José Antonio González Anaya. 25 mayo

CIUDAD DE MÉXICO– Con los precios del petróleo en mínimos históricos, muchos están desesperados por tener una idea de lo que sucederá después en los mercados energéticos.

Como un sabio experto de la industria petrolera me aconsejó alguna vez, nunca debemos tratar de predecir el precio futuro, pero sí podemos arrojar luz sobre cómo la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2 está afectando los mercados petroleros hoy y cuáles son sus perspectivas.

Pero hay señales de que, aunque la demanda tardará en recuperarse, la oferta puede ajustarse más rápido que en crisis pasadas, y un precio más estable del petróleo puede ser alcanzado.

Hasta hace unas semanas, el mundo producía y consumía alrededor de 100 millones de barriles diarios (b/d). Pero las normas de distanciamiento social y las restricciones de movimiento destinadas a frenar las infecciones por covid-19 han causado el desplome de la demanda mundial de petróleo.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) pronostica que el consumo mundial de combustibles líquidos tendrá un promedio de 92,6 millones de b/d en el 2020, una disminución de 8,1 millones de b/d comparado con el 2019.

En junio, la producción de petróleo crudo de la OPEP podría caer por debajo de 24,1 millones de barriles diarios.

Al mismo tiempo, los inventarios de petróleo de países están cerca o al tope de su capacidad. Típicamente, los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) mantienen alrededor de 60 días de suministro de petróleo crudo.

Hoy, mantienen un suministro para 85 días. La EIA espera que los inventarios mundiales de petróleo crezcan a una tasa promedio de 2,6 millones de b/d este año, la mayor acumulación anual observada en los 40 años que la EIA ha monitoreado datos internacionales. Para ponerlo en forma simple: el mundo se está quedando sin espacio para almacenar petróleo.

Debido a que los mercados petroleros son altamente inelásticos a corto plazo, la combinación de la caída de la demanda y el aumento de los inventarios ha ocasionado la merma más abrupta en el precio del petróleo que se ha registrado en la historia.

Incluso, los precios llegaron a territorio negativo para algunos crudos, como el West Texas Intermediate y la mezcla mexicana de exportación.

Históricamente, las caídas abruptas en los precios del petróleo han sido breves, con recuperaciones en pocos meses. Eso fue lo que pasó después de la crisis financiera mundial del 2008 y el decrecimiento en el 2014. Pero, con una pandemia de salud mundial y una recesión económica a la vista, ¿será diferente en esta ocasión?

La respuesta depende, primero, de si la demanda se recuperará más lentamente en esta ocasión. Los países de la OCDE, ciertamente, están trabajando para asegurarse que no sea así.

Además de la expansión monetaria extraordinaria en varios países, los gobiernos del G20 han aprobado estímulos fiscales sin precedentes, el equivalente al 8 % del producto interno bruto (PIB), en promedio.

Los paquetes de estímulos fiscales son particularmente grandes en el Reino Unido (17 % del PIB), Francia (15 % del PIB) y Alemania (14 % del PIB).

El paquete fiscal de Estados Unidos —que representa el 10 % de su PIB— es el doble del tamaño de toda la economía mexicana.

Pero esta no es una crisis económica típica. Durante una pandemia, estimular la recuperación económica no es tan simple como alentar a las personas a moverse y a consumir.

Aun cuando las medidas de distanciamiento social se relajen, muchos negocios continuarán enfrentando restricciones en sus operaciones, desde limitaciones de proximidad física hasta interrupciones en sus cadenas de suministro.

Más aún, los consumidores podrían dudar de regresar a sus estilos de vida anteriores, lo cual significa que algunas industrias —como los vuelos comerciales y el turismo— seguirán batallando después de que se quiten las restricciones relacionadas con la pandemia.

Y, en ausencia de una vacuna o una cura, siempre existe la posibilidad de que nuevos brotes de infecciones obliguen a los países a cerrarse otra vez.

En cualquier caso, la recuperación económica no significa necesariamente un retorno a la “normalidad” de la prepandemia.

Por ejemplo, acuerdos de trabajo a distancia se podrían mantener y, con la enfermedad del coronavirus covid-19 vista en algunos países como una crítica a las cadenas de suministro globales, el comercio puede verse afectado.

En pocas palabras, hay muchas razones para prever que la demanda de petróleo no se recuperará tan rápido esta vez como ocurrió en crisis pasadas.

Eso no tiene que conducir al desastre, pero solo si los productores de petróleo pueden ajustar la oferta lo suficientemente rápido. En el pasado, esto ha sido difícil de hacer.

Los campos petroleros tradicionales requieren grandes cantidades de capital al inicio, pero una vez que producen el costo marginal de extracción es muy bajo.

Como resultado, los productores podrían dudar en “sacar de línea” campos cuando los precios del petróleo bajan.

Con el aumento del petróleo de esquisto, por otro lado, los costos marginales de producción han aumentado de manera considerable.

Entonces, cuando los precios del petróleo caen por debajo de su punto de equilibrio, la respuesta óptima es suspender la producción de inmediato.

Eso explica por qué la producción de petróleo de Estados Unidos, de la cual el esquisto representa una gran proporción, ya ha caído en un millón de b/d, desde su récord de mediados de marzo de 13,1 millones. La mayoría de los analistas prevén caídas de similar magnitud en los próximos meses.

Es difícil pronosticar la trayectoria de los mercados petroleros en el mejor de los tiempos. Durante una pandemia que ocurre una vez en un siglo, que ha detonado una recesión económica de una vez en un siglo, es imposible.

Pero hay señales de que, aunque la demanda tardará en recuperarse, la oferta puede ajustarse más rápido que en crisis pasadas, y un precio más estable del petróleo puede ser alcanzado.

José Antonio González Anaya: exsecretario de Hacienda y Crédito Público y ex director general de Pemex y del Instituto Mexicano del Seguro Social.

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