Luis Fernando Araya.   6 septiembre

Que la Librería Lehmann deje el emblemático edificio que le conocemos, es un hecho triste, pero en la tristeza se teje una mayor alegría, sobre todo, si quien padece el embate de circunstancias adversas o quienes las padecen actúan con humildad y sabiduría.

Después de 123 años de fundada, estoy seguro de que el gerente general, Antonio Lehmann Gutiérrez, y el resto de su equipo harán que este momento difícil sea el inicio de nuevas páginas de innovación, generosidad y servicio.

Como bien pensaban Agustín de Hipona, Juan Bautista Vico, Francois-Marie Arouet (Voltaire) y Georg Wilhelm Friedrich Hegel, las empresas humanas trabajan en muchos frentes al mismo tiempo, pero se empeñan especialmente en permanecer, innovar y transformar.

La persecución contra personas y familias alemanas y judías, y las estratagemas urdidas con ese fin por políticos e ideólogos, constituye un episodio sombrío en la historia de Costa Rica que conviene transparentar en todos sus extremos.

Por estas características organizacionales los humanos y sus empresas “persisten en su Ser”. Luego de 123 años la Librería Lehmann calza dentro de lo expresado por María Elena Walsh en “La cigarra”: “…estoy aquí resucitando, gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal, y seguí cantando…”.

Antonio Lehmann Merz, bisabuelo del gerente actual, antes de trasladarse primero a Suramérica y luego a Costa Rica, era un librero-editor inscrito en la tradición editorial fundada por Bartholomäus Herder en 1797. Estoy refiriéndome a una de las tradiciones editoriales más destacadas de la historia universal, iniciada bajo la inspiración de frases memorables de su fundador: “Ganarse la vida por la difusión de buenos libros” y “quiero ser un librero erudito e influir (…) con buenos textos por medio del comercio de libros”.

Cuando Bartholomäus se expresaba de este modo, eran los días de las ilustraciones europeas, ante todo francesa, alemana e inglesa, y de la Revolución francesa.

Cuando Lehmann Merz laboraba en esa editorial, ahí trabajaba uno de los hijos de Bartholomäus, el afamado editor Benjamín Herder. Debido a la génesis alemana del impulso creador que condujo a la fundación de la Librería Lehmann, es evidente que la historia de la empresa se inscribe dentro de la gran tradición editorial universal creada por Bartholomäus.

Lehmann Merz, nutrido en sus labores de librero y editor dentro de la corriente histórica indicada, adquiere en Costa Rica un equipo tipográfico y crea, bajo influencia de monseñor Bernardo Augusto Thiel, una librería de orientación católica, y se convirtió poco tiempo después en fundador de la nueva Librería Lehmann (1896).

Sitio de encuentro. Cabe recordar que la orientación católica del impulso editorial inicial de Lehmann Merz tuvo un papel relevante y positivo al interactuar con intelectuales y artistas entre los años 1900 y 1940 (anarquistas, masones, católicos, marxistas, liberales y agnósticos), y que, en los aciagos días de la reforma social, la guerra civil y la creación del Estado social y liberal de derecho (1940-1950), nutrió en el plano de las ideas a los bloques sociales y políticos enfrentados en aquel tiempo.

La Librería Lehmann, desde sus inicios, es un punto de encuentro de las más diversas tendencias intelectuales del país. En sus pasillos se encontraron y conversaron hombres y mujeres insignes de la generación del Olimpo y de la generación del Repertorio Americano.

Ser un punto de encuentro intelectual desde 1896 hasta el momento de escribir esta breve reflexión, es un hecho que pocas organizaciones ostentan.

Varias generaciones de costarricenses, cada una según su circunstancia histórica, se han visto influenciadas por aquello que la Librería Lehmann ofrece: educación, cultura, actualidad científica, tecnológica e intelectual.

La empresa también ha sido parte fundamental de todas las estrategias de desarrollo económico y social ejecutadas en el país desde 1896, y esto significa que en sus paredes, pasillos y oficinas se atesora una experiencia irrenunciable de construcción humana. Toda historia es historia contemporánea, y esto en Costa Rica encuentra en la Librería Lehmann un caso paradigmático de realización.

Antonio Lehmann Ringwald —hijo de Lehmann Merz—, quien en ese momento regentaba la Librería Lehmann, fue expulsado del país, y a su regreso en 1950 se encontró con que el edificio ya no le pertenecía a la familia.

Maldad profunda. En el análisis del contexto dentro del cual se desenvuelve la Librería Lehmann, debe tenerse en cuenta que de 1930 a 1950 ocurren en Costa Rica dos hechos de una maldad gigantesca: la persecución de familias judías y alemanas. En ambos casos, el origen de la ignominia es político e ideológico.

El intento de excluir a los judíos hasta causar su expulsión del país, en momentos cuando en Europa se preparaba su exterminio, fue concebido en círculos económicos y políticos aliados a la ideología nazifascista, al mismo tiempo que existía una férrea campaña publicitaria para manipular a la feligresía católica, presentaba a los judíos como asesinos de Cristo y destructores de la sociedad costarricense.

A partir de 1940, las condiciones políticas cambiaron. El gobierno le declaró la guerra a las potencias del eje nazifascista, se debilitó el objetivo de expulsar a los judíos y se produjo una sistemática represión y exclusión de familias de origen alemán, a las cuales se les arrebató casas, fincas y trabajos, y se les envío a campos de concentración.

Antonio Lehmann Ringwald —hijo de Lehmann Merz—, quien en ese momento regentaba la Librería Lehmann, fue expulsado del país, y a su regreso en 1950 se encontró con que el edificio ya no le pertenecía a la familia.

La persecución contra personas y familias alemanas y judías, y las estratagemas urdidas con ese fin por políticos e ideólogos, constituye un episodio sombrío en la historia de Costa Rica que conviene transparentar en todos sus extremos.

No se trata de hurgar en el pasado para rumiar en las heridas del ayer, sino de contribuir a evitar nuevas páginas de oprobio y maldad.

Llamado. Cuán necesario es conocer la historia, no de militares, ni de políticos, ni de ideólogos (eso es secundario), no de los individualismos que como sombras pasajeras, autosuficientes y mezquinas atraviesan la rutina de los días, sino la historia de obras forjadas en profundas y multidimensionales tradiciones, en conglomerados humanos ejemplares, en personas cuya grandeza es su sencillez, humildad y generosidad, y en orígenes espirituales permanentes que sin negar vacíos e insuficiencias trabajan para apuntalar los méritos y las luces!

¡Qué importantes las raíces, no las que están fosilizadas en vanidades manipuladoras y en ideologías fantasmagóricas enfermas de megalomanía y adulación, sino aquellas que transforman el ahora y forjan el porvenir desde la dignidad y el trabajo, sin requerir honores, ni burocracias, ni pleitesías, ni vanaglorias!

En la historia de la Librería Lehmann, es de esperar una transformación y que el conteo de los días, semanas y meses, alcancen otros 123 años y muchos más.

En el San José de hoy transformado, y en los futuros cercanos y lejanos de la Costa Rica de siempre, dicha empresa seguirá siendo un punto de encuentro para iluminar con responsabilidad empresarial, educación y cultura el paso del tiempo.

La historia no termina, una vez aquí se permanece para siempre. Cuando se es una persona de bien, la culpa y el error, la mentira y la verdad, los méritos y los aciertos, las alegrías y las tristezas, todo conspira para ver, para ver más, y ver sin término.

El autor es escritor.