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Página quince: El eslabón perdido en el desarrollo económico

Como la persona del martillo que ve cada problema como un clavo, los economistas estudian el mundo a través del lente de los incentivos

CAMBRIDGE– No hace falta ser un neurocientífico para entender que el cerebro determina lo que vemos, al menos tanto como los objetos de percepción.

Esto es aún más válido en el mundo social, que por lo general refleja conceptos —como libertad, democracia, corrupción o pobreza—, que existen en nuestra mente antes de verlos. Pero si uno es economista, tiene la mente entrenada para ver el mundo a través de la capa adicional de los incentivos.

Los incentivos están en todas partes, y la economía ha desarrollado un marco conceptual rico y sutil para entender todas las maneras en las que podrían distorsionarse.

Hablamos de riesgo moral, selección adversa, problemas de recursos comunes, problemas de agencia, externalidades, búsqueda de rentas, excluibilidad, rivalidad y poder de mercado.

Con estos conceptos, los economistas pueden explicar por qué alguien podría hacer demasiado poco de algo bueno (como invertir, trabajar o brindar bienes públicos) o demasiado de algo malo (como tomar riesgos imprudentes o contaminar). Vistos de esta manera, la mayoría de los problemas en el mundo pueden atribuirse a incentivos distorsionados.

Sin embargo, un antiguo proverbio advierte que no debería verse cada problema como un clavo solo porque tenemos un martillo en la mano.

Si bien la economía capta muchas de las sutilezas de los incentivos, ha desarrollado una paleta relativamente acotada con la cual describir las capacidades y cómo se desarrollan. Pero las capacidades claramente importan.

Si alguien no está haciendo algo que valoramos como sociedad, podría ser porque no puede, no porque no quiere. Esta debilidad en la economía tiene implicaciones de amplio alcance con respecto a cómo entendemos el crecimiento y el desarrollo económicos, que tiene que ver esencialmente con la acumulación social de capacidades productivas.

Mientras los incentivos afectan las elecciones que realizamos entre las opciones que enfrentamos, las capacidades determinan con qué opciones contamos.

El crecimiento y el desarrollo económicos tienen que ver con la expansión de esas opciones y, por ende, dependen fundamentalmente de políticas que catalicen o favorezcan la acumulación de capacidades. Sin embargo, debido al foco exclusivo en los incentivos, los economistas y los responsables de las políticas terminan buscando solo clavos.

Por ejemplo, cuando se les pregunta qué se podría hacer para fomentar las exportaciones de un país, los economistas tienden a buscar desincentivos para exportar.

Quizás el proteccionismo comercial esté produciendo que las empresas prefieran el mercado doméstico rentable por sobre mercados exportadores más competitivos y riesgosos.

Quizá los aranceles a las importaciones estén causando una subida de los costos de los insumos, haciendo que las exportaciones resulten menos rentables.

Tal vez las políticas comerciales y los procedimientos aduaneros engorrosos estén sumando costos de transacción. O quizá los elevados costos del transporte se han vuelto un problema.

No sorprende que todos estos factores basados en incentivos estén incluidos en el índice de facilidad para hacer negocios, del Banco Mundial, y en el índice de facilitación del comercio, del Foro Económico Mundial.

Son pocas las veces en que los economistas que estudian esta cuestión consideran si un país tiene las capacidades necesarias para producir los productos correctos de la calidad correcta o no.

¿Políticas destinadas a bajar las protecciones comerciales y reducir los costos de transporte mejorarían esa capacidad? ¿O una mayor competencia en el mercado doméstico impediría la industrialización y debilitaría la capacidad para negociar con empresas extranjeras? Sin una visión sobre cómo estas políticas afectan la acumulación de capacidades, ni siquiera se pueden evaluar como corresponde.

De la misma manera, ante la pregunta sobre por qué gran parte del empleo de los países emergentes y en desarrollo está en microempresas —es decir, en el sector informal—, la respuesta obvia, según sostiene Santiago Levy, de la Brookings Institution, es que el gobierno, mediante impuestos y subsidios, ha conseguido que resulte ventajoso seguir siendo pequeño.

Pero ¿no es posible también explicar el problema por la falta de acceso de las microempresas a las capacidades necesarias para crecer o por la falta de acceso de las grandes empresas a trabajadores distantes?

Para ampliar sus capacidades —y, por ende, sus opciones—, los países y las empresas necesitan aprender a hacer las cosas que todavía no saben cómo hacerlas. Sin embargo, no podemos aprender a hacer las cosas que no hacemos simplemente haciéndolas. No se adquiere experiencia efectuado cosas que uno no hace.

¿Cómo le es posible a un país escapar a esta encrucijada? Un primer paso obvio es convocar a personas o empresas que sí saben cómo hacer esas cosas.

Muchos estudios demuestran que la migración, las diásporas, la inversión extranjera directa y hasta los viajes de negocios son factores fundamentales en el crecimiento de las capacidades domésticas.

Los responsables de las decisiones políticas tienen que preguntar si los países están haciendo cosas (o no están haciendo cosas) que estarían limitando (o mejorando) estos canales potencialmente transformadores.

Asimismo, lo que interesa no es solo la diversidad de las habilidades individuales, sino también la disponibilidad local de proveedores o clientes, especialmente para insumos o productos imposibles de transportar fácilmente.

Una vez más, estos factores dependen de la estructura del ecosistema comercial existente que las empresas dan por hecho. Y ese ecosistema, a su vez, es un reflejo de la acumulación previa de capacidades, inclusive de aquellas adquiridas por el gobierno y utilizadas para ofrecer bienes públicos y regulaciones específicas.

  • Muchos estudios demuestran que la migración, las diásporas, la inversión extranjera directa y hasta los viajes de negocios son factores fundamentales en el crecimiento de las capacidades domésticas.

Los mercados por sí solos no llevarán a un país a adoptar electricidad, trenes de alta velocidad, vacunas seguras y banca móvil; gobiernos interesados y capaces deben intervenir para guiar el proceso.

En suma, existen capacidades en diferentes niveles —desde individuos y empresas hasta cadenas de valor y ecosistemas enteros que comprenden entidades educativas, de capacitación, de investigación, regulatorias y otras—. Pero las capacidades no pueden ser coordinadas exclusivamente por los mercados, sobre todo porque muchas existen dentro de organizaciones que no pertenecen al mercado.

La acumulación de capacidades debe estar en el centro de toda agenda de crecimiento y desarrollo, y los gobiernos deben estar dispuestos a participar en discusiones nacionales y regionales de objetivos apropiados y estrategias eficaces.

Hay muchos instrumentos que se podrían utilizar para desarrollar capacidades. Estos incluyen la protección comercial de las industrias incipientes; garantías de demanda (como los contratos para comprar vacunas contra la covid-19 antes de que se haya demostrado que funcionan); empresas estatales (como en el sistema postal y los servicios públicos); políticas que instan a los conglomerados nacionales a diversificarse; corporaciones nacionales de desarrollo (como Temasek de Singapur y Khazanah de Malasia), sueños lunares (como propuso Mariana Mazzucato) y sistemas de innovación regionales y nacionales.

El aporte más significativo de la economía al mundo es profundizar nuestro entendimiento de los incentivos. Pero no tener una comprensión equivalente de las capacidades puede llevarnos no solo a ver todos los problemas como un clavo, sino también a clavar a los países en desarrollo a una cruz de falsa ortodoxia.

Ricardo Hausmann: exministro de Planificación de Venezuela y ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, es profesor en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y director del Harvard Growth Lab.

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