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Página quince: Costa Rica necesita ahorro, no deuda

Las tasas de ahorro privado y público decrecen mientras el Gobierno Central sigue pidiendo préstamos para costear la imparable elevación del gasto

Para que la economía crezca entre un 5 % y un 6 % anual, es preciso incrementar el ahorro interno y la formación bruta de capital fijo (FBCF).

Los países asiáticos son un modelo por su cultura de ahorro, orden, disciplina, planificación, esfuerzo, respeto y visión a largo plazo. Solo si se trabaja con valores de solidaridad, productividad, responsabilidad y voluntad, el país saldrá del problema económico.

Aumentar en tamaño e ineficiencia el Estado es insostenible. Las tasas de ahorro privado y público decrecen mientras el Gobierno Central sigue pidiendo préstamos para sufragar la imparable elevación del gasto ordinario.

La colocación de bonos de deuda externa y los préstamos de los organismos internacionales han sido empleados para atender parte de la deuda pública externa, no para promover la inversión en capital fijo, que es clave para mejorar nuestra raquítica competitividad, básica para un desarrollo sostenible.

La inversión siempre impulsa el desarrollo, pues resulta en mayor capacidad productiva. Los gobiernos, y el actual no es la excepción, han usado el ahorro externo para desarrollar gran parte de la infraestructura, comprometiendo así la sostenibilidad a largo plazo.

Cambio de modelo. De 1950 a 1980 el país registró crecimiento económico, pero también cuantioso endeudamiento y expansión del gasto, al alero de un modelo proteccionista, dependiente de pocos productos de exportación y un pequeño mercado interno y centroamericano.

Rodrigo Carazo, en lugar de ordenar la Hacienda pública, siguió el camino del engorde del gasto público hasta lanzar al país a una grave crisis financiera que duplicó el desempleo y se produjo desabastecimiento, hiperinflación, una violenta devaluación, crecimiento de la pobreza, abandono de la educación y una contracción económica.

Luis Alberto Monge inició la apertura comercial y redujo el aparato estatal. Con su primer ajuste estructural alcanzó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, con el apoyo del gobierno de Estados Unidos, se estabilizó la economía, las exportaciones se diversificaron, la represión financiera acabó y la inversión extranjera vivió un auge.

Apertura y apoyo. La firma de tratados de libre comercio con los Estados Unidos, Europa, China y decenas de naciones más posibilitaron la operación actual de unas 2.249 empresas exportadoras hacia 149 países.

Como mínimo 4.190 bienes y productos son vendidos en el extranjeros, lo que se traduce en $11.600 millones en productos y $5.367 millones en servicios, cifras que estabilizaron la balanza de pagos y contribuyen, parcialmente, a mitigar la caída de divisas en el sector turístico.

Del 2009 al 2019 la tasa de inversión de capital creció en Costa Rica, en promedio, un 19 %, muy inferior a Vietnam (28 %), Indonesia (33,7 %) y China (34 %), que tomaron decisiones acertadas respecto a cómo mejorar la productividad. Es necesario comprender que el ahorro nacional es fundamental para esto último.

Economizar es el secreto del desarrollo futuro. Solo en un país donde se fomenta el ahorro a largo plazo se consigue activar el círculo virtuoso para mantener el crecimiento. Endeudarse no es el camino para Costa Rica.

Carecer de una situación fiscal sana en esta crisis pasa una cara factura. Para el 2022 difícilmente habrá recursos para infraestructura, debido al alto riesgo de la deuda pública, que supera el 70 % del PIB, y eso conlleva el pago de elevados costos financieros.

Solo si se le pone fin a la fiesta de gastos en salarios y pensiones, la recaudación fiscal crece y el Estado gigantesco e ineficiente se reestructura, habrá para la inversión en proyectos prioritarios.

El ahorro mejora la inversión pública y complementa la privada. Para ser más competitivos y atraer inversión privada, el país requiere conectividad, infraestructura vial y portuaria de óptima calidad y salud, agua y electricidad asequibles.

Después de la caída económica del 2017 al 2020, las necesidades de inversión a largo plazo con ahorro nacional no se satisficieron y el gobierno recurrió a préstamos con organismos internacionales, inversión extranjera directa (IED), banca internacional, bonos y banca. El promedio de ahorro del sector público del 2015 al 2019 es un -2,3 % y la situación debe revertirse.

IED estratégica. Entre el 2009 y 2019 el ahorro externo promedió $4.131 anuales y la inversión extranjera directa (IED) aportó $2.300 millones, constituyéndose en pieza angular del desarrollo y la fuente más estratégica para la creación de empleo y exportaciones.

La inversión está concentrada en la industria manufacturera, el sector inmobiliario y los servicios. La IED mundial cayó un 42 % en el 2020, un 30 % más bajo que el mínimo de inversión seguida de la crisis del 2008-2009 y se prevé que los flujos de IED tiendan a debilitarse si la pandemia no es controlada.

Es de esperar que la IED a lo largo de este año provenga no solo de nuevas inversiones, sino también de fusiones y adquisiciones, especialmente en las industrias médica y tecnológica.

Para el 2021 alcanzaría $2.328 millones (un 4 % del PIB), es decir, una recuperación del 20 % si hay mayor estabilidad, confianza y apoyo.

Las zonas francas representaron el 57 % de la IED recibida en el 2020 y el 67 % del 2019. Si bien el flujo de capitales en el 2020 se contrajo, las reinversiones de utilidades siguen siendo muy relevantes en las zonas francas.

En promedio, Estados Unidos representa el 60 % de la IED, y la mayoría va a la manufactura y los servicios. Durante la pandemia las multinacionales —tan atacadas por algunos señores que no comprenden contra quien se está luchando en este mundo globalizado— han aportado más empleos, compra de servicios, encadenamientos con las pymes nacionales, conocimiento sobre buenas prácticas y productividad.

Fueron el motor de las exportaciones y las ganadoras en un mercado mundial caracterizado por estrictos estándares de calidad.

El país debe fomentar el ahorro interno y mejorar la productividad y el rendimiento de todas las inversiones.

Utilizar los recursos externos públicos para pagar remuneraciones es el camino incorrecto.

jorgewgm@gmail.com

El autor es ingeniero.