Ekaterina Kotrikadze. 6 noviembre, 2020

MOSCÚ– Por generaciones, la televisión ha ocupado un lugar prominente en los hogares rusos. Para muchos, relajarse viendo las noticias tras un largo día de trabajo es una rutina cotidiana.

Se puede gritar a la cara de quienes estén en pantalla y, sin embargo, la gente sigue pegada a ella. En la era soviética, las estaciones mentían descaradamente en los seis canales; hoy mienten con más descaro todavía, y en muchos más canales.

De hecho, la Rusia del siglo XXI tiene apenas un canal de televisión liberal independiente: mi empleador, Dozhd TV, que ha sido excluido de los principales paquetes de televisión por cable debido a la presión de las autoridades.

Como resultado, muchos rusos no pueden acceder a nosotros y acaban por recurrir a lo que haya disponible, muy a sabiendas del total descrédito de los “expertos” y funcionarios que aparezcan allí.

Lo hacen por una mezcla de hábito, inercia y desidia, y es posible que sigan haciéndolo por un largo tiempo.

Pero incluso en condiciones de censura generalizada e incesante propaganda, gracias a la Internet hay algunos avances promisorios en el periodismo ruso.

El país se está dividiendo cada vez más entre dos realidades paralelas: la postsoviética ya conocida y otra generada por YouTube, en que es posible ver transmisiones en directo de manifestaciones y protestas, investigaciones en profundidad sobre la corrupción oficial y entrevistas con personas que están en la lista negra de los canales televisivos estatales.

En estas circunstancias, cuando el periodismo serio no solo sobrevive, sino que prospera en línea, poco a poco las autoridades rusas se están dando cuenta de que deben afrontar las consecuencias en la vida real de este nuevo mundo virtual.

Un ejemplo es el caso de Sergéi Furgal, que en el 2018 ganó inesperadamente las elecciones gubernamentales de la ciudad de Jabárovsk, en el extremo oriente del país, a pesar de no estar vinculado al partido gobernante, Rusia Unida.

En los dos años transcurridos desde entonces, el Kremlin buscó neutralizarlo y lo acusó de varios asesinatos cometidos en el 2004 y el 2005.

Para gran sorpresa de las autoridades, el arresto de Furgal produjo manifestaciones masivas en Jabárovsk y muchas otras ciudades.

Aunque las protestas recibieron solo cobertura limitada en los canales de televisión estatales, las noticias sobre ellas se propagaron velozmente por las redes sociales y YouTube, que apunta a un público más joven e interesado en política.

A diferencia de la era soviética, cuando los periodistas en las pantallas no podían escuchar las reacciones de la audiencia, aquellos que reporteaban desde las manifestaciones leían los comentarios y respondían a la demanda de los televidentes.

Si bien quienes protestaban en Jabárovsk estaban lejos de otros centros poblados, sabían muy bien que eran observados y apoyados por millones de personas en toda Rusia.

Antes de que YouTube transformara la política rusa, muchos periodistas locales habían comenzado a perder toda esperanza de ejercer su profesión.

Entendían que había que optar entre producir propaganda estatal o sortear los riesgos de desarrollar un periodismo genuino de interés público. Si escogían esto último, las autoridades harían lo que pudieran para causarles la ruina financiera.

Pero con YouTube se puede hacer dinero real ejerciendo un periodismo genuino. Alekséi Pivovarov, exestrella de la televisión estatal, dejó ese mundo a mediados de la década de los años diez para lanzar Editorial en YouTube, en el 2018.

El canal ofrece hoy una cobertura seria de temas nacionales de gran importancia, siguiendo todos los principios del periodismo a la vieja usanza, con imágenes de alta calidad, reporteo en terreno y entrevistas con partidos sobre todos los ángulos de un tema en particular.

Puesto que tal contenido estuvo ausente en la televisión rusa por mucho tiempo, estos canales en línea han atraído rápidamente a millones de televidentes, lo que se traduce en millones de rublos en publicidad.

Es más, la popularidad de los medios independientes en YouTube desmiente el mito de que a los rusos no les importa la política.

Las figuras de YouTube se han adaptado raudamente para ampliar sus audiencias. Por ejemplo, Yuri Dud, un antiguo periodista deportivo, ha cultivado un público numeroso, apasionado e intelectualmente curioso.

Partió entrevistando a raperos y anfitriones de programas de conversación, y ahora también cubre a políticos y otras figuras.

Dud ha tenido grandes éxitos con lo que alguna vez parecían historias condenadas al fracaso. Por ejemplo, sus videos sobre el VIH en Rusia, la represión bajo el régimen de Stalin y el ataque terrorista del 2004 a la escuela de Beslán han cosechado decenas de millones de visionados.

Lo que es igualmente importante es que en su público no predominan los grupos de intelectuales liberales urbanos, sino escolares y estudiantes.

Dud sabe cómo interesar en línea a los jóvenes y les ha ido contando a los menores de 30, supuestamente apolíticos, lo que realmente ocurre en su país.

Entre los mayores logros de los nuevos medios se encuentra la cobertura del caso del principal líder de oposición ruso, Alexéi Navalni, cuyo nombre la televisión estatal rusa hasta hace muy poco ni siquiera mencionaba.

En agosto, fue envenenado con el agente nervioso novichok para después ser llevado en avión a Berlín donde recibió tratamiento médico.

Recién entonces los medios estatales rusos comenzaron a reconocer su existencia, refiriéndose a él como “el paciente de Berlín”, “el vándalo de la Internet” y solo un “bloguero”.

Por supuesto, Navalni había estado marginado de la televisión desde hacía mucho tiempo, pero ese ya no es un problema. Hace poco concedió a Dud una entrevista desde Berlín y el video alcanzó a ser visto por unos 15 millones de personas a los pocos días de transmitirse.

Ya no hay ninguna duda de que YouTube se ha convertido en la principal plataforma de periodismo político en Rusia. Y, a diferencia de la televisión estatal, sus voces principales no pueden hacer un trabajo chapucero ni cometer errores sin arriesgarse a perder televidentes (y, con ellos, su oportunidad de alcanzar fama y fortuna).

Obviamente, la gran pregunta es cuánto tiempo estos canales en línea podrán seguir abiertos. Tal como están las cosas, quienes toman las decisiones de peso en la era postsoviética todavía subestiman el poder de YouTube, o bien lo conocen y están conscientes de que una prohibición directa haría que la gente se lance a protestar en las calles a una escala nunca antes vista en la historia de la Rusia moderna.

Rusia no es Corea del Norte, sino cuna de una generación valiente y libre que cada vez se molesta menos en ver la televisión estatal.

Y una creciente cantidad de rusos mayores han empezado a seguir esa misma pauta. Eso es especialmente importante hoy, cuando la mayoría de los aparatos de televisión se pueden conectar a la Internet, donde les espera una realidad nueva y más acorde con los hechos.

Ekaterina Kotrikadze: es corresponsal y presentadora en Dozhd TV, la única red noticiosa independiente que queda en Rusia.

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