Sebastián Edwards. 18 mayo

LOS ÁNGELES– La teoría monetaria moderna (TMM), presentada como un nuevo enfoque en política económica, se ha vuelto un asunto de enorme actualidad y recibe apoyo de influyentes figuras progresistas estadounidenses como el precandidato presidencial Bernie Sanders y la diputada demócrata Alexandria Ocasio-Cortez. Pero los entusiastas de la TMM deberían prestar atención a las lecciones aprendidas en América Latina, donde políticas basadas en ideas similares terminaron inevitablemente en una catástrofe económica.

Según los partidarios de la TMM, la Reserva Federal de los Estados Unidos debería emitir grandes cantidades de dinero para financiar proyectos de infraestructura pública a gran escala y un programa de “trabajo garantizado” para asegurar el pleno empleo. Un gran aumento de la deuda pública (en opinión de los defensores de la TMM) no es peligro alguno para un país que puede endeudarse en su propia divisa (como es el caso de Estados Unidos).

Esta idea no convencional recibió críticas de keynesianos y monetaristas por igual. Para muchos prestigiosos economistas académicos, entre ellos Paul Krugman, Kenneth Rogoff y Larry Summers, es una teoría sin sentido.

En respuesta, los partidarios de la TMM sostienen que los críticos no terminan de comprender el funcionamiento de una economía monetaria moderna. Según influyentes defensores de la TMM como Stephanie Kelton, los gobiernos de países que tienen moneda nacional propia, como Estados Unidos, no están atados a restricciones presupuestarias rígidas porque pueden financiar todo aumento del gasto emitiendo más dinero.

Evaluar los méritos de la TMM es difícil, por dos razones. En primer lugar, sus partidarios no han presentado una descripción detallada y unificada de cómo se supone que funcionaría el modelo. Como escribió hace poco Krugman, los defensores de la TMM “tienden a no ser claros respecto de cuáles son exactamente sus diferencias con las ideas convencionales, y además tienen un fuerte hábito de desestimar de plano todo intento de dilucidar lo que dicen”. Además, no han dado casi ningún indicio sobre los posibles efectos prácticos de esta política, especialmente a mediano y largo plazo.

Sin embargo, no es una idea nueva. La TMM, o alguna versión de ella, se probó en varios países latinoamericanos, entre ellos Chile, Argentina, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Perú y Venezuela. Todos tenían en aquel momento una moneda propia. Sus gobiernos —casi todos ellos populistas— se basaron en argumentos similares a los que usan hoy los partidarios de la TMM para justificar enormes aumentos del gasto público financiados por el banco central. Y todos estos experimentos llevaron a inflación descontrolada, enormes devaluaciones de la moneda local y caídas aceleradas del salario real.

Cuatro episodios en particular son instructivos: Chile, durante el régimen socialista del presidente Salvador Allende entre 1970 y 1973; Perú, durante el primer gobierno del presidente Alan García (1985‑1990); Argentina, con los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner entre el 2003 y el 2015; y Venezuela, desde 1999 con los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

En los cuatro casos se dio una pauta similar. La decisión de las autoridades de financiar un déficit fiscal cuantioso creando dinero fue seguida en lo inmediato por una bonanza económica. Los salarios aumentaron —con ayuda de un alza sustancial del salario mínimo— y disminuyó el desempleo. Pero al poco tiempo, se manifestaron restricciones y los precios se dispararon, llegando, en algunos casos, a tasas hiperinflacionarias. La inflación llegó al 500 % en Chile en 1973, a alrededor del 7.000 % en Perú en 1990, y se prevé que llegue a casi 10 millones % en Venezuela este año. Por su parte, Argentina tuvo una inflación más contenida, pero aun así muy alta, con un promedio del 40 % en el 2015.

Las autoridades respondieron con controles de precios y salarios y con políticas proteccionistas inflexibles. Pero los controles no funcionaron, y a la larga la producción y el empleo se derrumbaron. Peor aún, en tres de estos cuatro países, el salario ajustado por inflación cayó marcadamente durante el experimento de tipo TMM. En los períodos en cuestión, el salario real disminuyó un 39 % en Chile, un 41 % en Perú y más del 50 % en Venezuela, lo que afectó, sobre todo, a los pobres y a la clase media.

En todos los casos, el banco central estaba bajo control de los políticos, y los resultados eran predecibles. En Chile, la oferta monetaria creció un 360 % solo en 1973, lo que ayudó a financiar un déficit fiscal equivalente a un asombroso 24 % del PIB. En Perú (1989), el crecimiento monetario fue del 7.000 %, y el déficit fiscal superó el 10 % del PIB. En Argentina (2015), el déficit fue del 6 % del PIB, y el ritmo anual de creación de dinero superó el 40 %. Venezuela tiene hoy un déficit del 32 % del PIB, y se calcula que la oferta monetaria está creciendo a un ritmo anual superior al 1.000 %.

A la par del aumento de la inflación en estos países, la población redujo en gran medida sus tenencias de la divisa local. Pero como los gobiernos la exigían para el pago de impuestos, no desapareció del todo; en cambio, hubo un drástico aumento de la velocidad a la que el dinero cambiaba de manos (lo que los economistas llaman “velocidad de circulación”). Nadie quería conservar dinero impreso que perdía el 20 % o más de su valor cada mes.

Cuando la demanda de dinero se derrumba, los efectos del crecimiento monetario sobre la inflación se amplifican, y se establece un círculo vicioso. Una consecuencia grave es que la moneda se devalúa rápidamente en los mercados internacionales. Los partidarios de la TMM pasan convenientemente por alto el simple hecho de que la demanda de moneda local disminuye drásticamente cuando cae su valor. Sin embargo, es posible que esta sea una de las mayores debilidades de la teoría, que vuelve su ejecución extremadamente peligrosa en cualquier país.

La experiencia de América Latina debería ser una clara advertencia para los entusiastas actuales de la TMM. En una variedad de países, y en tiempos muy diferentes, la expansión fiscal financiada con emisión monetaria terminó en una desestabilización económica incontrolable. Las ideas de política económica suelen ser tan peligrosas en la práctica cuando son defectuosas en la teoría, y la TMM puede ser buen ejemplo de ello.

Sebastián Edwards: es profesor de Economía Internacional en la Escuela Anderson de Posgrado en Gestión de la Universidad de California en Los Ángeles. Su libro más reciente se titula “American Default: The Untold Story of FDR, the Supreme Court, and the Battle over Gold” [El ‘default’ de Estados Unidos: la historia no contada de FDR, la Suprema Corte y la batalla por el oro].

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