Jeffrey D. Sachs y Angelo Riccaboni. 6 octubre

NUEVA YORK– Alimentar a un planeta habitado por 7.700 millones de personas no es tarea fácil. Toda persona en el planeta necesita, espera y tiene derecho a una dieta saludable. Todo agricultor necesita, espera y tiene derecho a una vida digna. Las aproximadamente 10 millones de otras especies en el planeta necesitan un hábitat donde puedan sobrevivir. Cada negocio que produce, procesa y transporta alimentos necesita y espera obtener ganancias.

Esta es una tarea de grandes proporciones y no se la está cumpliendo. Más de 820 millones de personas sufren hambre crónica. Otros 2.000 millones padecen deficiencias de micronutrientes, como, por ejemplo, sufren por falta de vitaminas o proteínas. Alrededor de 650 millones de adultos son obesos, epidemia causada, en parte, por alimentos ultraprocesados rellenos de azúcar, grasas saturadas y otros aditivos químicos.

El compromiso de la industria alimentaria con la sostenibilidad sigue siendo con demasiada frecuencia un sentimiento más lleno de buenas intenciones que de informes y el monitoreo con relación a garantizar la alineación con los ODS y el Acuerdo de París.

Sin embargo, los problemas van mucho más allá del hambre y la dieta. Las prácticas agroindustriales son la causa principal de la deforestación, el agotamiento y la contaminación del agua dulce, la erosión del suelo y el colapso de la biodiversidad.

Para colmo, el cambio climático inducido por el hombre y, parcialmente causado por el sector alimentario, está haciendo estragos en la producción de cultivos. Debido a que en el futuro habrá un mayor calentamiento y crecimiento demográfico, la crisis empeorará a menos que se efectúen cambios decisivos.

La industria alimentaria es una fuerza motriz de la economía global e incluye algunas de las marcas más conocidas porque nos conectamos con ellas todos los días. Resolver las muchas crisis alimentarias que se entrecruzan será imposible a menos que la industria cambie sus maneras de actuar.

Afortunadamente, hay una luz de esperanza. Una cantidad creciente de compañías de alimentos comprende el desafío y quiere forjar una nueva dirección consistente con la salud humana y la supervivencia planetaria. Algunos de estos líderes de la industria, convocados por la Barilla Foundation, nos han pedido que ayudemos a identificar los pasos necesarios para alinear el sector alimentario con el desarrollo sostenible.

Nuestro punto de partida es otra fuente de esperanza. En el 2015, los 193 miembros de las Naciones Unidas concertaron por unanimidad dos acuerdos vitales. El primero, denominado la Agenda 2030, adopta 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como una hoja de ruta hacia el bienestar humano y la seguridad planetaria. El segundo, el Acuerdo de París, compromete a los Gobiernos del mundo a tomar medidas decisivas para mantener el calentamiento global a menos de 1,5 ºC. Tanto los ODS como el Acuerdo de París requieren cambios decisivos en las prácticas de la industria alimentaria.

En nuestro informe, hacemos un llamamiento a todas las empresas del sector alimentario, tanto productores como distribuidores, para que adopten directrices, métricas y estándares de informes que sean claros, con el propósito de que se alineen con los objetivos globales. Específicamente, cada empresa debe tratar cuatro preguntas cruciales.

El sector alimentario es una parte clave de un panorama más amplio. Las autoridades deben tener presente un hecho crucial: los habitantes del mundo están exigiendo cambios.

En primer lugar, ¿contribuyen los productos y estrategias de las empresas a dietas saludables y sostenibles? Sabemos que la cultura de la comida rápida nos está, literalmente, matando. La industria debe cambiar, urgentemente, para promover dietas saludables.

En segundo lugar, ¿son sostenibles las prácticas de producción de la empresa? Demasiadas empresas se encuentran embarcadas en prácticas que causan contaminación química, producen grandes cantidades de residuos debido a los envases, causan deforestación, usan de manera mal dirigida y excesiva fertilizantes, y causan otros males ambientales.

En tercer lugar, ¿son sostenibles los proveedores de la empresa que se encuentran upstream? Ninguna empresa de alimentos de consumo debe utilizar productos de granjas que contribuyan a la deforestación. La destrucción de los bosques en la Amazonia e Indonesia —literalmente un proceso de tala y quema— subraya la necesidad de otorgar códigos de barras a todos los productos alimenticios para garantizar que proceden de granjas sostenibles.

Por último, ¿es la empresa un buen ciudadano corporativo? Por ejemplo, deben evitarse las prácticas fiscales que buscan explotar vacíos legales o procesos de observancia que sean débiles, ya que privan a los Gobiernos de los ingresos necesarios para promover los servicios públicos y, de ese modo, alcanzar los ODS.

Como parte de nuestro trabajo, examinamos las prácticas actuales de presentación de informes de la industria alimentaria. Si bien muchas empresas pretenden ir tras la consecución del desarrollo sostenible, muy pocas informan sobre cuán saludables son sus líneas de productos o en qué forma sus productos contribuyen a patrones dietéticos saludables y sostenibles.

Muy pocas empresas reconocen que son parte de la crisis ambiental, ya sea directamente, debido a su propia producción o como compradores de productos producidos en puntos críticos ambientales como el Amazonas o Indonesia.

Las empresas no informan con detalle sobre sus prácticas fiscales. En resumen, el compromiso de la industria alimentaria con la sostenibilidad sigue siendo con demasiada frecuencia un sentimiento más lleno de buenas intenciones que de informes y el monitoreo con relación a garantizar la alineación con los ODS y el Acuerdo de París.

Pero no somos pesimistas. En todo el mundo, los jóvenes exigen una forma sostenible y segura de vivir y hacer negocios. Creemos que las empresas también cambiarán. Al fin y al cabo, necesitan clientes satisfechos, trabajadores motivados y el respeto de la sociedad a sazón de una tácita “licencia para hacer negocios”.

Algunos de los casos que analizamos nos dan la esperanza de que el cambio es posible. A medida que nuestro proyecto continúe en el próximo año, con el objetivo de trabajar con la industria para garantizar que el rendimiento, los informes y el monitoreo estén alineados con el desarrollo sostenible, mantendremos al público informado de lo que vemos y aprendemos.

El sector alimentario es una parte clave de un panorama más amplio. Los líderes mundiales se reunieron en la ONU para revisar el progreso, o la falta de progreso, con relación a los ODS y el Acuerdo de París. Deben tener presente un hecho crucial: los habitantes del mundo están exigiendo cambios. Tenemos los conocimientos y la riqueza para lograr un mundo próspero, inclusivo y sostenible.

El sector empresarial debe reconocer, tomar conciencia y actuar con urgencia con respecto a sus responsabilidades globales.

Jeffrey D. Sachs: es director de la Sustainable Development Solutions Network (SDSN) y director del Center for Sustainable Development en la Universidad de Columbia.

Angelo Riccaboni: es presidente del Santa Chiara Lab en la Universidad de Siena y presidente de la PRIMA Foundation.

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