Jurgen Ureña. 13 marzo

La BBC News informó hace un par de semanas los inesperados beneficios para el ambiente que ha traído consigo la pandemia del coronavirus.

Según los cálculos de Lauri Myllyvirta, del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio de la Universidad de Helsinki, durante tres semanas de febrero, China emitió 150 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono (CO2) menos que durante el mismo período del año pasado. La cifra equivale a todo el CO2 que la ciudad de Nueva York emite durante un año.

Otro de los beneficios inesperados del covid-19 en relación con el cambio climático es el impulso que ha experimentado el teletrabajo durante los últimos días.

El coronavirus ha triunfado donde fallaron las negociaciones internacionales y ha conseguido una reducción del 6 % de las emisiones a escala global.

La directora del Programa de Seguridad Energética y Cambio Climático del Consejo de Relaciones Exteriores, Amy Jaffe, comentó a Deutsche Welle: “El virus está cambiando nuestros hábitos de una forma que puede contribuir a luchar contra el cambio climático a largo plazo”.

Sin duda, es una buena noticia, que surge en medio de la preocupación y las alarmas que se extienden por todo el planeta.

Otro de los beneficios inesperados del covid-19 en relación con el cambio climático es el impulso que ha experimentado el teletrabajo durante los últimos días.

A distancia. Como una medida de contención frente a la amenaza del coronavirus, la Presidencia emitió el 9 de marzo un comunicado de prensa en el que recomendaba implementar el teletrabajo en instituciones públicas e instaba al sector privado a tomar medidas similares.

De acuerdo con una investigación publicada en el Primer informe sobre el estado del teletrabajo en Costa Rica, en el 2017, el 92 % de los funcionarios consideraba que existían condiciones para hacer teletrabajo en su institución, pero menos del 30 % de esas entidades lo permitía.

En el sector privado, solo un 21 % de las empresas invertía en labores a distancia y lo hacían menos del 10 % de sus trabajadores.

Históricamente, el teletrabajo se ha puesto en marcha en el país por debajo de sus posibilidades; en buena medida, porque la voluntad política y la cultura empresarial no lo han favorecido.

La llegada del covid-19 ha evidenciado los beneficios de la labor remota, dentro de los cuales se incluye mayor aprovechamiento del tiempo, aumento de la productividad, reducción de los costos de operación y disminución de los traslados al centro laboral, lo que a su vez representa un beneficio para el ambiente.

Durante las últimas décadas, el teletrabajo ha sido una opción para aquellas empresas que aspiran a optimizar su funcionamiento.

Hoy, el trabajo a distancia ha modificado su estatus en el ámbito empresarial y se ha convertido en un gesto de responsabilidad ciudadana. Un gesto que desborda las fronteras de eso que todavía llamamos patria.

La vida global. Un día después de que el viceministro de Salud de Irán, Iraj Harirchi, apareció en una conferencia de prensa y restó relevancia a la propagación del virus, al afirmar que las cuarentenas masivas no eran necesarias, hizo una breve declaración en la que admitió haber contraído el covid-19. “Este virus es democrático y no distingue entre pobres y ricos o entre un estadista y un ciudadano común”, afirmó, entonces, Harirchi con palabras de arrepentimiento.

A pocos días de las declaraciones de Harirchi, el matrimonio formado por los actores Tom Hanks y Rita Wilson está en aislamiento en un hospital australiano, tras haber dado positivo a la prueba del coronavirus. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, está también en cuarentena. Y hay incertidumbre con respecto a la prueba del covid-19 del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien hace pocos días cenó en Miami con el presidente estadounidense, Donald Trump.

Viajamos todos en el mismo barco: los ricos y los pobres; los ambientalistas y los negacionistas del cambio climático; y los antivacunas. Estamos juntos, aunque ahora casi siempre a 1,8 metros de distancia, como recomienda la Caja Costarricense de Seguro Social. Frente a la amenaza del coronavirus, estamos unos al lado otros, juntos, pero no revueltos.

“Es difícil pasar por alto la suprema ironía: lo que nos unió a todos y nos empujó a la solidaridad global se expresa en la vida cotidiana en órdenes estrictas de evitar los contactos cercanos con los demás, e incluso de autoaislarnos”, afirmó recientemente el filósofo esloveno Slavoj Zizek.

Bienvenidos al nuevo mundo, donde los grandes cambios llegan acompañados de grandes paradojas. No deja de ser curioso, por ejemplo, que un virus proveniente de China ponga de cabeza las condiciones laborales de Occidente.

La vida global se mide justamente en esos términos y a esa escala. Para quien lo dude, existe American Factory (2019): el documental ganador en la reciente entrega de los Premios Óscar, que trata sobre los grandes cambios laborales de la vida actual. Está disponible en Netflix.

Confinamiento y excepción. La existencia de la Ley para Regular el Teletrabajo no supone que laborar a distancia resuelva la crisis del coronavirus ni lo desliga de algunas problemáticas sociales.

Por ejemplo, conviene pensar con detalle en la condición de confinamiento en hogares con antecedentes de violencia intrafamiliar y entender que, en muchos casos, el trabajo fuera de la casa ha actuado como una válvula de escape.

Además, no todos los sectores profesionales están en condiciones de teletrabajar, como se comprueba al pensar en los empleados de los cines, los restaurantes, los supermercados, el transporte, las maquilas, la construcción o el turismo. Este último, sector fuertemente afectado por el brote del virus y que reporta cerca de 8.000 cancelaciones de las actividades, según confirmó el jueves la Cámara Nacional de Turismo.

Quedan todavía muchas situaciones por resolver y muchas preguntas en el aire. Los médicos en cuarentena, ¿pueden trabajar desde sus casas y hacer telediagnósticos?

La idea parece sacada de una película de ciencia ficción, aunque no por ello conviene apartarse de esta. Tal vez sea incluso lo más conveniente, en lugar de prescindir de los servicios de los médicos.

En poco tiempo, el coronavirus ha representado grandes trastornos a escala global, pero ha sido también un estímulo para la ejecución de cambios necesarios y un diagnóstico sobre el estado de las sociedades.

Tales beneficios, al igual que la reducción del 6 % de las emisiones de CO2 del mundo, se los debemos al ahora célebre covid-19.

El autor es cineasta.