Gabriela Arguedas Ramírez. 8 julio

Este 8 de julio el Ministerio de Salud reportó 350 nuevos casos de covid-19. Llevamos ya 5.836 confirmados. El 50 % de los contagios contabilizados fue detectado en los últimos 15 días. Al día de ayer 113 personas estaban hospitalizadas, 11 de ellas en cuidados intensivos.

Desconocemos cuál es el estado general de salud de las personas recuperadas. Ni la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ni el Ministerio de Salud brindan información acerca de la morbilidad asociada a la covid-19, es decir, sobre las secuelas de la enfermedad en quienes se han recuperado.

Sabemos, por la información reportada en otros países, que la neumonía por coronavirus deja serios daños en los pulmones y los riñones, entre otras consecuencias graves.

Con esto quiero enfatizar que el foco de atención de la población no debe estar solo en la tasa de mortalidad, que en Costa Rica, a pesar del significativo aumento de casos, sigue siendo muy baja. Necesitamos saber también en qué condiciones están los recuperados. La información contribuiría a motivar de un modo más eficaz la adopción de hábitos de prevención.

Con el aumento exponencial de contagios, es un hecho que se incrementarán también las hospitalizaciones y los ingresos en las unidades de cuidados intensivos. Es inevitable cuando un país entra en la fase de contagio comunitario.

Y, en consecuencia, al haber más personas internadas en dichas unidades, el margen de maniobra del sistema de salud disminuye dramáticamente, no solo para atender a los enfermos de covid-19, sino también a la población que, por una u otra razón, requiera atención crítica, como, por ejemplo, por un infarto agudo de miocardio o un accidente cerebrovascular.

Este es el panorama más aterrador de la pandemia y el que llevamos meses observando en muchos países, como Italia, España, Ecuador, Perú, México, Estados Unidos, el Reino Unido, etc.

La pregunta es por qué tantas personas en Costa Rica presumieron que no íbamos a llegar a este punto. En todo caso, si colectivamente no sumamos esfuerzos de inmediato para cambiar el rumbo de los acontecimientos, la catástrofe se instalará en cuestión de días.

En los hospitales deberán hacer esfuerzos titánicos para brindar una atención que cumpla con los requerimientos mínimos de calidad a quienes la necesiten.

¿Alcanzarán los tanques de oxígeno, los medicamentos, las camas, los monitores, los sueros fisiológicos, los equipos de diálisis, etcétera? Porque, aclaro, no se trata únicamente de tener suficientes equipos de ventilación mecánica, es mucho más que eso.

Además, debemos preguntarnos si, llegado el momento, la CCSS contará con suficientes internistas, intensivistas, personal de enfermería y demás personal sanitario. Y también es preciso saber si todo ese personal tendrá acceso al mínimo equipo de protección necesario para hacer su trabajo sin exponer su vida.

En un momento tan crítico como el actual, es muy tentador buscar un chivo expiatorio al cual culpar por todo lo que está saliendo mal. Sin embargo, ese camino no nos lleva a solucionar nada a corto plazo.

Antes de sugerir criterios contrarios a los derechos humanos y a los principios bioéticos para realizar el triaje en una unidad de cuidados intensivos, deberíamos estar buscando la manera de disponernos a trabajar en equipo para no llegar a ese momento trágico.

Si la sociedad costarricense suma voluntades —a pesar de las diferencias políticas y culturales— disminuirá la presión sobre los hospitales y, así, será posible evitar el temido escenario de decidir quién tendrá la oportunidad de luchar por su vida y quién no.

Es indispensable que tanto la CCSS como el Ministerio de Salud mejoren sus estrategias comunicativas y educativas, y atiendan las diferencias entre sectores poblacionales.

No debemos seguir tolerando la diseminación de teorías de la conspiración y de mensajes promotores de conductas irresponsables y riesgosas. Pero, asimismo, es un momento crítico en el cual debe primar un objetivo común, compuesto por tres ejes de acción: protección de la vida de las personas, del Estado social de derecho y de las micro, pequeñas y medianas empresas, que son las que más empleo crean.

Para ello, son necesarios mecanismos de justicia tributaria y distributiva, es decir, no seguir tolerando la evasión y elusión fiscales. Es urgente comprender, como lo explicó el filósofo escocés Thomas Reid, que una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.

La autora es bioeticista.