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Página quince: Otras maravillas geológicas en Nicoya

La península es uno de los pocos lugares del mundo donde es posible estudiar la conformación de la corteza oceánica sin necesidad de sumergirse en las profundidades del mar

El 12 de abril, en este espacio, mi hermano Marino publicó un artículo sobre la existencia en la península de Nicoya de un supercrón normal en las rocas del período Cretácico.

El descubrimiento de posibles períodos de 40 millones de años sin que cambie la polaridad del campo magnético del planeta es asombroso más que todo porque no se conoce la razón, como dice Marino, pues el campo magnético de la tierra se ha invertido y vuelto a su posición «normal» casi 20 veces en los últimos 5 millones de años, es decir, aproximadamente, cada 250.000 años.

No es la única cosa asombrosa que podemos ver en las rocas de la península. Resulta que una sección «normal» de la corteza oceánica, en cualquier lugar del mundo, contiene una secuencia muy particular y característica de rocas, a saber, en la base, en la zona de contacto con el manto, existen rocas de muy alta densidad, ricas en minerales y metales pesados, llamadas peridotitas y serpentinas (grupo de rocas ultrabásicas).

Este material sólido contiene, entre otros, minerales de hierro y magnesio (olivino, epidota) que le confieren una coloración verdosa muy típica y que, además, son las rocas más ricas en yacimientos de minerales, como el jade y la cromita.

Encima de las series de rocas ultrabásicas, se encuentran espesas capas de basaltos de origen submarino, rocas de coloración oscura abundantes en metales pesados y profusión de vetas de minerales formados en chimeneas hidrotermales presentes en zonas muy profundas del mar y cerca de donde se originan este tipo de rocas, es decir, próximas a las llamadas dorsales oceánicas.

Basalto, gabro, diabasa y otras rocas intrusivas abundantes en metales pesados como el manganeso, cromo y otros están en esta capa, la cual se extiende globalmente y forma la mayor parte de los fondos marinos actuales.

Mantos sobre mantos. Las capas de rocas basálticas están cubiertas en las profundidades marinas actuales por restos de organismos que construyen sus conchas con sílice (recordemos que la mayoría, por no decir la totalidad de los organismos que se fosilizan, son aquellos que contienen partes duras) y son llamados, en su generalidad, radiolarios.

La acumulación de capas y capas de restos de este tipo de organismos microscópicos en el fondo marino a profundidades de más de 5.000 metros origina un tipo de roca denominado, por razones obvias, radiolarita, y que, debido a la abundancia de hierro en los sedimentos de gran profundidad, posee una coloración rojiza muy característica.

Hablo de una sección típica de la corteza oceánica, cuyo espesor anda por el orden de los cinco o más kilómetros, y no tendríamos como mirarla si no fuera por las características únicas de lugares como la península de Nicoya y otros pocos en el mundo.

A causa de las condiciones muy particulares de la tectónica de placas, existen, entre la península de Santa Elena y cabo Velas, en el oeste de la península nicoyana, afloramientos complejos en forma de bloques, con fallas, repetición de capas y, en general, de enorme complejidad, en donde es posible ver una sección completa de corteza oceánica con todos sus componentes: peridotitas, serpentina, basalto, gabro, vetas de fumarolas hidrotermales, capas plegadas de radiolaritas rojas con yacimientos de manganeso; en otros términos, toda la secuencia de una sección típica de la corteza oceánica.

No se ve en cualquier lugar del mundo y es una de las características por las cuales la península de Nicoya es única.

Laboratorio a cielo abierto. Aparte de ser uno de los pocos considerados puntos azules en el mundo, por la longevidad de su población, la península de Nicoya es uno de los escasos lugares en donde es posible estudiar en directo la conformación de la corteza oceánica sin necesidad de sumergirse en las profundidades del mar o de perforar profundamente en los fondos oceánicos.

Paradójicamente existe otra particularidad que parece increíble. A pesar de que llueve en promedio más de 2.000 milímetros al año, el agua es escasa en las zonas costeras a consecuencia de significativas condicionantes de índole geológico, que claramente limitan las políticas de desarrollo planteadas en este país en el presente y para el futuro cercano.

Simple y llanamente no es posible abastecer la demanda de agua para el desarrollo costero con recursos ni superficiales ni subterráneos locales.

Las costas de la península contienen y disponen de cantidades de agua apenas para abastecer una demanda de baja intensidad, no para grandes desarrollos inmobiliarios ni turísticos.

Surge, por consiguiente, la necesidad de que seamos originales e innovadores y sin miedo a tecnologías utilizadas en el mundo desde hace unos 60 años entremos a resolver este asunto sin el cual será imposible la creación de empleos.

rprotti@geotestcr.com

El autor es geólogo.

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