Columnistas

Página quince: La democracia bajo asedio

Una renovación toma en cuenta el fortalecimiento de las instituciones y la participación ciudadana.

La democracia sigue expandiéndose en el mundo; sin embargo, al mismo tiempo, su calidad se deteriora, la acechan más amenazas y la satisfacción con ella cae a mínimos históricos.

Pese a lo anterior, la demanda se mantiene alta, conserva la resiliencia y continúa demostrando que, en términos comparados, ofrece mejores condiciones para el desarrollo sostenible que los regímenes híbridos y los autoritarios.

Estos son los mensajes principales del Informe sobre el estado global de la democracia elaborado por IDEA Internacional (The Global State of Democracy 2019. Addressing the Ills, Reviving the Promise. www.idea.int).

La democracia está bajo asedio. El surgimiento de líderes autoritarios y el auge del populismo y de fuerzas extremistas en varias regiones del mundo ha dado lugar a un intenso debate sobre el estado de salud del sistema.

En tres década, pasamos del optimismo de Francis Fukuyama (El fin de la historia) a una sucesión de libros que nos alertan del proceso de erosión, retroceso e, incluso, de recesión que afecta a la democracia a escala global (entre otros: How Democracies Die, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt; Ill Winds, de Larry Diamond; y Crises of Democracy, de Adam Przeworski).

Qué tan seria es la crisis. La democracia vive su mejor momento, pero también uno de los más difíciles. Por un lado, nunca antes, el mundo había sido tan democrático como en nuestros días. Pero, por el otro, la calidad de la democracia está declinando aceleradamente en numerosos países, especialmente durante la última década, mientras el número de regímenes híbridos aumenta año tras año.

Según un reciente informe del Centro para el Futuro de la Democracia de la Universidad de Cambridge, el 2019 cerró “con el nivel más alto de descontento democrático jamás registrado”.

Lo novedoso es que la erosión de la calidad ocurre tanto en las nuevas como en las viejas democracias. Más preocupante aún es que el proceso coincide con el ascenso electoral de políticos populistas, quienes, una vez en el poder, mediante reformas legislativas y constitucionales, erosionan desde el ejecutivo los pilares de la democracia representativa y la división de poderes, debilitan el Estado de derecho y restringen los espacios de la sociedad civil y los derechos humanos.

El informe de IDEA ofrece un balance equilibrado: constata el buen nivel de apoyo ciudadano y de resiliencia que aún conserva la democracia, mas advierte de que la mayoría de los ataques son de origen interno y que, en las últimas cuatro décadas, el futuro de la democracia no se vio tan amenazado como en nuestros días. La reducción del espacio para la acción cívica, los intentos de debilitar los frenos y contrapesos democráticos, los elevados niveles de desigualdad y los ataques a los derechos humanos son los riesgos más serios a escala mundial.

Situación en América Latina. Nuestra investigación arroja un panorama regional de luces y sombras junto con un alto grado de heterogeneidad. Mientras algunas democracias, como las de Uruguay y Costa Rica, están entre las mejores del mundo, otras, en cambio, se han erosionado en los últimos años, entre ellas Haití, Honduras, Guatemala, Paraguay, Bolivia, República Dominicana y Brasil.

La de Nicaragua es una grave regresión, mientras que en Venezuela la ruptura con el sistema es total. Ambos países, junto con Cuba, constituyen los tres regímenes autoritarios actuales en nuestra región.

El estudio aborda simultáneamente los avances y los principales desafíos en Latinoamérica. Dentro de las tendencias positivas cabe mencionar:

1. Latinoamérica es la tercera región más democrática del mundo, detrás de América del Norte y Europa.

2. La gran mayoría de las democracias de la región han demostrado una notable resiliencia.

3. América Latina ha logrado avances significativos en materia electoral —nadie cuestiona hoy la vía electoral como la única legítima para acceder al poder— y cuenta con los niveles de participación más robustos del mundo: un 67 % en promedio regional.

4. Sin perjuicio de lo mucho, porque aún queda por avanzar, es la región con el mejor porcentaje de participación de mujeres parlamentarias en el mundo: un 27 % en promedio regional. La mala noticia es que no hay ninguna presidenta elegida en Latinoamérica, pues la mandataria interina de Bolivia, Jeanine Áñez, asumió el cargo por “sucesión constitucional”.

El informe da cuenta asimismo de una lista de desafíos, entre los que sobresalen:

1. La región muestra signos de fatiga democrática. El apoyo a la democracia sigue cayendo mientras la insatisfacción aumenta con fuerza.

2. La crisis de la democracia representativa se agudiza: la confianza en los Congresos se ubica en un mediocre 21 % mientras la de los partidos políticos se desploma a un anémico 13 %, promedio regional (Latinobarómetro 2018).

3. Tenemos los niveles más altos de desigualdad de ingresos del mundo: de los 26 países más desiguales, el 58 % son latinoamericanos.

4. Ocupamos el tercer lugar, después de África y Oriente Próximo, en materia de corrupción; tenemos los mayores niveles de delincuencia y violencia del mundo, y, pese a numerosas reformas, el Estado de derecho continúa siendo uno de los principales talones de Aquiles de la democracia regional.

5. La gobernabilidad se ha vuelto crecientemente compleja.

Qué hacer. Tres propuestas. Mantenernos alerta y no pecar de complacientes. La democracia es una “construcción permanente” que debe reinventarse, perfeccionarse y defenderse todos los días.

Segundo, ofrecer soluciones democráticas a los problemas de la democracia para evitar una peligrosa escalada populista o autoritaria.

Tercero, parafraseando nuestro informe, “hacer frente a las debilidades de la democracia y revivir su promesa” mediante una agenda renovada que siente las bases de una democracia de nueva generación dirigida a mejorar la calidad y la resiliencia, fortalecer sus instituciones, empoderar a sus ciudadanos, recuperar el crecimiento económico, reducir la pobreza y la desigualdad, repensar el modelo de desarrollo y adoptar un nuevo contrato social.

Una agenda que, como recomendaba Hirschman, nos permita “pensar en lo posible antes que en lo probable”. No hay tiempo que perder.

zovatto_idea@hotmail.com

El autor es director regional de IDEA Internacional.

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