Columnistas

Página quince: La estrategia china en Oriente Próximo

Estados Unidos tendrá que promover su propio peso político, su compromiso económico y su influencia cultural, de lo contrario, como observó Biden en febrero, su almuerzo se lo comerá China

TEL AVIV– El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, retirará las tropas estadounidenses de Afganistán el 11 de setiembre, poniendo así punto final a la guerra más larga de la historia de su país.

La medida da a entender un alejamiento más amplio de Oriente Próximo de Estados Unidos, que se ha venido produciendo desde hace un buen tiempo. ¿Alguien ocupará su lugar en la región?

China parece albergar esa esperanza. Apenas un par de semanas antes del anuncio de Biden, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, estaba en Teherán para firmar un acuerdo de «asociación estratégica integral» (CSP, siglas en inglés de Country Strategic Plan) de 25 años con Irán, que incluirá cooperación económica, política y de seguridad. La medida preocupa a Estados Unidos, y por buenos motivos.

Es cierto, los CSP son una herramienta de política exterior estándar para China, que ya los ha firmado con otros países en la región, entre ellos Irak y Arabia Saudita.

Algunos muy probablemente hayan exagerado el alcance del CSP con Irán, por ejemplo, al reportar que incluye $400.000 millones de inversión china en Irán (ninguna de las partes ha confirmado una cifra específica).

Pero aun si el CSP no eleva la relación entre China e Irán a nuevas alturas, será la primera alianza de este tipo que China firma con un adversario de larga data de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, China está profundizando los lazos con los aliados más estrechos de Estados Unidos en Oriente Próximo, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y hasta Israel.

Nuevos destino para invertir. Por ahora, la motivación de China parece ser principalmente económica. Además de ganar acceso a los recursos energéticos de la región, puede promover su perfil en sectores de vanguardia al cooperar con las industrias de alta tecnología de Israel.

Por eso —para gran fastidio de Estados Unidos— incrementó marcadamente su inversión en Israel en los últimos años.

China también tiene la mirada en Israel para potenciar sus ambiciones de conectividad, incluidas en su iniciativa Un Cinturón, Una Ruta. Del mismo modo como ha tomado control de puertos marítimos en otras partes en Asia y Europa, se ha establecido en el puerto israelí de Haifa.

De la misma manera, anticipando una dependencia del petróleo iraní, China abrió una ruta marítima directa al puerto de Bandar Abbás en el estrecho de Ormuz.

Algo de lo que Estados Unidos no tiene por qué preocuparse —al menos por ahora— es en que China atice el conflicto en Oriente Próximo. Es verdad, el CSP con Irán menciona cooperación en seguridad, pero no es una alianza milita, y China no está tomando partido en algún conflicto militar.

Después de todo, China también lleva a cabo ejercicios militares con el archienemigo de Irán, Arabia Saudita.

Lo último que quiere China es que una conflagración regional altere las exportaciones de petróleo o destruya sus inversiones en la región. Esto convierte a China en un partícipe responsable en la paz regional. Pero no señala la voluntad de China de subsidiar la seguridad en Oriente Próximo. Las alianzas militares no son su herramienta preferida en su competencia global con Estados Unidos.

Desde lejos. China también ha sido cuidadosa de no dejarse arrastrar hacia los conflictos de larga data de la región. Si bien recientemente sugirió que organizaría conversaciones directas entre los líderes israelíes y palestinos, no se le debería dar a esto demasiado crédito.

El país es plenamente consciente de que el inmenso costo en sangre y dinero pagado por Estados Unidos fue lo que le permitió a China expandir su influencia económica en Afganistán e Irak. No es el tipo de inversión que le interesa hacer.

En definitiva, lo que más favorece los intereses económicos de China es mantener intacto el sistema de seguridad liderado por Estados Unidos que existe en Oriente Próximo.

Esto, en parte, explica por qué los principales socios de China en esta región estratégica son esencialmente aliados de Estados Unidos.

China hizo una excepción cuando firmó el CSP con Irán; sin embargo, eso también fue un cálculo económico: quiere revivir el comercio bilateral, que ha sufrido profundamente desde que Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear iraní del 2015 y restableció las sanciones en el 2018.

Por cierto, fue precisamente después de que se volvieron a introducir las sanciones que nació la idea de el CSP. El momento de su firma —justo cuando la administración Biden intenta renegociar y volver a sumarse al acuerdo nuclear— fue una decisión calculada por parte de China para fortalecer la posición de negociación de Irán, acelerando así, es de esperar, la suspensión de las sanciones.

Irán, sin embargo, pagará un precio alto por su alianza con China, que ha sacado ventaja de sus penurias económicas para aspirar a un suministro de petróleo a un precio marcadamente reducido.

Golpe para Hizbulá. Durante las etapas tempranas de las negociaciones del CSP, algunos iraníes advirtieron que China estaba buscando un acuerdo explotador, como los que terminaron permitiéndole tomar el control del puerto Hambantota de Sri Lanka.

El poderoso representante libanés de Irán, Hizbulá, también debería estar preocupado por China. En particular, porque necesitará reconsiderar su amenaza de lanzar un ataque con misiles balísticos al puerto de Haifa de Israel, dado que China ahora es prácticamente la dueña.

En cuanto a Estados Unidos, su superioridad militar en Oriente Próximo probablemente siga siendo indiscutida por un tiempo; no obstante, el poder militar no será suficiente para frenar el ascenso estratégico de China en la región (y otras partes).

Para eso, Estados Unidos también tendrá que impulsar su propio peso político, su compromiso económico y su influencia cultural. De lo contrario, como observó Biden en febrero, China se comerá el almuerzo de Estados Unidos.

Shlomo Ben Ami: exministro de Relaciones Exteriores israelí, es vicepresidente del Centro Internacional Toledo para la Paz. Es el autor de «Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy».

© Project Syndicate 1995–2021

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.