Columnistas

Página quince: Érase una vez

Tributo a la memoria de la persona con quien compartí 50 años.

Hace ya muchos años que nacieron los hijos. Hace ya mucho tiempo que se criaron los hijos. Después, vinieron los nietos. Y crecieron los nietos, solo un poco, pero bastante para llenar la casa no solo de costumbres, sino también de vida.

A lo sumo, dábamos por descontado que habría un final y que ese final nos alcanzaría a cada uno algún día porque sucede siempre y a todos les sucede. Pensábamos que pasaría mucho tiempo antes de ese día y de ese final.

Creíamos, cotidianamente, firmemente, que pasaría mucho tiempo antes de que cada uno completara lo ancho y lo largo del camino de su propia vida, que es casi lo mismo que decir el camino de nuestra vida porque todo era a la vez cotidiano, simultáneo y conjunto, colectivo. Lo razonable era ocuparnos de las vicisitudes del camino. No había necesidad de pensar en el final del camino.

­"Querida abuela: Me gusta cuando juego con vos // y me gusta cuando me lees cuentos // y me gusta cuando hacés galletas conmigo // y me gusta cuando riego las plantas con vos // y me gusta cuando pinto con vos // y me gusta cuando hacés cosas y yo te miro". Era así de simple. Así de sencillo.

Hay un momento en que se muere. Hay un momento preciso en que se muere. Enseguida, se deja de morir. La muerte ya acabó. Enseguida no hay nada. A partir de ese momento no hay interlocutor, no hay comunicación. No hay conversación, no hay nada humano. Hay vacío, hay silencio. De nuestro lado, hay memoria: pero no hay otro lado, no hay más allá, no hay ahí, no hay nada.

Cuando se muere, si alguien está presente y observa, sabe cómo y cuándo el otro muere, pero solo él lo sabe porque solo él lo ve. Y después ve lo que queda cuando la muerte ha terminado, cuando ese último instante se disipa: algo muy distinto, muy diferente a lo que era, otra sustancia. Algo y no alguien porque ya aquello no es ni será más lo mismo.

La muerte, su muerte, nos da un oficio. Gestionar lo que viene a continuación, lo que sucede en adelante, cuando ella salió del tiempo y ya no está. Hacerlo mejor o peor, modelados como estamos por las rutinas y la cercanía de la cotidianidad.

Para L., que coleccionaba mis escritos.

El autor es exmagistrado.

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