Jorge Woodbridge. 14 julio

La pandemia está saliendo muy cara al mundo entero y los pronósticos a corto y mediano plazo no son nada halagüeños.

La covid-19 producirá una contracción del 5 % del producto interno bruto (PIB) mundial. En Estados Unidos alcanzaría el 10 %; en la zona euro, el 8 %; en Centroamérica, un 4 %; y en países emergentes un 5 %.

Lo anterior significará un grave retroceso en los campos social y económico. Las acciones rápidas de los bancos centrales parecen conjurar los temores de una crisis financiera.

El levantamiento lento de las restricciones sanitarias generan una frágil recuperación. El precio del petróleo parece sostenerse en $40 el barril y el precio de las materias primas se estabilizan.

Una baja en la política monetaria y un aumento en la liquidez mejoran las condiciones financieras, pero no aseguran crédito más barato debido a la incertidumbre y el riesgo.

La caída de los flujos globales es aún incierta. En una economía interconectada, sin rumbo claro de recuperación, mientras no se controle la cantidad de contagios, será difícil reconstruir el tejido empresarial.

Normalidad. Los pronósticos serán cada día más complejos de hacer. No se sabe cuánto la crisis golpeará el empleo ni cuáles actividades sobrevivirán. La destrucción de puestos de trabajo ha sido salvaje y nada indica una mejora, todo lo contrario.

Hay quienes visualizan una vuelta a la normalidad a muy largo plazo, porque el levantamiento de las medidas de forma total dependerá de la vacuna o de la creatividad y responsabilidad personales para operar aunque el virus sea una amenaza durante años.

Las medidas de confinamiento generaron una contracción del 7,5 % del PIB costarricense, solo en mayo, y los sectores más afectados son el industrial, el comercial, el de la construcción, el del transporte, el turístico y el gastronómico.

Se pronostica un desempleo del 18 % para finales del año. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) perdió 83.000 cotizantes entre febrero y abril, lo cual pone en serio peligro las finanzas de la institución.

La masa salarial de cotizantes disminuyó en ¢210.000 millones entre marzo y mayo. La política de “la danza y el martillo” dificulta la recuperación económica, de ahí la necesidad de buscar una solución integral sanitaria, con el apoyo de todos.

La caída de la actividad económica este año será un 3,9 % del PIB y la recuperación del 2021 dependerá de las medidas y del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El consumo de los hogares caerá un 4 %; la inversión, un 17,5 %; y el ingreso per cápita un 4,6 %.

El deterioro de las principales economías tendrá como consecuencia la caída de la inversión extranjera. Por la incertidumbre y la precariedad de la economía nacional, los bancos tienden a ser más cautelosos en el otorgamiento de créditos.

Su principal preocupación es, primero, la readecuación de las operaciones de sus clientes. Los ahorrantes, más informados y precavidos, se decantaron por depósitos a corto plazo.

Este año estaremos en un mercado con presiones deflacionarias, con un tipo de cambio muy estable debido a la contracción de la demanda interna y al endeudamiento externo.

Fiscalidad. La recaudación de impuestos es una de las víctimas de la pandemia. Los ingresos fiscales ya bajaron un 1,2 % y el gasto corriente aumentará un 3,8 %, en parte por los subsidios y los gastos financieros y sanitarios. El déficit pasará de un 7 % en el 2019 a un 9,5 % en el 2020. La deuda total subirá del 58,8 % al 71 %.

El gobierno requerirá financiamiento interno por $3.400 millones y externo, por $2.500 millones, más depósitos estatales por $859 millones para cubrir un déficit financiero de $4.400 millones y amortizaciones por $2.430 millones, para un total de $6.830 millones.

El panorama no se vislumbra mejor para el año siguiente. El 2021 demandará $9.200 millones, lo cual significa una necesidad de recursos adicionales de $2.348 millones.

Este cuadro tan complejo exige recurrir al FMI como tabla de salvación o caer en un caos financiero. El FMI le otorgará a Costa Rica una carta de presentación que hará posible, a la vez, buscar ayuda de otras entidades internacionales para estabilizar la economía.

En un contexto de tal caos económico, el gobierno deberá reducir gastos y mantener la política de apoyo a quienes pierdan sus trabajos y a los más vulnerables por edad, condición social o estado de salud.

Solo queda un camino, y es seguir siendo estrictos en el cumplimiento de las medidas sanitarias, porque cuanto mejor se manejen los números de la pandemia, más rápido podría establecerse una política más vigorosa de apertura gradual de la economía, en beneficio, primero, del bienestar de los costarricenses y, segundo, de las finanzas públicas.

El autor es ingeniero.