Rolando Guzmán Calzada. 20 mayo

Hay temas que, por su naturaleza, son muy sensibles a la crítica. Tal es el caso de todo lo relacionado con el medioambiente porque mucha de la argumentación esgrimida se basa más en los sentimientos y la moral, que en los datos y las implicaciones.

Todos queremos, y debemos, proteger el país y al planeta donde vivimos, pero también debemos dimensionar el asunto, y la realidad es que Costa Rica solo aporta el 0,02 % de las emisiones de carbono a la atmósfera.

El plan de descarbonización propuesto por el gobierno es un paso en la dirección correcta, pero va a significar un sacrificio económico grande en época de desempleo y de dificultades fiscales.

El plan de descarbonización propuesto por el gobierno es un paso en la dirección correcta, pero va a significar un sacrificio económico grande en época de desempleo y de dificultades fiscales. Tomemos el ejemplo de un país poderoso como Alemania, cuya promesa es reducir un 40 % las emisiones de gases de efecto invernadero.

El carbón representa más de un tercio de la producción eléctrica y pretenden dejar de usarlo de forma progresiva hasta cerrar la última central, a más tardar, en el 2038. Dicha decisión tendrá un efecto social elevado y decenas de miles de empleos se perderán. La transición va a tener un costo de 80.000 millones de euros, las regiones afectadas recibirán 40.000 millones de euros en ayudas y el Estado va a desembolsar 2.000 millones de euros al año para impedir que los precios de la electricidad se disparen.

Un país rico como Alemania puede organizarse económicamente para hacer semejante contribución a favor del medioambiente, pero para un país pobre como Costa Rica privarse de explotar sus recursos naturales solo por razones ideológicas es un precio muy caro que pagar.

Gas y petróleo. Según estudios del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), tenemos en el subsuelo un potencial equivalente a $270.000 millones en petróleo y gas natural. Dejar esa riqueza enterrada es como autoflagelarse; es como morir ahogado por no querer estrenar el tanque de oxígeno.

Si el plan de descarbonización se propone como meta para el 2050, inevitablemente vamos a seguir consumiendo petróleo por lo menos los próximos 20 o 30 años. En números conservadores, Costa Rica importa $2.500 millones de petróleo al año, por lo cual el país se ahorraría $75.000 millones que bien servirían para resolver el déficit fiscal, generar empleo y ser una nación desarrollada.

De la misma manera, se argumenta que la minería moderna, con tecnología de punta, generadora de riqueza y empleo, es una práctica irresponsable y debe ser prohibida. La moratoria debería de darse a la minería ilegal, artesanal, en la cual se abusa del mercurio y se contamina el aire, el agua y los suelos, lo cual se constituye en un terrible riesgo de salud pública y arrastra y devasta el medioambiente.

El oro robado de Crucitas se calcula en $200 millones y esa mafia organizada opera como el gato y el ratón: los millonarios operativos policiales son solo pausas de descanso para los coligalleros, quienes apenas se enteran de que la Policía salió, entran con nuevos bríos.

Además, resulta contradictorio prohibir la minería porque no hay sector ni industria en los que no estén presentes los productos procedentes de la explotación de recursos naturales. Cada vez consumimos más dispositivos que utilizan esa minería, como celulares, equipo médico, computadoras, baterías para autos eléctricos.

Compatibilidad. Noruega es un país rico en recursos naturales y entre sus principales actividades sobresalen la metalurgia y la explotación de petróleo y gas natural. De hecho, más del 10 % de los puestos de trabajo dependen de esta industria; solo en el 2017, las exportaciones alcanzaron $54.000 millones.

Noruega es considerada un modelo en la protección del medioambiente, por lo cual no es una contradicción ser un país ecológico y, al mismo tiempo, tener una pujante industrialización y explotación de los recursos naturales.

Esta inteligente combinación ha colocado a Noruega en la inmejorable posición de ser uno de los países más ricos y ambientalistas del mundo. La ministra de Relaciones Exteriores, Ine Soreide, asegura, de forma pragmática, que “es posible seguir explorando las reservas petroleras del Ártico y, al mismo tiempo, cumplir con los compromisos del Acuerdo de París y contribuir a la reducción de emisiones globales de carbono”.

Costa Rica quiere ser ejemplo de conservación para el mundo entero, pero, si copiaran nuestro modelo, la civilización volvería rápidamente a la Edad de Piedra. No nos engañemos, no seamos masoquistas ni nos autoflagelemos, aprovechemos nuestros recursos naturales, generemos empleo y riqueza para nuestra gente y, a la vez, continuemos con los planes de descarbonización.

No olvidemos que la pobreza en nuestro país ronda el 21,1 % y el desempleo, el 12 %. Mientras los catastrofistas se preocupan por el fin del mundo, gran parte de nuestra población se preocupa por el fin de mes.

El autor es odontólogo.