Eli Feinzaig. 12 septiembre

Los ciudadanos a menudo esperamos que los políticos nos resuelvan todos los problemas, y luego nos quejamos de que no suceda así. Pero rara vez nos damos cuenta del poder que tenemos —“La potestad de legislar reside en el pueblo”, dice el artículo 105 de nuestra Constitución Política— y de cómo se potencia cuando nos organizamos. Para muestra, un botón.

La Federación Costarricense de Pesca (Fecop) es una organización no gubernamental que reúne a diversas asociaciones de pescadores y operadores turísticos y deportivos de los litorales costarricenses. Además de promover la pesca deportiva y el turismo de pesca en Costa Rica y de fomentar la adopción de las mejores prácticas en la industria, lleva a cabo investigación científica y socioeconómica de altísimo nivel, que le sirve de base para elaborar y promocionar propuestas de política pública para el uso sostenible y responsable del recurso pesquero.

A instancias de la Fecop, en el 2014, el gobierno adoptó el Decreto Ejecutivo 38681-MAG-Minae, Ordenamiento para el aprovechamiento de atún y especies afines en la zona económica exclusiva del océano Pacífico costarricense. Lo que pretendía dicho decreto era separar geográficamente la pesca industrial de gran escala, llevada a cabo en nuestros mares por flotas extranjeras, de los otros tipos en los que participan los costarricenses, como la artesanal comercial, la semiindustrial, la deportiva y la turística.

Lo anterior se logró estableciendo una zona comprendida entre las 12 y las 40 millas náuticas a partir de la línea costera, que se reserva para las actividades de pesca de menor capacidad e impacto. También quedó prohibida la pesca con redes de cerco y la pesca industrial de gran escala en las primeras 45 millas desde la costa, lo que resguarda más de 200.000 kilómetros cuadrados de nuestro mar territorial.

Panorama favorable. Para medir el impacto del decreto de zonificación, Marina Marrari, investigadora de la Fecop, bióloga marina, doctora en Oceanografía y exinvestigadora de la NASA y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, analizó, por primera vez en nuestro país, datos de capturas de diferentes especies de interés para la actividad. Fue posible gracias a la colaboración de distintos centros de pesca turística y deportiva del Pacífico, que compartieron con la Fecop sus registros de pesca, algunos de hasta 30 años de antigüedad.

Aunque las series de tiempo aún son cortas para derivar conclusiones estadísticamente válidas, los resultados preliminares sugieren que las poblaciones de atún, marlín, dorado y otras especies costeras muestran más abundancia en los últimos tres años, con relación a los valores promedio anteriores al 2014, cuando se aprobó el mencionado decreto. Esto es altamente beneficioso no solo para la pesca deportiva y turística, sino también, y especialmente, para los pescadores artesanales, comerciales y semiindustriales de pequeña escala, que desarrollan su actividad en la zona más próxima a la costa.

Si se combinan los datos mencionados con información satelital obtenida directamente de la NASA, el análisis de la doctora Marrari sugiere que los factores ambientales, como la temperatura del mar y el fenómeno de El Niño, tienen una fuerte influencia sobre las poblaciones de peces como el vela y el marlín. Los patrones de abundancia observados son consistentes para todas las especies estudiadas a lo largo de la costa del Pacífico costarricense, especialmente de atún, dorado, pez vela, marlín y wahoo.

Simultáneamente, Henry Marín, de la Fecop, máster en Desarrollo Comunitario Sustentable, junto con la economista agrícola Adriana Chacón, efectuó un estudio sobre el impacto macroeconómico y local de la pesca turística y deportiva en Costa Rica y calcularon su aporte al PIB nacional en $520 millones en el 2017. Este dato es conservador considerando que el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica lo había cifrado en $599 millones, en un estudio publicado en el 2010 utilizando datos del 2008 (Un análisis de la contribución económica de la pesca deportiva y comercial a la economía de Costa Rica de Max Soto). La industria pesquera turística y deportiva ha seguido creciendo en la última década, a la cual se le han sumando nuevas marinas —Papagayo y Quepos— y múltiples nuevos operadores.

Nuevos pescadores. Marín y Chacón también encontraron que la actividad generó grandes beneficios en términos de ingresos, pero también de bienestar y calidad de vida autopercibida por las personas involucradas directa e indirectamente en ella, en comunidades pesqueras como Herradura, El Coco, Golfito, Tamarindo, Puerto Jiménez, Quepos y Flamingo. La pesca turística y deportiva ha contribuido a crear empleos, en particular para las personas jóvenes, quienes sufren los mayores índices de desempleo a escala nacional, los motiva incluso a capacitarse y especializarse en oficios propios de la actividad y despierta en ellos una mayor conciencia acerca de la necesidad de proteger los recursos naturales y cuidar las especies de interés para el sector.

Adicionalmente, la Fecop está impulsando un proyecto mediante el cual las mujeres peladoras de camarón del cantón central de Puntarenas —que han perdido su única fuente de ingresos desde la declaratoria de inconstitucionalidad de la pesca de arrastre— están aprendiendo a producir señuelos para la pesca deportiva, para ser vendidos al público por medio de las diversas tiendas especializadas en pesca y artículos deportivos del país.

La Fecop ha traído de Estados Unidos a expertos en la elaboración de estos señuelos para capacitar a las expeladoras y, en estrecha colaboración con el INA, la Universidad Latina y el Incopesca, está ayudándoles a constituir una cooperativa que les brinde la figura jurídica necesaria para desarrollar este emprendimiento, el cual mejorará su condición socioeconómica y su calidad de vida, y contribuirá a resolver, por lo menos en parte, la triste y grave situación en que ha quedado sumida la comunidad pesquera puntarenense desde la prohibición de la pesca de arrastre. Es un magnífico ejemplo, puesto en práctica, del proverbial enseñarles a usar la caña de pescar en vez de regalarles el pescado.

Las finanzas públicas están en una situación muy delicada. El 2019 será el décimo año consecutivo con un déficit fiscal superior al 4 %, en ocho de los cuales fue más del 5 %. Aun con la entrada en vigor de la reforma fiscal aprobada en diciembre pasado, el déficit se proyecta en un 6,4 % del PIB este año. No podemos pretender que el Estado lo resuelva todo porque simplemente no tiene los recursos.

Deberíamos facilitar la conformación de alianzas público-privadas y promover más acciones como las descritas, desde la sociedad civil y el sector privado productivo, y de esta forma demostrar el enorme poder que tenemos los ciudadanos cuando nos lo proponemos.

El autor es economista.