Óscar Arias Sánchez. 11 mayo

El Primero de Mayo fue para mí un testimonio vivo del poder transformador de la libertad. Todos fuimos testigos de cómo en nuestra Asamblea Legislativa los diputados eligieron, libremente y sin presiones, un Directorio conformado por diferentes fracciones. Escogieron el camino pluralista de la democracia, convencidos de que en nuestro país las diferencias políticas pueden resolverse por la vía del diálogo.

En las últimas décadas, Costa Rica pasó de ser una democracia bipartidista a ser una democracia multipartidista. La aparición de nuevos jugadores en la arena política ha sido un proceso de aprendizaje para los nuevos y los viejos partidos políticos. A muchos de los presidentes de anteriores administraciones nos correspondió gobernar con nuevos partidos de oposición que fueron más una voz que ataca y obstaculiza, y menos una voz que cuestiona, evalúa y critica respetuosamente.

Nos correspondió gobernar en una democracia disfuncional. Disfuncional sí, porque es democracia disfuncional aquella donde el gobernante del partido político ganador está imposibilitado para cumplir el plan de gobierno con el cual la mayoría lo eligió.

Nos tocó gobernar esperando que dioses inescrutables hicieran el milagro que un sistema político disfuncional fue incapaz de producir: el de mirar el futuro de la patria por encima de los intereses particulares que nos dividen. Nos tocó gobernar con partidos de oposición para los que fue válido, o incluso encomiable, impedirle al gobernante cumplir sus promesas de campaña.

La proliferación de obstáculos a la labor presidencial, el adversar las políticas públicas simplemente porque vienen del gobierno, la creación indiscriminada de instancias de control sin responsabilidad ante el electorado y el maniqueísmo de algunos políticos nos impidió a muchos gobernantes llevar a cabo parte del programa de gobierno que ofrecimos a los ciudadanos.

El control político se volvió un fin en sí mismo, y no una herramienta para garantizar que las cosas se hicieran. La exigencia al presidente de la República de un acto de contrición cada vez que se le piden explicaciones son actitudes antidemocráticas que en lugar de hacernos más libres y más democráticos, nos hacen más ingobernables.

Sin beneficios. En nuestras administraciones, fuimos testigos de que esto no benefició a nadie. No benefició a la oposición, que en medio del afán por impedir que se realizaran los proyectos que objetaba, encontró poco tiempo para impulsar los proyectos que defendía. No benefició a las instancias de control, cada vez más abrumadas por una carga de trabajo que dificultaba una labor ágil en las áreas estratégicas de supervisión. No benefició a los gobernantes, que nos vimos obligados a librar una nueva campaña política por cada proyecto y por cada iniciativa contenida en el programa de gobierno. Y, sobre todo, no benefició al pueblo de Costa Rica.

El nuevo Directorio legislativo debe interesarse en reformar este estado de cosas. Debe demostrar que una oposición ciega y obstinada tiene que ceder ante la razón y el convencimiento. Debe demostrar que se puede ser también una oposición constructiva.

Este nuevo Directorio legislativo tiene la oportunidad de mostrarle al mundo que cree en la capacidad de los pueblos de aprender de sus errores y de reescribir la historia. Que en un país pluripartidista como el nuestro siempre habrá opiniones divergentes, y que por ello la única forma de avanzar es con la voluntad para dialogar, para transigir y para aceptar las decisiones que han sido adoptadas democráticamente.

Demostrar que en Costa Rica ponernos de acuerdo no tiene por qué ser imposible debe ser, por el contrario, la dinámica cotidiana de toda democracia madura como la nuestra. Demostrar que en Costa Rica hemos aprendido que en la vida se requiere más valor para coincidir que para discrepar y que hoy nuestros partidos políticos están dispuestos a dar ese paso para el bien de todo el país.

La vida en democracia es un continuo aprendizaje, un proceso de concientización sobre quiénes somos como nación y hacia dónde queremos caminar. En ese proceso hemos ido aprendiendo a construir acuerdos y definir derroteros comunes. Pero también debemos ir dejando atrás viejas malas prácticas.

Rendición de resultados. La rendición de cuentas no puede sustituir la rendición de resultados, no puede ser más importante presentar un informe que hacer un hospital, un centro de arte, una carretera, disminuir la pobreza, hacer crecer la economía, generar fuentes de empleo, brindar mejor educación o garantizar la seguridad ciudadana.

Además, la rendición de cuentas no puede exigírseles únicamente a los gobernantes, también se les debe exigir a los políticos de oposición, a los medios de comunicación y a los grupos de presión por la forma en que, con muchas de sus acciones, bloquean la posibilidad de construir una Costa Rica más moderna y más competitiva. Es cierto que quienes vivimos en una democracia no firmamos un contrato con obligaciones. Pero en una democracia uno nace a ese contrato. A un contrato social cargado de exigencias y de demandas, pero también de ilusiones y de esperanzas.

Mientras en nuestro país elegíamos un nuevo Directorio legislativo y celebrábamos el Día del Trabajador en un clima de paz y libertad, en Venezuela se pisoteaba, una vez más, al pueblo. Miles y miles de venezolanos salieron a las calles para sumarse a la Operación Libertad. Salieron a las calles para alzar la voz porque en su patria se siguen vulnerando los derechos humanos. Salieron a las calles para denunciar que se estaba amenazando la vida de seres humanos por defender sus derechos ciudadanos.

Salieron a las calles a pedir al Ejército bolivariano que es hora de escoger si se coloca o no en el lado correcto de la historia, apoyando a un pueblo que clama por democracia y libertad, o a un déspota criminal.

Cambio de fuerzas. Venezuela necesita sustituir al actual Ejército opresor por un nuevo Ejército libertador. Si los militares venezolanos son verdaderos patriotas, solo tienen que hacer una cosa: quitarle el apoyo a Nicolás Maduro y dárselo a Juan Guaidó.

Que el reflejo en el espejo de Venezuela no llegue nunca a encandilar nuestra patria. Que el pluripartidismo que vemos en nuestra Asamblea Legislativa y que nos llena de esperanza y optimismo sea ejemplo para toda América Latina.

El futuro de todas nuestras naciones se escribirá en clave de pluralismo, democracia y libertad, o no se escribirá.

El autor es expresidente de la República.