Emma Navarro. 28 octubre

OSLO– Los océanos de la tierra enfrentan muchas amenazas, ninguna de las cuales tiene soluciones rápidas. Incluso así, las reparaciones son conocidas, y con una coalición de socios suficientemente amplia podemos comenzar a actuar en varios frentes.

Una gama de actividades humanas, desde la quema de combustibles fósiles hasta la sobrepesca, han degradado los océanos durante años. Al aumentar la absorción de dióxido de carbono, el calentamiento global está acidificando los océanos y, consecuentemente, reduciendo los niveles de oxígeno, lo que a la vez daña o mata plantas marinas, animales y otros organismos.

Conjuntamente, a medida que se derriten las capas de hielo, el aumento del nivel del mar pone cada día en mayor riesgo a cientos de millones de personas en las zonas costeras.

Debido a la carencia de plantas modernas de tratamiento en muchas ciudades, especialmente en África y Asia, las aguas residuales se vierten en ríos y canales, de donde finalmente desembocan en los océanos, introduciendo, así, a los océanos grandes cantidades de partículas de plástico y toxinas.

Las toneladas de basura arrojadas diariamente a las calles, jardines, ríos, playas y zonas costeras también terminan en los océanos. Muchos de estos productos, como por ejemplo las bolsas de supermercado y los recipientes de agua embotellada, contienen elementos químicos peligrosos que son ingeridos por los peces y luego consumidos por las personas, lo que lleva a problemas de salud.

Para solucionar estos efectos negativos será necesario cooperar en todos los niveles. También serán necesarios recursos, no únicamente para reparar las costas erosionadas y prepararse para la elevación del nivel de los mares y el clima extremo. Debemos tomar medidas enérgicas contra la pesca ilegal, debemos financiar la investigación y desarrollar un transporte marítimo bajo en carbono, así como también una producción sostenible de pescados y mariscos.

Además, necesitamos diseñar con urgencia mejores métodos de recolección de plástico y formas de embalaje reutilizables, a la vez que tratamos las aguas residuales y pluviales con el propósito, en primer lugar, de mantener los plásticos y otros residuos fuera de las vías pluviales.

Salvar los océanos no debe ser una idea que se nos ocurra tardíamente. Más de 3.000 millones de personas dependen de los océanos para su sustento. Los recursos e industrias oceánicas y costeras aportan aproximadamente $3.000 millones al año (el 5 % del PIB mundial) a la economía mundial y ofrecen un enorme potencial para un mayor crecimiento, creación de empleo e innovación.

Los océanos también son una fuente principal de energía renovable y recursos naturales. Su valor ambiental es enorme. Los océanos han absorbido entre el 20 % y el 30 % de las emisiones de dióxido de carbono inducidas por el hombre desde la década de 1980. Producen más de la mitad del oxígeno del mundo y transportan calor desde el ecuador hasta los polos, regulando de esa manera nuestro clima.

Fomentar una economía “azul” sostenible ha sido una de las prioridades del Banco Europeo de Inversiones. Varias iniciativas facilitan la cooperación en la limpieza de los océanos y para salvaguardar la actividad económica basada en el mar.

A través de la Estrategia Azul Sostenible del Océano (Blue SOS), se invierten hasta 2.500 millones de euros (alrededor de $2.800 millones) a lo largo de cinco años, mientras movilizamos por lo menos otros 5.000 millones de euros para inversiones en proyectos de protección de la economía oceánica.

Entre otras cosas, estas inversiones tratan la erosión costera, ayudarán a las pesquerías a procesar y preservar los alimentos, harán que el transporte marítimo sea más respetuoso con el medioambiente y mejorarán la investigación centrada en productos biotecnológicos.

Además, en asociación con los bancos de desarrollo alemanes y franceses, hemos creado la Iniciativa de los Océanos Limpios, la cual proporcionará hasta 2.000 millones de euros en financiamiento durante cinco años para proyectos que recolectan plásticos y otros desechos antes de que lleguen al océano.

La mayor parte del plástico que termina en los océanos proviene de la basura desechada en las zonas costeras o cerca de los ríos por los 2.000 millones de personas que carecen de servicios de recolección de residuos. De hecho, alrededor del 90 % de todo el plástico que termina en los océanos desde los ríos proviene de tan solo diez países, ubicados principalmente en África y Asia.

El Banco Europeo de Inversiones (BEI), financiador clave dentro del Sustainable Ocean Fund, está recaudando $100 millones para invertir en 20 proyectos oceánicos en mercados emergentes con el objetivo de mejorar toda la cadena de suministro de pescados y mariscos.

Algunas personas podrían preguntarse por qué el BEI va tras la consecución de actividades de desarrollo fuera de Europa o aboga por los océanos del mundo. La razón es que consideramos que los desafíos de sostenibilidad no son únicamente desafíos ecológicos, sino también económicos.

Cuando una gran institución como el BEI se involucra en un problema, puede atraer capital privado que de otro modo no habría aparecido. Fomentar proyectos innovadores en la economía “azul” no es tanto una cuestión de mayor cantidad de dinero. También tiene que ver con levantar barreras a nuevos proyectos y reducir el riesgo de inversión.

Cuando nuestros expertos en clima dan su sello de aprobación a un plan, atrae más financiamiento de inversionistas privados, fondos de pensiones, fondos soberanos y compañías de seguros. Y, cuando tales inversionistas ven que pueden beneficiarse de proyectos ecológicos, los resultados no solo favorecen al océano, sino también a los trabajadores y consumidores.

Debemos demostrar que las inversiones climáticas necesariamente no tienen que ser demasiado riesgosas y tenemos que promover más asociaciones público-privadas. Por eso, el BEI está aumentando su asistencia técnica y servicios de asesoramiento para hacer que los proyectos de océanos limpios y sostenibles sean más atractivos para otros inversionistas.

Buscamos más socios. Necesitamos que líderes, Gobiernos, empresas y otras instituciones tomen medidas audaces y necesarias para salvaguardar nuestros océanos, limpiar nuestros ríos y poner fin a la contaminación de estos ecosistemas vulnerables.

No hay exageración que valga cuando es momento de recalcar la urgencia con la cual se debe encarar este desafío. Deberíamos proteger los océanos como si nuestro futuro dependiera de ello porque, en verdad, nuestro futuro depende de ello.

Emma Navarro: es vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones.

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