José Joaquín Chaverri. 26 abril

¿Qué pasa en nuestras escuelas? ¿Qué ocurriría si les damos un poco más de independencia al director y a los padres de familia para organizar un proyecto educativo sin intervención de la gran estructura del Ministerio de Educación?

En Australia, los ojos de los educadores están puestos en el “proyecto milagro”. En otros países, la independencia de la escuela, y en concreto del director para contratar y escoger su equipo, es un éxito y los resultados son medidos por organismos que fomentan la calidad educativa.

The Centre for Independent Studies de Australia ha detectado, en un reciente estudio, que alumnos pobres, de poca escolaridad, obtienen un gran resultado académico siempre y cuando las escuela sean buenas.

No interesa en este caso tanto el nivel de ingreso, sino la capacidad organizativa del lugar de estudios.

De las 900 escuelas australianas, se escogió a 24, que incluían la característica de pobreza entre el alumnado, más unos valores claves para el éxito. La receta fue: disciplina, clases impartidas al modo “tradicional”, apoyo en los datos académicos internos y externos, equipo directivo estable y autónomo para tomar decisiones, formación para los profesores centrada en las destrezas fundamentales y un programa intensivo de lectura aplicado desde que los alumnos son pequeños.

Una de las características esenciales del proyecto es la independencia. La podríamos denominar una alianza publico-privada, en proceso de construcción.

El proyecto resulta interesante cuando tenemos estructuras escolares sin terminar, educadores sin nombrar y el reto de una gran estrategia educativa por concluir. Vale la pena mirar hacia el lejano continente.

Motor de cambio. El sistema australiano de atención a los estudiantes de familias en condición de pobreza pone gran interés en el seguimiento del proceso de lectura de los alumnos, que da inicio a muy temprana edad.

En los centros educativos nombran un coordinador de lectura, quien mide a cada estudiante en caso de retrasarse en el desarrollo del hábito. Además, varias escuelas cuentan con autorización para contratar profesores y la capacitación se da entre los mismos educadores, los cuales se van ayudando unos a otros.

Los exámenes son públicos, lo que permite medir bien los centros educativos. Pero hay algo más: demuestra que la libertad de contratar profesores, competir y mostrar resultados es la clave del éxito, especialmente, en centros educativos lejanos.

Las alianzas publico-privadas en educación funcionan. No son más de los mismo.Lo interesante es valorar al maestro cuando es líder.

El autor es diplomático.