Víctor Umaña. Hace 6 días

Costa Rica fundamentó buena parte de su desarrollo económico y progreso social en el comercio internacional y la inversión extranjera.

Nuestro tamaño nos condiciona desde la independencia. El desarrollo del café, el banano y la construcción del tren en el siglo XIX; la piña y los circuitos electrónicos en el XX; y los servicios empresariales y los dispositivos médicos en el XXI son expresiones de ese vínculo entre desarrollo, comercio internacional e inversión.

Aún hoy, un mercado de 5 millones de habitantes con un ingreso per cápita de unos $12.000 necesita compradores externos para crecer.

Desgraciadamente, las perspectivas de crecimiento de la economía no son alentadoras. No lo eran antes de la covid-19 y lo son mucho menos ahora.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el potencial de crecimiento de la economía, que mide cuánto puede crecer el producto interno bruto (PIB) de manera sostenible a mediano plazo, pasó de un 5 % en el 2009 a poco menos del 3 % actualmente.

¿Cómo crecer más? El crecimiento económico ocurre cuando las personas toman recursos y los reordenan en productos que los hacen más valiosos. Como en una receta de cocina: podría producirse más agregando otros y mejores ingredientes. Pero también es posible el crecimiento cambiando la receta, haciéndola más eficiente y, por supuesto, teniendo más oportunidades de vender.

Un campo de nuestra economía necesitado urgentemente del cambio de receta y acceso a mejores ingredientes son las pequeñas y medianas empresas.

Estas tienen poco acceso a financiamiento, sufren de excesiva regulación, los insumos son caros y provistos con escasa competencia, afrontan altas tasas impositivas, padecen de infraestructura deficiente y tienen poco apoyo e incentivos para innovar. Mucho se ha escrito y poco hemos hecho.

Por qué más comercio e inversión. El mercado externo sigue siendo el bastión de nuestra economía. En él confluyen las actividades más dinámicas, innovadoras y que pagan mejores salarios.

Recientemente, Porfirio Guevara y Ronald Arce, investigadores del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible del Incae, estudiaron el comportamiento de las exportaciones costarricenses por producto, empresa y destino.

Al finalizar el 2018, el país exportó $20.000 millones, de los cuales aproximadamente la mitad fue aportada por 4.870 bienes producidos por 3.775 empresas que venden en 156 países.

El estudio arroja resultados cuya indicación es: hay que actuar de forma inmediata. Existe una marcada concentración de las exportaciones en términos de bienes, empresas y mercados.

En el 2017, tres sectores concentraron el 51 % de las exportaciones, 25 empresas exportaron el 51 % del valor total y 10 países recibieron el 73 % de nuestra ventas en el exterior.

Más aún, cada año hay menos productos nuevos y la tasa de salida aumentó para empresas y destinos. Las tasas de entrada disminuyeron tanto para los productos como para las empresas de exportación. La merma es más pronunciada en el caso de los productos.

Así que pocas empresas, productos y destinos representan una proporción cada vez más grande de la actividad exportadora.

Incentivar la creatividad empresarial. Atender esta realidad requiere de la promoción de más empresas domésticas. Para ello, es preciso impulsar los emprendimientos y dar apoyo a los exportadores promovidos por Procomer, el INA y el Sistema de Banca para el Desarrollo junto con la empresa privada.

El incentivo debe traducirse en una plataforma eficiente, con los recursos necesarios para que estas iniciativas crezcan y lleguen a tener un impacto masivo y sostenible en el tiempo.

También, se necesita seguir diversificando productos y servicios que involucren plenamente los atributos diferenciadores del país y generen mayor valor.

El descubrimiento de nuevas actividades es un proceso complejo, de prueba y error, que necesita el convencimiento político y el soporte de los centros de investigación y las instituciones del Estado, e incentivos a la innovación. Para sectores olvidados, como el pesquero y el agropecuario, esta es una labor imprescindible.

A diferencia de los bienes y servicios, la diversificación de mercados involucra decisiones políticas para la negociación de acuerdos preferenciales de comercio. Desgraciadamente, Costa Rica dejó de ensanchar su red de relaciones comerciales y desaprovechó la oportunidad de ingresar a la Alianza del Pacífico.

Es determinante echar a andar el motor de las negociaciones para profundizar las relaciones existentes, mejorar el acceso a mercados, atraer más inversión y encontrar nuevos negocios. ¿Por qué no lo hacemos? ¿A quién le tememos?

En la práctica, buscar nuevos mercados precisa también la utilización de herramientas sofisticadas con el propósito de entender los cambios en la demanda, anticipar los movimientos de los competidores e identificar clientes potenciales. Para revertir la tendencia actual son necesarios cambios e innovaciones institucionales.

La gestión para revitalizar la exportación de productos, las empresas y los destinos es un desafío enorme. No hacerlo apropiadamente tendrá un efecto en las perspectivas de crecimiento económico del país, y tomará varias décadas recuperar el terreno perdido.

Costa Rica parte de una posición de privilegio en términos de resultados e instituciones. Sin embargo, no podemos vivir de glorias pasadas. La coyuntura demanda acciones inmediatas.

El autor es economista.