Saadia Zahidi. 25 junio

GINEBRA– El año pasado, el Reporte global de competitividad anual del Foro Económico Mundial evaluó cómo estaban preparados para el futuro 141 gobiernos, y concluyó que la mayoría tenía un mal desempeño en este y otros indicadores cruciales a largo plazo.

Sin embargo, como el confinamiento inducido por la pandemia está causando estragos en la economía global y pone de manifiesto las deficiencias de muchas instituciones, hemos llegado a una era de gobierno más grande, y quizá más audaz.

A esta altura, debería ser obvio que no podemos regresar a un sistema cuyos beneficios los perciben unos pocos a expensas de muchos.

Se calcula que $9 billones han sido inyectados a la economía global para asistir a los hogares, frenar las pérdidas de empleos y mantener a las empresas a flote.

En un momento cuando algunos países empiezan a salir de los confinamientos, sus líderes tienen una oportunidad única de reformular la economía para ofrecer resultados mejores, más verdes y más equitativos para todos.

La crisis ofrece una oportunidad para lo que el Foro Económico Mundial dio en llamar la “Gran Reanudación”, no a partir de algún punto distante en el futuro, sino ahora mismo.

Basados en las lecciones aprendidas durante la crisis financiera del 2008 y sus secuelas, los gobiernos están aplicando una serie de condiciones sensatas a los rescates y otras medidas de ayuda.

La asistencia a corto plazo brindada hoy puede y debe ser aprovechada para fomentar prácticas comerciales más responsables, salvar empleos, abordar la desigualdad y el cambio climático y construir una resiliencia a largo plazo contra las crisis futuras.

Por ejemplo, debido a los temores por la creciente desigualdad y las presiones sobre los presupuestos públicos, Francia, Dinamarca y Polonia negaron el respaldo del gobierno a empresas con casas matrices en paraísos fiscales fuera de Europa.

El Reino Unido prohibió los pagos de dividendos y ha restringido los bonos en empresas que acceden a su esquema de préstamos.

Los gobiernos también intentan salvaguardar los empleos y ofrecen incentivos para que las empresas mantengan los niveles de empleo.

Las empresas estadounidenses que acceden a los fondos de la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica contra el Coronavirus deben mantener, por lo menos, el 90 % de sus niveles de empleo previos a la pandemia hasta el 30 de setiembre.

Japón pone condiciones similares al extender su asistencia para la retención de empleados tanto a empresas pequeñas y medianas como a grandes corporaciones.

Rusia entrega subsidios salariales a las empresas que retienen, cuando menos, el 90 % de su fuerza laboral. Mientras tanto, Italia impuso una prohibición total temporal de despedir empleados, no limitada a empresas que acceden a fondos del gobierno.

Si bien todavía está por verse si estas restricciones temporales serán eficaces a la hora de mantener el empleo una vez que se eliminen, ofrecen un colchón, y una “oportunidad de dar pelea”, a los trabajadores en esta crisis sin precedentes y de cara a una recuperación futura.

Incluso campos profundamente afectados toman medidas de rescate que hagan énfasis en la responsabilidad social y ambiental, y fomenten el pensamiento a largo plazo.

Por ejemplo, como la industria aeronáutica enfrenta un shock de demanda, como resultado de las restricciones de los viajes globales, sus prácticas comerciales previas a la crisis han pasado a estar bajo escrutinio.

En los últimos diez años, las aerolíneas más grandes de Estados Unidos gastaban el 96 % de su flujo de caja disponible en recompras de acciones; casi el doble que otras empresas del S&P 500.

Hoy, las líneas aéreas faltas de liquidez que quieren acceder a los fondos del Gobierno no solo deben dejar de recomprar acciones y pagar dividendos hasta finales del 2021; también deben aceptar no utilizar cesantías involuntarias o reducir las tasas de pago hasta el 30 de setiembre.

De la misma manera, el gobierno francés adjuntó “cuerdas verdes” a su rescate de 7.000 millones de euros ($7.900 millones) para Air France-KLM, y exige que la compañía se comprometa a reducir a la mitad sus emisiones de dióxido de carbono (por pasajero y por kilómetro), en relación con su nivel en el 2005, antes del 2030.

Estas instancias de incorporar un pensamiento a largo plazo en las medidas inmediatas son claramente pasos en la dirección correcta.

Pero, dada la magnitud del respaldo fiscal brindado y las crecientes preocupaciones por la desigualdad, el cambio climático, el desempleo y la deuda pública, la próxima ola de acciones de recuperación debería llegar más lejos.

En este sentido, debería tomarse el fondo de crisis Próxima Generación UE de la Comisión Europea como un modelo. Con 750.000 millones de euros ($845.000 millones) en subsidios y préstamos, procura introducir una recuperación justa e inclusiva al acelerar la transición a una economía digital verde.

Sus condiciones básicas ayudarían a los países europeos a alejarse de las industrias pesadas en decadencia respaldando al mismo tiempo a los trabajadores vulnerables, pero todavía está por verse si todos los Estados miembros de la Unión Europea se sumarán.

La pandemia ha empujado a los gobiernos a asumir un papel más proactivo de lo que cualquiera habría imaginado hace apenas unos meses.

En tanto vayamos dejando atrás la crisis sanitaria inmediata, los responsables de las políticas deberán aprovechar la oportunidad para ejecutar reformas audaces y ambiciosas.

Lo anterior incluye un rediseño de los contratos sociales, ofrecer redes de seguridad apropiadas, cultivar las capacidades y los empleos necesarios para la economía futura y mejorar la distribución del riesgo y del retorno entre la población, el Estado y el sector privado.

Los Gobiernos deben asumir un papel de liderazgo, dar forma a la recuperación y trazar un nuevo sendero hacia el crecimiento, lo cual exigirá más colaboración entre las empresas, las instituciones públicas y los trabajadores. Para que la Gran Reanudación tenga éxito, todas las partes interesadas deben participar.

A esta altura, debería ser obvio que no podemos regresar a un sistema cuyos beneficios los perciben unos pocos a expensas de muchos.

Obligados a manejar presiones a corto plazo y, al mismo tiempo, confrontar incertidumbres a largo plazo, los líderes se encuentran en una encrucijada histórica.

La nueva influencia de los Gobiernos les brinda los medios para empezar a construir economías más justas, más sustentables y más resilientes.

Saadia Zahidi: es directora general y jefa del Centro para la Nueva Economía y la Sociedad en el Foro Económico Mundial.

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