Carlos Alvarado Quesada. 19 agosto

Los grandes problemas que enfrentamos como país son el resultado de la posposición de decisiones, fuese por inacción o por bloqueo, fuese porque había margen o por temor a la impopularidad durante los ciclos políticos. También por la toma de decisiones atractivas a corto plazo, tal vez incluso adecuadas, pero que nos pasan hoy la factura.

Nuestro rumbo como gobierno es romper el ciclo de posposición y trabajar de lleno en desatar los nudos que han detenido a nuestro país; es resolver los problemas de fondo para liberar todo nuestro potencial de desarrollo y bienestar.

Gobernar implica tomar decisiones difíciles. Algunas serán comprendidas y hasta populares; muchas otras no, por más necesarias que sean en un momento dado.

Pude haber optado por algo diferente, que conllevase menos complicaciones, pero eso con el tiempo le habría hecho daño al país. Este trabajo se hace por las personas y por amor al país, que son lo mismo.

Son muchos los nudos por desatar y la tarea no es sencilla. Requiere tiempo, paciencia, esfuerzo, y no todos los resultados son inmediatos. Pero lo hemos estado haciendo porque es lo responsable y lo mejor.

Costa Rica logró desatar la parte gruesa del nudo fiscal que estrangulaba la sostenibilidad y la producción, un problema que nos iba a llevar a una crisis, pero conseguimos evitarla.

En obras públicas, se han desatado amarras, se están ejecutando proyectos de gran impacto y otros están por iniciarse este año. Ha habido mejoras claras en los indicadores de seguridad ciudadana, aunque queda camino por recorrer.

El Congreso, a su vez, desamarró el nudo de su reglamento interno, lo cual permite tomar decisiones democráticas más ágilmente y sin bloqueos.

Aun si hoy corriera viento favorable en la economía internacional —que no es el caso— o no tuviéramos los embates climáticos que hemos sufrido, la economía costarricense no tendría capacidad de crecer más allá del 3,5 % o 4 % del PIB. Ese crecimiento y sus condiciones seguirían siendo insuficientes para extender rápidamente el bienestar a la población en todos los rincones.

Lo anterior ocurre porque tenemos fallas, rezagos y exclusión en la educación, así como alta informalidad y poco dinamismo en el mercado laboral. Tenemos rigidez, alto endeudamiento ciudadano y alto costo del crédito en el sistema financiero. Mercados nacionales con poca competencia u oligopólicos encarecen el país. Razones burocráticas y no constructivas atrasan nuestra ambiciosa agenda de inversión pública. Al mismo tiempo, hay mucha ineficiencia y tramitomanía en la cosa pública.

Estas razones inciden en que no baje la pobreza o el desempleo de los niveles estructurales que hemos mantenido durante años.

Acciones para avanzar. En todas esas áreas, promovemos cambios de fondo: algunos ya materializados; otros, en camino. En paralelo a las reformas de fondo, impulsamos una agenda de crecimiento, empleo y reactivación para mover en lo más inmediato nuestra economía, hoy desacelerada, fenómeno que afecta a América Latina en general.

Entre las próximas tareas, cabe destacar la puesta en práctica de las nuevas leyes de teletrabajo y educación dual, las cuales posibilitan el acceso a buenas oportunidades laborales para nuestros jóvenes y, a la vez, potencian la atracción de inversiones y las opciones de trabajo en todas las provincias.

En la agenda inmediata de la CCSS, hay una serie de medidas que procurarán reducir la informalidad y facilitar el crecimiento de las pymes y el empleo.

Agreguemos la modernización institucional de cara al proceso de adhesión a la OCDE, que con el enorme apoyo del Congreso ya fueron aprobadas nueve leyes y registra avances muy significativos en cuatro más, incluidos el fortalecimiento de la competencia para propiciar mejores precios y legislación contra el soborno internacional.

También hay grandes avances en la agilización de Setena, clave para facilitar la inversión y crear más puestos de trabajo, así como otras acciones para simplificar trámites. Otras simplificaciones están en camino.

Se redujo el encaje mínimo legal para la ampliación del crédito de los bancos y se cambió la regulación financiera emitida por el Conassif para flexibilizar la readecuación de deudas.

Se han adecuado programas de financiamiento de vivienda para ampliar el acceso al crédito a familias de clase media que antes no lo tenían, se emitió una directriz de atención prioritaria del sector agropecuario por parte de los bancos y se firmó un decreto para regularizar pozos y dar seguridad jurídica y ambiental a los productores.

También estamos atendiendo las necesidades de modernización de Japdeva y tomando medidas para reducir su planilla con justicia social, y ajustarla a una nueva realidad para desarrollar Limón.

La reforma de la legislación sobre huelgas que ha promovido la Asamblea Legislativa dará mejores herramientas para reducir el efecto en la ciudadanía y los cambios propuestos en el empleo público conseguirán más eficiencia.

Los hechos demuestran que no se ha dejado de avanzar en esos campos, al mismo tiempo que se ha trabajado en consolidar el esfuerzo de fortalecimiento fiscal. Prueba de este compromiso será la disciplina que mostrará el presupuesto del 2020 —como se hizo con el de este año— y nuestro fortalecimiento a los esfuerzos de recaudación y combate de la evasión.

Resistencia al cambio. Si no fuera porque las medidas tomadas tienen efectos reales, ¿qué motivo habría tras la actitud beligerante contra las acciones del gobierno?

Comprendo la frustración de quienes quisieran que fuera más sencillo adoptar medidas tan necesarias y postergadas. Por algo muchas no se habían tomado antes: generan una fuerte reacción de los sectores que se han beneficiado de condiciones financieramente insostenibles para el país.

Hay malestar en grupos de los más desatendidos, y por ellos luchamos, pero la resistencia más fuerte al cambio viene de quienes más holgados han estado. Esa resistencia al cambio no hará que dejemos de desatar nudos, mas es una realidad.

Afrontamos los desafíos con las herramientas que el Estado de derecho nos da. En la resolución de la reciente huelga en la CCSS, no contamos con herramientas legales, como el proyecto de huelgas que se impulsa hoy. No obstante, nos aseguramos de que en la CCSS se cumplan más adelante las reglas establecidas en la Ley de Fortalecimiento Fiscal y que lo que se discuta judicialmente sea solo el mecanismo que debe aplicarse a las anualidades acumuladas antes de la entrada en vigor de dicha ley.

Comprendo a quienes están insatisfechos con esta resolución. Al sopesar los valores en pugna, optamos por minimizar los riesgos para la salud y la vida de miles de personas que ya habían resultado afectadas y de las decenas de miles más a las que perjudicaría una prolongación de la huelga. Gobernar es decidir frente a valores contrapuestos, y a mí me corresponde buscar vías que beneficien a la familia costarricense.

En todo camino que valga la pena, hay dificultades. Al construir una obra, el verdadero cambio implica la incomodidad de transformaciones inmediatas para el disfrute pleno y venidero de los beneficios. Lo que ayuda a superar las dificultades es el compromiso con una causa superior, y, hoy, esa causa es liberar de trabas el potencial de nuestro país para que sea más próspero y de más oportunidades para todas las personas.

Ese es el compromiso que día tras día renuevo y reitero a la inmensa mayoría de los costarricenses de buena voluntad. Desatar los nudos de nuestro bienestar es mi propósito; es mi rumbo.

El autor es presidente de la República de Costa Rica.