Daniel Baeza Víquez. 21 enero
12/1/2021 Fachada del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Foto: Rafael Pacheco
12/1/2021 Fachada del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Foto: Rafael Pacheco

La crisis financiera del 2008 abrió la puerta a una nueva normalidad en los mercados financieros, y los bancos centrales asumieron un rol activo con el objeto de brindar estabilidad, pero muchos críticos piensan que tienen pocas herramientas disponibles.

Los centrales cuentan con tres tipos de políticas monetarias para estimular la economía en tiempos de desaceleración. En el primero es utilizar su tasa de política monetaria para acelerar el crecimiento. Al bajar la tasa, incrementan la riqueza de los inversionistas, porque el valor presente sube, e incentivan el uso de crédito para adquirir bienes y servicios, lo cual incrementa la demanda.

El problema surge cuando la tasa de política pierde efecto al llegar al 0 % y es aquí cuando deben hacer la transición hacia el segundo tipo.

En este otro escenario, los centrales estimulan la economía por medio de la compra de activos financieros, sustituyen el activo del inversionista por efectivo y este es usado para adquirir más activos financieros, lo que genera una reducción en las primas de riesgo y un alza en los precios.

Esta política pierde efecto cuando los activos financieros ofrecen rendimientos tan bajos que no justifican el riesgo asociado y, por tanto, es preciso moverse hacia el tercer tipo de política, que consiste en la coordinación fiscal y monetaria.

Los centrales pueden prestar, pero no gastar, que es responsabilidad por excelencia de los gobiernos, y esta sería la razón por la cual el tercer tipo requiere la coordinación de ambos entes.

Los bancos centrales mantienen tasas bajas para facilitar al gobierno emitir deuda a bajo costo y canalizar los fondos hacia la economía real, mediante programas de incentivos para pymes y transferencias directas a personas. El problema es que requiere compromiso político y espacio fiscal para incrementar la deuda.

La tasa monetaria en Costa Rica ya está cercana al 0 %, el Banco Central (BCCR) está restringido para comprar activos financieros del mercado y no existe flexibilidad fiscal para que el gobierno apoye directamente la economía real.

Otra opción. Fitch estima que en el 2021 el crecimiento del PIB será un 2,24 %, el déficit fiscal alcanzará el 7,44 % y el ratio de deuda/PIB cerrará en un 70,2 %.

El gobierno no tiene posibilidades de apoyar a las pymes, que aportan un 34,5 % del empleo y representan un 35,7 % del PIB. Este sector es clave para el desarrollo del país y de alguna manera debe brindársele alivio en liquidez y capital de trabajo.

Existe una nueva teoría económica llamada tasas de interés duales, que reta el concepto ortodoxo monetario. Las tasas duales brindarían al BCCR mayor capacidad para estimular la economía mediante el uso de dos tasas independientes y que, de forma separada, le permitirán controlar las tasas activas y pasivas.

El BCCR ofrecería un programa de préstamos especiales a una tasa activa negativa y, paralelamente, una tasa pasiva por encima de la activa. Por ejemplo, prestar colones a los bancos a tasa fija de un -1 % y recibir depósitos al 2 %, lo cual rompe el dilema de beneficiar a los deudores (cuotas bajas) y perjudicar a los ahorrantes (bajos cupones) cuando la tasa del BCCR está en un 0,75 %.

El BCCR lanzó recientemente un programa de préstamos por ¢842.887 millones. La intención es correcta, pero las condiciones dificultarán que estos fondos lleguen a la economía real.

Las condiciones para ejecutar el programa de préstamos especiales que recomiendo son:

1. Negociarlo bilateralmente entre el BCCR y los bancos y separado del corredor MIL, porque la tasa de interés será negativa.

2. Contar con una garantía del Gobierno no fondeada para evitar que los bancos asuman el riesgo. Este aval no tiene un impacto sobre la liquidez o endeudamiento inmediato, es un pasivo contingente que se materializa contra default del deudor. Un mecanismo de préstamos sin garantía transferiría el riesgo a los bancos y, consecuentemente, no prestarían.

3. Los préstamos se otorgarían en colones y a plazos de entre 48 y 60 meses y no sujetos al encaje mínimo legal.

4. Los bancos concederían el crédito a sectores claves de la economía, previamente seleccionados por el BCCR y con un spread máximo definido por el ente emisor.

5. Los préstamos deberán ser utilizados por los deudores para la sustitución de pasivos o fondeo nuevo. El objetivo siempre será conseguir una reducción del costo de la deuda para los solicitantes y liberar sus flujos de efectivo.

6. Los bancos deberán comprobar ante la Sugef la baja en la tasa ponderada de sus carteras de crédito como consecuencia del uso de la facilidad.

7. Los bancos no podrán arbitrar la facilidad ni utilizar los fondos para luego depositarlos en el BCCR a una mayor tasa sin haberlos prestado. Deberán llegar a la economía real sin excepciones.

En paralelo, el BCCR mantiene su tasa pasiva en territorio positivo en beneficio de los ahorrantes y pensionados.

Los ahorrantes seguirán recibiendo un ingreso positivo por sus inversiones y esto evita la trampa de liquidez que perjudica a los bancos comerciales, porque expone su liquidez a plazos cortos y no genera fondeo estable.

Tasas duales. Existen dos críticas a las tasas duales. La primera es que el BCCR cargará un margen de interés negativo en su balance al prestar a un interés inferior al que paga por depósitos. Este spread negativo impacta el patrimonio, pero la contabilidad de los bancos comerciales no afecta al BCCR, y este sí tiene margen para operar con patrimonio negativo.

Los centrales tienen la potestad de crear cuantos pasivos en moneda local consideren necesarios y el concepto de default en colones no se aplica. Aunque el efecto negativo podría traducirse en inflación, Fitch estima que el IPC en el 2021 será de 85 pb, por lo cual hay grados de libertad.

La segunda crítica es el posible arbitraje de los bancos. El requisito innegociable es que los préstamos deben llegar a los deudores para aliviar el costo del adeudo.

Los reguladores cuentan con completa visibilidad de los fondos prestados para la trazabilidad y asegurarse de que no haya arbitraje directo.

Ahora bien, los recursos, una vez prestados, seguramente entrarán en las arcas del mismo banco que lo prestó o serán depositados en otro, es decir, regresarán al BCCR y este cobrará la tasa de depósito.

Si bien el objetivo es beneficiar la economía real, no a los bancos comerciales, estos podrían recibir un beneficio de rebote.

En conclusión, con esta propuesta, el BCCR no se ve forzado a escoger a cuál sector beneficiar y a cuál perjudicar con su política monetaria. Deja de ser un juego de suma cero y la economía real recibe el beneficio completo.

Siempre habrá razones por las cuales muchos pensarán que este planteamiento no es el ideal. En el mundo financiero nunca existe una solución sin riesgos; lo que debemos preguntarnos es si esta propuesta es una mejor opción con respecto a la política monetaria actual. Mi respuesta es un rotundo sí.

El autor es especialista en créditos estructurados, derivados y renta fija, su opinión no representa la de su empleador.