Mary Fitzgerald. 27 abril

LONDRES– Los esfuerzos rusos por influir en las elecciones europeas han recibido mucha atención de los medios. No puede decirse lo mismo de la interferencia por parte de grupos cristianos conservadores en Estados Unidos, algunos vinculados con la administración del presidente, Donald Trump, y su exasesor Stephen Bannon.

Como ha revelado un informe reciente de openDemocracy, la derecha religiosa de Estados Unidos ha gastado por lo menos $50 millones en campañas de “dinero oscuro” y activismo en Europa en los últimos diez años. Sin embargo, a pesar de los motivos obvios de preocupación por la integridad de las elecciones del Parlamento Europeo del mes próximo, casi toda la atención ha estado depositada en el Kremlin.

El apoyo de la derecha religiosa de Estados Unidos a las campañas contra el aborto legal, los derechos LGBT, la educación sexual y otras causas en África y América Latina ha estado bien documentado a lo largo de los años. Pero la magnitud de su activismo en Europa es algo nuevo. En el primer análisis de su tipo, openDemocracy examinó los registros financieros de las principales organizaciones cristianas norteamericanas y descubrió que varias han venido incrementando su gasto en Europa de manera significativa.

Entre los mayores aportantes, el Centro Estadounidense por el Derecho y la Justicia, que repartió $12 millones de dólares entre el 2008 y el 2017, menciona como su principal asesor a Jay Sekulow, uno de los abogados personales de Trump. De la misma manera, el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad, que gastó $1,7 millones en ese período, ha trabajado con el polémico Instituto Dignitatis Humanae respaldado por Bannon fuera de Roma.

El mayor aportante de todos parece ser la Asociación Evangelista Billy Graham, que gastó $20 millones del 2008 al 2014 (el último año del que se tienen registros sobre esta organización). El líder del grupo, Franklin Graham, recientemente viajó a Rusia para reunirse con funcionarios del Kremlin que actualmente son objeto de sanciones de Estados Unidos. Según Graham, su viaje contó con la plena aprobación del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

Ninguno de estos grupos radicados en Estados Unidos revela la identidad de sus donantes. Pero se sabe que por lo menos dos tienen vínculos con multimillonarios conservadores famosos, entre ellos los hermanos Koch y la familia de la secretaria de Educación de Trump, Betsy DeVos. Al igual que Bannon, todos guardan diferentes grados de sospecha, cuando no una hostilidad manifiesta, por los valores fundamentales de la Unión Europea, incluido el respeto por los derechos humanos universales.

Hace unas semanas, representantes y seguidores de muchos de estos grupos se reunieron con políticos de extrema derecha de Europa en el Congreso Mundial de Familias (WCF) en Verona, Italia. La lista de oradores incluía a Matteo Salvini, el vice primer ministro de Italia y líder del partido de extrema derecha Liga, quien elogió al WCF por mostrar “la Europa que nos gusta”. Entre los “organizadores” estaba un grupo antiabortista italiano vinculado con el partido neofascista Forza Nuova.

En los últimos diez años, el WCF, fundado por la Organización Internacional para la Familia (anteriormente el Centro Howard para la Familia, la Religión y la Sociedad, con sede en Rockford, Illinois) ha organizado por lo menos siete grandes reuniones en Europa. A sus encuentros han asistido cientos de activistas religiosos conservadores y una creciente lista de estrellas de extrema derecha, entre ellas el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que inauguró la reunión del WCF del 2017 en Budapest.

La ofensiva del WCF en Europa no es accidental. Según las últimas declaraciones de impuestos de la Organización Internacional para la Familia, sus directores incluyen a un activista español ultraconservador vinculado al partido Vox de extrema derecha, a un socio cercano de un oligarca ruso que ha patrocinado otras reuniones de líderes de extrema derecha europeos y a un político italiano que enfrenta cargos de corrupción en su país.

Por supuesto, los temores en torno a la “interferencia externa” de potencias hostiles (concretamente, Rusia) no son nada nuevos en Europa (aunque se han agudizado ahora que el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, prácticamente admitió que no puede controlar cómo se utiliza su plataforma). Pero hoy los europeos también tienen que preocuparse por grupos activistas en Estados Unidos que ocultan sus fuentes de financiamiento.

Luego de divulgarse el informe de openDemocracy, un grupo multipartidario de 40 europarlamentarios envió una carta al Consejo Europeo, a la Comisión Europea y al Parlamento Europeo exigiendo que se tomaran más medidas para proteger las inminentes elecciones “contra influencias externas nefastas”. De particular preocupación, escriben, es “la cuestión específica de los fundamentalistas cristianos de Estados Unidos”, cuya participación cada vez mayor en Europa “debe tratarse como una cuestión de urgencia”.

Sin embargo, se trata de una cuestión difícil de abordar porque los diferentes Estados miembro de la UE tienen diferentes reglas para garantizar la transparencia financiera en las elecciones, y por parte de las campañas políticas y las ONG. Aun así, exigir que todas las organizaciones que hacen lobby en Bruselas declaren sus fuentes de financiamiento en el registro de transparencia de la UE sería un buen comienzo, siempre que haya medidas en vigor para impedir que organizaciones políticas se oculten detrás de grupos de fachada.

La unión Europea también necesita reglas más estrictas para las plataformas sociales, que deberían respetar los mismos estándares de transparencia que los grupos de lobby. Todo anuncio político que se publique online debería estar acompañado de un mensaje claro y preciso referido a su origen y financiamiento.

En respuesta a las conclusiones de openDemocracy, Neil Datta, del Foro del Parlamento Europeo sobre Población y Desarrollo, afirma que “a esos grupos fundamentalistas les llevó 30 años llegar adonde están hoy en la Casa Blanca”. Ahora, teme que una campaña similar en Europa “esté sucediendo incluso más rápido y en una escala mayor de lo que muchos expertos podrían haber imaginado alguna vez”.

La UE enfrentará desafíos internos y externos sin precedentes en los años por delante y el resultado de la inminente elección del Parlamento Europeo bien podría determinar el destino del bloque. Por ello, los líderes europeos se concentran en impedir o neutralizar las maquinaciones rusas. Desafortunadamente, hacen la vista gorda a otro actor externo que no tiene buenas intenciones para el futuro de Europa.

Mary Fitzgerald: es editora jefa de openDemocracy.

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