa es cercana a estratégicas campañas de desinformación similares en Estados Unidos y Europa, vinculadas financiera y organizacionalmente con plataformas como CitizenGo, la cual lucha contra la supuesta “ideología de género”.

Un virus. ¿Es que creíamos que el #amishijosloseducoyo o #conmishijonotemetas es nativo como el gallopinto? La campaña #conmishijosnotemetas ha sido articulada por Liberty University con alianzas entre fundamentalistas evangélicos de varios países latinoamericanos y sus pares en Estados Unidos para desacreditar las guías de educación sexual no solo en Costa Rica, sino también en Brasil, Chile y Perú. En este último país la campaña fue capaz de organizar una marcha multitudinaria mediante Twitter para reformar los programas escolares.

En esta polarización creada por el conservadurismo cultural en Costa Rica, la política educativa ha sido objeto de un debate irracional sobre lo que es la educación que manifiesta la búsqueda de control sobre el conocimiento legítimo y lo que no lo es.

Ese conocimiento legítimo debe, según ellos, estar lejos de la “ideología de género”, un inventado pseudoconcepto que atrapa todo e incluye el conjunto de lo que se rechaza: los baños neutro, las guías de orientación sexual, los derechos reproductivos de las mujeres, el matrimonio igualitario y los derechos de las poblaciones LGTBIQ.

¿Es que estamos, o estaremos pronto, en una situación como la de Estados Unidos hace ya varias décadas en la cual, como dice Michael Apple, es imposible entender específicamente las políticas educativas sin tomar en consideración la posición de los neoconservadores, particularmente la de los evangélicos, quienes ven en la educación pública un lugar de inmenso peligro para la vida sexual, religiosa, patriótica y física de un niño?

Discurso simplista. Quizá los grupos autóctonos no tengan aún la capacidad financiera o política existente en Estados Unidos, pero lo que sí han tenido en Costa Rica es fuerza retórica para crear un conflicto en materia educativa y hasta para promover la renuncia de un ministro de Educación con base en un discurso simplista (presente en varias administraciones), pero movilizador de grupos lentos o apáticos para informarse, o bien, de oportunistas, como los sindicatos, en busca de mantener vigencia después del desprestigio ganado tras la huelga del año pasado. Los ministros Leonardo Garnier y Sonia Marta Mora también fueron objeto de claros ataques de los grupos conservadores e incluso de solicitud de renuncias.

Es riesgoso y contraproducente para la democracia costarricense que sus instituciones y sus políticas públicas se vuelvan cautivas del dogma, la retórica y el oportunismo. Razón tiene Bernal Martínez Gutiérrez al decir que la historia de la educación costarricense es, en el fondo, la historia de su institucionalidad democrática, y un análisis que no considere sus efectos directos en la vida del país se torna estéril.

Es crucial identificar el origen, el maniobrar y las consecuencias de lo que hace tiempo sucede en el Ministerio de Educación y la pretensión de estos grupos de dirigir su misión y sus decisiones con enfoques contra los derechos humanos.

Que tomen nota aquellos que por oportunismo o ignorancia se convierten en cómplices de una agenda local y transnacional que es la antítesis de lo que una Costa Rica democrática y justa siempre ha buscado.

Los diputados de la fracción legislativa de Restauración Nacional y del bloque independiente Nueva República celebran ahora la renuncia del ministro Mora y ponen condiciones para que quien ocupe el cargo no promueva la “ideología de género”. Ya con esto está claro que sea cual sea el ministro dichos sectores continuarán bloqueando todo intento de cambio o reforma que pretenda mayor equidad y justicia, y que no represente sus valores.

Advertidos estamos. Será por nuestra ignorancia y pereza que estaremos condenando a los jóvenes a que su educación siga cautiva del bloqueo o la propaganda de estos grupos.

tatibenavides@gmail.com

La autora es politóloga.

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