Carlos Alvarado Quesada. 13 febrero
Foto Antonio Alfaro
Foto Antonio Alfaro

«Una vez que la vida nos es dada, hay que ganársela», escribió el gran Ray Bradbury. Ese es el espíritu de los pueblos libres. Usar su libertad para construir su camino.

Costa Rica lo ha hecho en sus 200 años de vida independiente. Y ahora como nación, aún joven, debemos despertar y actuar.

Así como por generaciones nuestros abuelos, padres y madres nos quisieron dejar algo mejor, nosotros tenemos esa misma responsabilidad. En ese sentimiento y convicción de amor reside la mayor fortaleza de la noción de progreso en la historia.

Atravesamos un momento dificilísimo de nuestra historia, el más duro en décadas. Pero en la pospandemia y con estabilidad económica, mantendremos las condiciones para salir adelante y ser un país próspero para su gente y líder en el mundo.

La educación de calidad para todas las personas en todos los rincones del país sin ninguna distinción es el pilar fundamental de la libertad colectiva y de nuestra libertad patria.

En esta línea cambiamos la prueba final del bachillerato por las pruebas FARO, de forma tal que la evaluación de calidad se haga a lo largo de todo el proceso educativo y no esperar hasta el final de la educación secundaria, cuando este proceso ya ha finalizado y no puede corregirse para beneficio de quien estudia.

Esto también permitirá a muchas personas seguir adelante sus estudios sin quedarse atoradas en ese cuello de botella.

Red educativa. Hemos diseñado y estamos desplegando la red del bicentenario, la cual es la interconexión de los aproximadamente 4.500 centros educativos del país para que niños, niñas y jóvenes tengan acceso en todos los rincones a la misma calidad de herramientas educativas digitales, para educar a nuestro país para la cuarta revolución industrial, así como la reducción de trámites que deben hacer estudiantes y educadoras.

Se aprobaron las leyes para profundizar la educación dual, modalidad enfocada en el mundo del trabajo, y para que los próximos docentes deban demostrar sus conocimientos y destrezas para dar clases. También se reformó la ley del INA para otorgar más becas de estudio técnico y agilizar las contrataciones y actualizaciones para estar a tono con un mundo laboral cambiante.

Lanzamos la Alianza para el Bilingüismo, que ha capacitado a poco más de 110.000 jóvenes en los últimos dos años en el manejo de un nuevo idioma, y con el MEP lanzamos el programa para que en el 2040 todo alumno que se gradúe del sistema público maneje un segundo idioma.

Hay mucho más por hacer. Entre el 2019 y el 2020 se construyeron 256 centros educativos nuevos y 216 fueron reparados. También se reestructuró la Dirección de Infraestructura y Equipamiento Educativo. Pero en esta materia debe seguir la lucha por la agilidad para dar buenas condiciones a nuestra niñez y juventud, porque su crecimiento no espera.

Nuestra verdadera riqueza son nuestras personas, nuestro recurso humano y talento. La principal inversión llega al país por el talento humano de Costa Rica. Para la productividad y el empleo, pero sobre todo para un buen vivir.

El presupuesto de educación es por mucho el más grande del Gobierno Central. Es crítico para cumplir estas metas y debe usarse con sabiduría y eficiencia.

Conciencia ambiental. Así como lo mejor que una familia puede heredar a sus hijos es una buena educación, tenemos que garantizar que los nuestros tendrán un planeta en el cual vivir.

La crisis climática puede hacer que el planeta no sea habitable para quienes son hoy niños y niñas, porque podrían perderse la biodiversidad y los hábitats, elevarse los niveles de los mares y cada vez sea más difícil producir alimentos.

La crisis del clima no es la causa de «unos pocos», es la principal amenaza a la humanidad y el principal reto de nuestra generación.

Gracias a nuestro legado, y a nuestros esfuerzos actuales, Costa Rica se perfila como uno de los líderes en la lucha contra la crisis climática. El Plan Nacional de Descarbonización, el primero lanzado en el mundo, en febrero del 2019, y en línea con el Acuerdo de París, no es la ambición de un gobierno, sino la hoja de ruta para un país y su Estado.

Pero además, este plan le aportaría a Costa Rica más de $41.000 millones en beneficios, aun después de pagar los costos de las inversiones necesarias en transporte moderno y electrificado, prácticas agrícolas y ganaderas y la protección y restauración de ecosistemas, según el estudio realizado por el BID, la Corporación RAND, la UCR y la Dirección de Cambio Climático del Minae.

Debemos seguir consolidando la infraestructura para el desarrollo humano. La infraestructura vial que hemos logrado sacar adelante como no se conseguía hacía muchos años; la infraestructura ferroviaria, la cual contará con los nuevos trenes que ya llegaron al país; y con el afianzamiento en este período de dos proyectos estratégicos, como el tren eléctrico metropolitano y el tren eléctrico de carga del Caribe.

Conectividad. Pero así como el país llevó educación, salud y electricidad hasta los lugares más recónditos, lo mismo debe hacer con la infraestructura de conectividad. Hemos fallado como nación en lograrlo ágilmente, y las comunidades nos lo recuerdan, con razón, día tras día.

El proyecto de alfabetización digital debe ser aprobado en el Congreso para este propósito, y, además, el ICE, arreglando sus finanzas como lo estamos haciendo, debe repetir su historia, ahora con el reto de llevar la fibra óptica y la banda ancha por doquier.

Podemos eliminar la pobreza extrema en este lustro. Los sistemas de beneficiarios, como el Sinirube, nos ponen a la cabeza de América Latina. El año pasado, la OEA dio a Costa Rica el galardón en innovación por este programa. Con la solidaridad nacional y el margen fiscal subsanado, eliminar la pobreza extrema puede ser una realidad pronta.

La salud debe seguir siendo un pilar del desarrollo humano de Costa Rica y, como se demostró en la pandemia, es en la CCSS y la rectoría del Ministerio de Salud donde reside esa fortaleza. Por ello, firmamos el 31 de julio del año pasado un acuerdo histórico en el cual el Poder Ejecutivo se compromete en una ruta de pago de la deuda con la Caja, y como abono a esta y parte de este acuerdo hace unos días el BCIE aprobó un crédito por $500 millones para infraestructura de la institución, que el gobierno pagará. Su solvencia y eficiencia deben proyectarse en nuestro futuro.

Lo anterior no se será posible si debilitamos nuestra democracia y sus instituciones. La democracia debe combatir al populismo, que usa como arma las mentiras difundidas en las redes sociales, como recientemente señaló la propia Unión Europea.

El bicentenario nos da la oportunidad de hacer esto y mucho más. De ser un país más próspero y de felicidad compartida. En el trayecto que me ha correspondido gobernar, trabajo por esto.

Vivo con la fe de que la patria se apropie libre y decididamente de su destino. Parafraseando al poeta William Ernest Henley: no importa cuán estrecho sea el camino, ni cuántos castigos llevemos a nuestra espalda, somos los amos de nuestro destino, los capitanes de nuestra alma.

El autor es presidente de la República.